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Cultural

El legado de Élida Román

El velatorio se realiza en Nuestra Señora de Fátima de Miraflores y el sepelio será este miércoles, a las 2 de la tarde, en Parque del recuerdo de Lurín.

Élida Román.
Élida Román.

En la mañana de este martes 18 de marzo, falleció la crítica de arte y curadora Élida Román, quien llevaba varias semanas internada en el hospital Santa Rosa.

La semana pasada, en La República, dimos cuenta de una subasta de arte que tenía el objetivo de solventar los gastos médicos de su tratamiento.  No pocos artistas se sumaron a la iniciativa. No era para menos. Élida Román forjó su prestigio en décadas difíciles para la promoción, difusión y, muy en especial, la discusión del arte en el Perú.  No era una intelectual cuya indignación iba hacia dentro. Por el contrario, en sus columnas de opinión decía lo que pensaba a riesgo de lo que podían suscitar sus textos. 

Todos conocían a Élida y Élida conocía a todos los artistas peruanos, y pese a su posición complicada como crítica (como todo ambiente artístico, el de Perú no es menos poroso), nunca se dejó amilanar ante la posibilidad de quedar mal con alguien.

En este sentido, hay una ética que subrayar: Élida sabía diferenciar lo personal de la obra como tal. Para ella, la mejor inversión de su vida no fue otra que la legitimidad de su nombre; no, como erróneamente se está diciendo, sobre lo mucho que sabía.

Élida Román, por supuesto, conocía como pocos la tradición del arte peruano, pero ese acervo crítico obedecía a una conducta, ergo, a una coherencia entre su discurso crítico y su vida. Por eso impacta su partida.

Élida ejerció la crítica desde una transparencia que definitivamente vamos a extrañar. Élida hizo gran crítica siendo una persona correcta. Ese ejemplo queda.