Los juegos vinculantes: sobre la exposición "Una costumbre" de Nadia Arce
Entre resina y tinta, la joven escultora peruana Nadia Arce Cerna crea obras que cuestionan el cuerpo, la memoria y los vínculos, apostando por lo sensorial en un mundo donde predomina lo digital.

Escribe: Leyla Aboudayeh*
En la escena del arte peruano emergente, el nombre de Nadia Arce Cerna empieza a resonar. No es común encontrar artistas tan jóvenes con una visión tan clara de su práctica y su lugar en la escena. A sus 22 años y aún estudiante de escultura, su obra ya ha captado la atención de coleccionistas fuera del país, algo poco común en artistas que aún no han egresado. Su producción artística transita entre lo físico y lo digital, aunque, actualmente, su interés está enfocado en lo tangible. En su más reciente muestra en Casa Fugaz, Una costumbre, son sus esculturas en resina y sus dibujos los que marcan el pulso de su propuesta.
Sus piezas escultóricas exploran los vínculos humanos desde una perspectiva que no es pesimista, pero sí incisiva. “Una costumbre” representa relaciones codependientes, esos lazos que con el tiempo se vuelven tan apretados que terminan limitando a quienes los conforman. En sus palabras, la obra puede leerse también como la creación de un ente propio, un “ser monstruoso” que existe más allá de sus partes individuales. “Juegos de mesa”, por otro lado, juega con la maleabilidad del material para evocar dinámicas relacionales en las que el control, la competencia y la repetición definen los intercambios humanos.
El uso de la resina no es casual. Arce Cerna encuentra en este material una plasticidad que le permite deformar la anatomía y construir imágenes con una fuerte carga simbólica. Se siente cómoda con la materialidad, mencionando que trabajar con resina es para ella una experiencia similar a jugar con plastilina y recortes. Aunque está abierta a incorporar nuevas tecnologías en el futuro, por ahora su interés sigue enfocado en la sensación de modelar, de dar forma con las manos. Su proceso recuerda a la versatilidad de artistas como David Altmejd, cuyas esculturas desafían la representación figurativa tradicional al jugar con lo fragmentario y lo orgánico, o a la obra de Johanna Hamann, con su exploración de la fragilidad del cuerpo. Además, la poesía ha sido una influencia importante en su mirada artística, algo que se traduce en la forma en que aborda la expresión corporal y simbólica en su obra.

Nadia Arce. Foto: Difusión.
En paralelo, sus dibujos en tinta sobre cartulina revelan una faceta más íntima, pero igualmente crítica. En obras como “A cuclilla” y “Charco”, la presencia del cuerpo es recurrente, pero siempre en situaciones de tensión o incomodidad. Estas imágenes parecen capturar momentos de pausa o resistencia dentro de un mundo que no se detiene. Su trazo suelto, a ratos casi impulsivo, dialoga con su visión del arte como un espacio de reflexión sobre lo que nos rodea.
“Me interesa el tema de la memoria, de cómo ciertos momentos quedan marcados en el cuerpo y en la mente”, comenta la artista. Su trabajo no solo documenta experiencias, sino que igualmente las transforma en símbolos visuales de vivencias compartidas. En este sentido, su obra se acerca a la idea de memoria colectiva que desarrolla Maurice Halbwachs, quien plantea que la construcción del recuerdo siempre es un acto social.
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*Directora de Casa Fugaz y fundadora de Vocablo del arte (vocablodelarte.com).