FIDEL ARTISTA: "No todo artista necesita tener un curador"
La República conversa con el artista y curador FIDEL ARTISTA sobre la recomendable muestra colectiva “Now What?!” dedicada a la pintura en El Británico. ¿De qué hablamos cuando hablamos de pintura?

Una de las exposiciones más sólidas de la presente temporada la encontramos en la Galería John Harriman del Británico Cultural. Se trata de la muestra colectiva Now What?!, cuya segunda edición está dedicada a la pintura, la cual va hasta el 30 de marzo.
En esta ocasión, encontramos los trabajos de Alberto Borea, Angie Bonino, Camincha Mulanovich, FIDEL ARTISTA, Herbert Rodríguez, Ishmael Randal-Weeks, Jaime Higa Oshiro, John Huamani, Jorge Cabieses, Jorge Eduardo Maita, José Carlos Martinat, José Luis Carranza, Kinshiro Shimura, Krizia Leon-Porta, Luisa Fernanda Lindo, Mariana Cornejo, Mauricio Delgado Castillo, Miguel Angel Polick, Olinda Silvano, Paola Vela, Quim McLauchlan, Roberto Huarcaya, Rocío Gómez Germán-Palacios, Sandra Gamarra Heshiki y Shanery Obeso. Basta una mirada panorámica para detectar la experiencia, la trayectoria y la proyección de los convocados por el artista y curador FIDEL ARTISTA. Pero esta impresión viene con sus respectivas inquietudes. Por tal motivo, La República conversa con FIDEL ARTISTA.
-La edición anterior de Now What?! estuvo dedicada al dibujo. Ahora es el turno de la pintura.
-Now What?! es una forma de revisar las concepciones y expectativas que tenemos de lo que yo llamo las artes fundacionales, que son el dibujo, la pintura y la escultura. El proyecto nace a partir de que no tenemos una concepción unitaria de lo que representan estos medios, en especial cuando vemos obras ganadoras que escapan de la definición tradicional de dibujo, pintura y escultura. Por eso, creí apropiado y pertinente y necesario que como gremio hagamos un pequeño pare a nuestras actividades para poder hacernos estas preguntas. No buscamos escuelear sobre qué cosa es cada medio, sino preguntarnos hasta dónde llega la pintura y qué lugar ocupa en el arte contemporáneo.
-¿Cómo comunicar esta relación de la pintura con los medios actuales a un público que todavía no está familiarizado y que solamente tiene una idea clásica de la pintura?
-Desde el mismo texto curatorial se busca una horizontalidad, que no sea para académicos, ni para artistas, sino para el público en general. Esta exposición, más que de pintura, es sobre pintura. Por ejemplo, si yo pinto una superficie roja sobre un lienzo, van a asumir que eso es una pintura, pero qué pasa si es que pinto sobre una superficie tridimensional, como es el caso de Miguel Angel Polick, que pinta sobre un medidor de luz. Es pintura pura y dura tradicionalmente hablando, pero sobre una superficie tridimensional. Entonces, nos planteamos qué es lo que hace que algo sea pintura y hasta dónde llega la pintura. Otra obra que a mí me gusta utilizar como ejemplo es el de Camincha Mulanovich, Uno, a primera vista, podría decir eso es escultura, pero en realidad la única gran diferencia entre el trabajo de Polick y Mulanovich, es que el pigmento en el caso de Polick está sobre sobre la superficie y en el de Mulanovich está dentro del material. Aquí hay un reto: ¿qué cosa esperamos de la pintura? y ¿qué cosa es pintura o no?
-Lo de Mariana Cornejo, a saber, es un videojuego. Lo de Angie Bonino, Inteligencia Artificial.
-Lo de Cornejo parte de la historia misma de la animación que está muy ligada a la acuarela, porque antiguamente se hacían las animaciones literalmente página por página, eran páginas acuareladas. Entonces, ya hay una relación misma con la pintura. Lo de Bonino plantea una discusión sobre la pintura con los nuevos medios y dónde queda la autoría del artista.
-En la muestra hay mucho espíritu crítico.
-Todos los artistas han tenido la libertad absoluta de conversar desde sus intereses y hay temáticas socioculturales, hay reivindicación cultural y aspectos medioambientales. En mi proyecto, que tiene que ver con estructuras de poder dentro del arte, me pongo en el centro de la discusión en mi doble rol de curador y artista.
-Las artes en el Perú están pasando por un muy buen momento, pese a las dificultades. ¿Tú crees que hace falta hacer más claro el discurso tanto de los artistas como el discurso curatorial para captar nuevos públicos?
-Una de las más grandes problemáticas que considero tiene el arte contemporáneo, es que ya no hay un sentido narrativo. Veo a un hombre cabalgando por la playa y entiendo exactamente lo que está pasando, pues bien, al arte contemporáneo ya no se le exige esa narratividad. La puede tener o no. Entonces, pierde ese sentimiento de conexión de lectura visual directa con el público en general. Por ello, se necesita cada vez más herramientas de construcción visual o conceptual para entender una obra más allá de la mera sensorialidad sobre qué cosa me proyecta la imagen visualmente. En ese sentido, soy muy crítico: los artistas y curadores tenemos que captar más público. Tenemos que ser más didácticos, no me refiero a escuelear, para que una propuesta se pueda entender.
-Reconoces que hay una deuda compartida entre artistas y curadores en hacer más viable el discurso. No me refiero a que se caiga en el lugar común.
-Efectivamente. Pero también yo soy un fan de los artistas porque cualquiera no se atreve a hacer arte en un país como el nuestro, un país tercermundista que no tiene apoyo del Estado y que todo sale de nuestro bolsillo, del mismo modo soy bien crítico de nosotros mismos en el sentido de que no debemos darle la espalda al público. De una u otra manera, tenemos que darle herramientas para que puedan entender las obras, no porque estamos en un escalón superior a ellos, sino porque claramente no tienen ciertas codificaciones. Es como si quisiera ver una película en francés y no entiendo francés, lo mínimo que pueden hacer es ponerle subtítulos. Por ello, yo sí creo que los artistas, los curadores y los agentes culturales del arte local tenemos la tarea de hacer más accesible la obra. Lo que no queremos y no le conviene a nadie, ni al público ni a los que ejercemos esta posición de la creación, es que el público llegue y diga no entiendo, no me gusta, me doy la vuelta. Se genera así un desencanto y se crea una perspectiva de que como no lo voy a entender ¿para qué lo voy a consumir? Y ahí creo que es donde perdemos todos.
-Esto que dices tiene un trasfondo más complejo. Felipe Coaquira, estupendo artista arequipeño, ganó el concurso de pintura del Musen con una obra textil. Esto suscita confusión en el público. Como sociedad, no tenemos una sólida formación artística.
-Así es. En el colegio nos enseñaron que los colores básicos son rojo, amarillo y azul. Es una información que se sigue dando en la educación inicial, pero que ya está desfasada. La pintura cada vez se ha vuelto bastante más expansiva porque tiene que responder a los retos de su época. Aquí hay dos problemas: primero, no tenemos concursos de arte tradicional y, segundo, cuando uno va a una exposición espera ver arte tradicional. Dentro del espectro de la pintura hay asociaciones, desde lo tradicional hasta cosas que visualmente podrías considerarlo otra cosa.
-En ese escenario, las visitas guiadas son fundamentales.
-Exacto.
-Tú eres un artista con trayectoria y curador. Eres parte de Now What?! ¿Cómo ser juez y parte?
-Para este proyecto, como señalé, estoy hablando de estructuras de poder, pero a partir de la figura subliminal del curador que cada vez ha ido cobrando más importancia.
-Noto últimamente que se habla más del curador que de las muestras.
-Ha ido creciendo esta necesidad de la figura del curador como aval del artista. Por ejemplo, cada vez hay más instituciones en donde tú propones una muestra y te preguntan quién va a ser tu curador. No todo artista necesita tener un curador. Se está normalizando la necesidad de un curador como si el propio artista no fuera capaz de armar su propio proyecto.
-En términos sencillos: ¿qué es un curador?
-Es alguien que arma la fiesta, ve la temática de la fiesta y ve a quiénes va a invitar a la fiesta. El problema es que hay artistas que creen que la labor termina con la última pincelada, o el último trazo, y que otra persona debe hablar de nuestro trabajo y que esa otra persona nos va a representar. Ahí siempre vamos a estar en desventaja.