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Un clásico de la novela negra en español: “Crónica sentimental en rojo” de Francisco González Ledesma

“Crónica sentimental en rojo” de Francisco González Ledesma es un clásico de la novela policial y negra en español. En ella, se nos presenta a Ricardo Méndez, un policía que no necesariamente es fan de los protocolos de investigación:

Francisco González Ledesma. Foto: Retrocamino Tales.
Francisco González Ledesma. Foto: Retrocamino Tales.

Gracias a su destacada labor, al viejo policía Ricardo Méndez se le ha designado vigilar las playas de Barcelona. Méndez es un escéptico, piensa que su trabajo no es respetado por el oficialismo policial, pero sí valorado por los policías de a pie. Sus métodos de investigación son una cachetada a los protocolos policiales. Para él, la única manera de llegar a la verdad, a la solución, es por medio de la incorrección. Para Méndez todo vale.

“En realidad había sido un premio para él, lo sabía. Por primera vez en este siglo, Méndez había despertado entre sus compañeros, sin saber cómo, oleadas de solidaridad. Fuese porque estaba demasiado blanco o demasiado débil, o porque olvidaba las colillas dentro de los vasos de whisky de los amigos o porque las ladillas –decía- ya le asomaban por los bordes de la corbata, a Méndez le fue ofrecido un servicio lleno de las tres cosas que hacen más feliz al funcionario hispano: sol, vagancia y mujeres en sazón”.

Estamos a inicios de los años ochenta del siglo pasado, España atraviesa los fuertes cambios del proceso de la transición. Los círculos de poder, sean religiosos, económicos y políticos, luchan por lo poco que les queda de las prerrogativas que gozaron durante el franquismo. Tarde o temprano, estos nuevos vientos también afectarán la vida de Méndez, que, dicho sea, tiene todo para jubilarse y llevar una vida tranquila, muy ajena a sus andadas nocturnas por los barrios más peligrosos de Barcelona. Sin embargo, él es un policía a la vieja usanza, un hombre que cree en la mística de la justicia, por eso, ni siquiera el supuesto premio que se le ha dado en los núcleos de vigilancia de playas hará que tramite sus documentos de jubilación.

En este trabajo de verano y cuerpos semidesnudos, lo único que debe hacer es reportar, nada más. Para su comodidad, establece su oficina en el bar Can 60, en donde tiene los adminículos necesarios para ejercer sin contratiempos su labor: cervezas y cigarros. Por otra parte, para él las mejores fuentes de información siempre llegarán a los bares. En el Can 60 tiene una mesa estratégica que le ofrece un panorama privilegiado de los veraneantes en las playas, pero de todos ellos solo una mujer llama su atención. Esta mujer es la jueza Olvido Montal, quien aparte de sacar provecho de su departamento frente al mar, es la encargada jurídica de velar la herencia de Óscar Bassegoda, quien en vida fue un influyente y acaudalado empresario.

Cierta tarde, la jueza Olvido, luego de tostar su piel en la playa, encuentra en su departamento el pecho de una niña. Como es de esperarse, la jueza se conmociona, le es imposible mantener templanza ante un suceso como este, pese a que a lo largo de su carrera no pocas veces ha tenido que hurgar en asesinatos.

Aprovechando el hallazgo del pecho de la niña, Méndez no demora en flirtear con la jueza. Las investigaciones siguen su proceso y muchas hipótesis se tejen alrededor del pecho encontrado. Cierta tarde, Olvido le pide a Méndez que la acompañe a una de las propiedades vacías de Bassegoda, puesto que desea mostrarle uno de los cuadros del empresario. Dicho cuadro sí sorprende a Méndez, el cual se inspira en Nuria Bassegoda, hermana del difunto empresario, a la que le falta, vaya coincidencia, un pecho.

La fortuna de Bassegoda tiene cuatro herederos: Blanca Bassegoda (su hija), Eduardo Contreras (su yerno), Dani Ponce (primo y examante de su hija) y Carlos Bey, el elegido a repartir el dineral.

A primera impresión, resulta nula la relación que pueda existir entre el pecho de la niña y la carencia de pecho de la mujer del cuadro, pero no por nada Méndez ha sabido desarrollar una acuciosa mirada que le permite detectar huellas/indicios en la confluencia de sangre, dinero y sexo, detalles que para el viejo zorro no pueden ser asumidos como hechos aislados, sino más bien como una coraza/trampa que esconde un “algo más”.

Méndez ata cabos, reúne información en las que aparecen ciertos personajes: un exboxeador, y amigo suyo, que acaba de salir de la cárcel, a quien se le ofrece el trabajito de ser el guardaespaldas de una millonaria que desea librarse de los enfermizos acosos de su exesposo; un periodista irresponsable que lo sabe todo y que le mantiene al corriente de las idas y vueltas que rodean a los beneficiados de la herencia de Bassegoda; el dueño de una galería de arte a quien chantajea con su pasado delictivo a condición de que le brinde ayuda.

Crónica sentimental en rojo, del barcelonés Francisco González Ledesma (1927 – 2015), es una estupenda novela. El autor no la hace difícil, respeta el canon del policial y por conocerlo eleva su novela a otra dimensión gracias a la sólida configuración moral de sus personajes, con los que arma un mural social de época (componente de la novela negra).

Toda novela negra/policial yace en los personajes, no en el crimen, ni en el enigma. Destaquemos también el corrosivo humor que destila Méndez en cada una de sus interpelaciones, casi siempre guiadas por sus inquietudes/traumas personales, las mismas que lo han ayudado a mantenerse por muchos años en un oficio que ama y odia a la vez: ¿por qué la gente actúa así?, ¿por qué pasan estas cosas?

Esta obra maestra ganó en 1984 el Premio Planeta de Novela. Y para la gran mayoría de españoles en fase cinco y seis, González Ledesma es una referencia ineludible. Durante el franquismo, nuestro autor escribió para la editorial Bruguera cientos de novelas de bolsillo, puras cowboyadas, bajo el seudónimo de Silver Kane. Las escribía a razón de una por semana. Bajo ese ritmo entregó poco más de quinientos títulos, los cuales se vendían en todos los quioscos de España. Se deduce, entonces, que de joven fue muy prolífico, al punto que en cierta ocasión Alejandro Jodorowsky lo definió como “El Lope de Vega del Siglo XX”. En sus contados momentos libres, González Ledesma depositaba sus energías en la escritura de las novelas “de verdad”, como Crónica sentimental en rojo.