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Cultural

Carmen Ollé: “Nunca fui fiel, pero siempre he sido leal, la lealtad va más allá”

Voz medular de la literatura peruana contemporánea, Carmen Ollé conversa con La República sobre los resortes emocionales que sostienen su obra maestra Destino: vagabunda, sus memorias. De lectura imprescindible.



Carmen Ollé. Foto: Carlos Félix.
Carmen Ollé. Foto: Carlos Félix.

Carmen Ollé, quien ya venía siendo una grande de la poesía peruana desde 1981 con Noches de adrenalina, publicó en el 2023 sus memorias Destino: vagabunda (Peisa) y pasó a la historia una vez más. Libro cuestionador, poético, vital, sexual, literario, incómodo, nada conservador y epifánico en cada una de sus páginas. Si hay un contexto para leer esta obra maestra de la no ficción, no es otro que el actual. La República conversó con Carmen Ollé en la terraza de la librería barranquina La Rebelde en una mañana de sol y sombra.

-¿Destino: vagabunda es el libro que siempre has querido escribir?

-Para mí es nuevo, porque yo nunca lo planifiqué. Siempre estoy hablando de mi vida a través de la autoficción, en las entrevistas y conferencias. En una de esas conferencias, específicamente en una entrevista pública que me hizo Sandro Chiri, en una feria del centro de Lima poco antes de la pandemia, me hizo hablar de mi familia y sobre todo de mi madre. En el público estaba el editor Germán Coronado y a él le interesó todo lo que yo estaba contando. Efectivamente, ese día yo me solté, me puse a hablar. Cuando terminó la charla, Germán me propuso escribir mis memorias. Vino la pandemia y dejé de tener talleres, no tenía trabajo y tuve todo el tiempo para escribir mis memorias. Fue volver al pasado, era algo que ya no quería hacer.

-¿Por qué no lo querías hacer?

-Ya lo había hecho en varios libros. En mi ficción, en mi poesía. Por asociación, empezaron a salir cosas.

-¿Producto del trance de la escritura?

-No, porque llegaba a un punto, una escena o una frase me llevaba a otra, a otro tiempo, a otro momento, a otra escena. Me di cuenta de que eso estaba estimulando mi memoria. Así lo escribí, un poco desordenadamente, ya después se ordenó todo. Vas al pasado, regresas. Bueno, esa costumbre también me pasaba cuando era profesora, asociaba distintas épocas, las combinaba y eso no era muy bueno para los alumnos porque a veces se perdían un poco en el tiempo. Y eso es lo que ha pasado acá.

-Por los registros que has desarrollado, como la poesía y la ficción, las memorias son un registro cercano, muy parecido al diario.

-Yo no escribo diarios, no hago un registro de mi vida. Por ejemplo, en toda la parte sentimental, yo dije voy a escribirla en forma de ficción, no voy a exponerme ni a exponer a nadie para no herir susceptibilidades.

-Tú no quisiste herir susceptibilidades, pero lo que cuentas es cierto. Destino: vagabunda es un libro que del saque sientes que es distinto, que pega.

-Pega porque el entorno es muy conservador. Cuando escribo, no pienso en el entorno conservador, cuando escribo digo lo que siento y pienso. Lo hago así desde mi primer libro, Noches de adrenalina.

-Acabas de mencionar Noches de adrenalina, poemario que para muchos lectores es el más sólido en la poesía peruana de los últimos 50 años. Con Destino: vagabunda, entregas otra obra maestra, pero ahora en el registro narrativo. ¿Cómo llevas este reconocimiento?

-No me gusta adoptar identidades. Yo sigo siendo alguien que escribe, no una profesional. Acabo de ver una pequeña entrevista en donde a Clarice Lispector le preguntan si es una escritora profesional y ella responde “disculpa, yo no soy profesional, yo escribo cuando quiero porque así soy libre”. Escribo cuando tengo un proyecto. Quizá cuando era adolescente sí necesitaba escribir sobre mis experiencias, mis emociones y mis sentimientos. Era un canal de huida o de expresión catártica.

-Destino: vagabunda es el libro de alguien que no puede vivir sin amar.

-Yo amo todo. Amo a los animales, a la naturaleza, a las personas. Me preocupa el mundo, mira lo que está pasando en África, en Medio Oriente. No soy política porque no soy activista, pero no acepto el mal. No creo que tampoco sea banal, como dice Hannah Arendt. Aunque hasta cierto punto, sí tiene razón. Las personas, de alguna manera, son normales y corrientes, pero cuando tienen la posibilidad de hacer el mal, hay un instinto que los lleva a hacer el mal.

-Pero es una tendencia que la tenemos todos.

-Todos, porque lo que no aceptamos es de dónde venimos, cuál es nuestro origen.

-¿Y de dónde vienes tú?

-Desde niña yo veía lo que me rodeaba, las casas, la gente. Me preguntaba ¿qué es esto?, ¿de dónde viene todo esto? Eso más tarde me hizo ir hacia el origen de las cosas, de las especies y la evolución. Todo eso a mí me fascinó e hizo que me apartara de la religión. En casa, mi abuela era la más religiosa, mi mamá era un poco indiferente a ello y mi papá era agnóstico.

-En Destino: vagabunda relatas que tuviste acceso a muchos libros desde muy niña.

-Mi papá se preocupaba mucho de que leyéramos.

-Entonces, cuando saliste a la vida adulta, eras una persona con acervo cultural.

-Sí. Yo estudié en San Marcos en los 60. Tenía amigos escritores y tengo presente a mi amiga Esther Castañeda. Ella amaba la literatura. Entre ella y yo intercambiábamos lecturas, éramos lectoras voraces. Creo que nos hemos leído gran parte de la Biblioteca Nacional porque había dificultades para conseguir libros en esa época. Esther se leyó todo Simone de Beauvoir y yo buscaba todo lo que era poesía. Rimbaud, Verlaine, los expresionistas, los poetas malditos, leíamos mucho.

-En ese contexto se respiraba mucha política.

-Había mucha política, pero nosotras éramos libres. Esther y yo nunca pensamos en que existía el machismo, ni el sexismo, ni nada. Incluso las dos admirábamos tanto a los poetas franceses y a las escritoras francesas que jugábamos a hacer de Verlaine, Rimbaud y Baudelaire. Nunca pensábamos que alrededor de nosotros, en el entorno, iba a haber gente que iba a decir no, la mujer no sirve como escritora. Nosotras éramos totalmente independientes en ese sentido. Fue mucho después que nos dimos cuenta de la situación, cuando ya había publicado mi primer libro y Esther se dedicaba a difundir la literatura de mujeres. Nosotras estábamos muy contentas con nuestro mundo, vivíamos en nuestra burbuja.

-Esther y tú se comían el mundo, entonces.

-Sí, íbamos por el Jirón de la Unión. Ella era Verlaine y yo era Modigliani. Seguíamos a personajes por el Jirón de la Unión. Nosotras vivíamos felices antes de publicar. Cuando éramos indocumentadas, como dice García Márquez. Esther publicó en el 94 y yo publiqué en el 81.

-¿Te sentías admirada?

-Sí, me sentía atractiva, yo me sentía atractiva. Pero también sabía que no era una vedette, ni una mujer de farándula, ni una actriz que llama la atención. Además, no quería llamar la atención por ese motivo. En esa época, nuestro ánimo era ser personas muy espirituales, que no utilizaban su cuerpo para atraer. Blanca Varela pensaba así también. En una entrevista dice “yo me sentía un ser espiritual y cuando di a luz ya me sentí una hembra”. No le dábamos importancia al aspecto físico, no éramos como los hombres y las mujeres de ahora que hacen muchas cosas para sentirse atractivos. No existían los reality show que han sido tan dañinos para toda una generación de jóvenes.

-Se deduce que no te arrepientes de nada de lo que has escrito en Destino: vagabunda.

-No, al contrario. Siento que dije lo que pensaba, porque yo sé que hay mucha gente que va a decir pucha qué bárbaro, ¿cómo puede decir que nunca fue fiel? Pero siempre fui leal, eso es diferente. Miguel Gutiérrez, mi amigo, me dijo “mira, no siempre se va a ser fiel, pero sí es necesario ser leal”. Somos un organismo hecho de muchos procesos químicos que hacen que sientas atracción por otros seres de manera inmediata y no tienes que reprimirlo. Eso es algo natural. Puedes sentir atracción hasta por las personas de tu mismo sexo. En cambio, la lealtad va más allá. Es no traicionar, no hablar mal, no despreciar. Esto no lo puede entender gente que está parametrada con un tipo de conducta que ha impuesto la fe religiosa, como los talibanes o los católicos.

-¿Cómo entras al mundo literario?

-Yo ya había publicado algunas cosas sueltas, pero es en 1975 cuando me caso con Enrique Verástegui que ingreso al mundo literario con todos sus conflictos y locuras. He tratado de ser muy honesta en mi relación con Enrique y con todas las personas que han pasado por mi vida.

-A ti nadie te viene con cuentos.

-No.

-Eres una referencia para muchas escritoras peruanas. ¿Qué nuevas voces te gustaría destacar?

-A estas alturas de mi vida, tengo gustos muy acotados. He leído a las escritoras de los años 80, a las que Antonio Cisneros llamaba Tigresas del Asia. De las nuevas autoras, me gustan Karina Pacheco, Mayte Mujica, Fabiola del Mar, mi querida poeta Victoria Guerrero, Gabriela Wiener y Katya Adaui. También hay otras, que son impostadas. Hay de todo. Pero son las escritoras, las mujeres, las que más están produciendo en estos momentos en Perú.

-Ves bien el panorama de las autoras.

-Lo que sí me gustaría es que nos podamos leer más. Debemos tener más contacto con el mundo exterior, creo que no salimos ni de Lima. Lima es una bodeguita. Hay que leernos más allá de Lima.

-Tú eres una autora importante, pero ¿sientes que lo conservador ha impedido que tu obra tenga una recepción más oficial?

-Yo he sido jurado en muchos concursos. Siempre ha habido una mirada conservadora. Nunca un libro que propuse como jurado ha ganado, ni siquiera han llegado a mención honrosa. En cuanto a mí, mi libro no gusta a los conservadores y debe ser visto también como “muy caviar”. Hoy la mirada, la prioridad, está más puesta en lo emergente de barrios populares.

-En los últimos años, estamos viendo muchas censuras a la cultura. Tú has visto de todo.

- Nunca ha habido esto, las autoridades nunca se interesaron en la literatura, ni en el cine. En la época de Sendero Luminoso, sale Noches de adrenalina y no sentí un ambiente represivo como el que estamos atravesando. Ahora hay un interés por cancelar lo que se produce en la creación artística y literaria.

-Claro, las autoridades no leen, pero tienen sus lectores

-Es más fácil saber lo que hizo Juan Acevedo en un cómic a leerse todo un libro de poesía o una novela.

-Para concretar ese fin, se necesita de personas iniciadas en la literatura.

-En el mundo hay una regresión en torno a los derechos humanos, se está reprimiendo todo lo que es diversidad sexual, orientación sexual, la atracción sexual que pueda tener alguien por otra persona del mismo sexo, por cierto, detesto estos términos. Se comienza a reprimir a través de decretos. Trump ha dicho solo hay hombre y mujer, dos sexos, nada más.

-En épocas de crisis salen buenas cosas.

-Cuando todo va bien, no creo que podríamos escribir. Nos dedicaríamos a saltar de felicidad.

-¿Volverías a vivir todo lo que cuentas en Destino: vagabunda?

-Mi nieto me preguntó lo mismo y le dije que no tengo ganas, ya fue suficiente.