Raúl Zurita: escribir en el cielo, en el infierno y en la tierra
Perfil. La obra de Raúl Zurita, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2020), es muestra de la resistencia poética ante la dictadura sanguinaria de Pinochet y una reiteración de que “todo amor es urgente, porque nos vamos a morir”.

Algo cambió en Raúl Zurita (1950) una tarde de 1975, cuando unos militares de la dictadura de Pinochet lo bajaron de un bus por su forma de vestir. Era, en apariencia, una cuestión insignificante o trivial, pero él lo sintió como la humillación más atroz. Entonces, el poeta se encerró en el baño, prendió un fierro al rojo en el calefón y se quemó el rostro, representando en sí mismo el pasaje bíblico que reza: si te dan un golpe, da la otra mejilla. Sin intención de hacer un performance artístico y sin mayor testigo que su propia carne herida, la fisura fue el principio, la abertura por donde brotó su primer poemario: Purgatorio (1979).
Un año después, Zurita intentó cegarse con amoniaco, según ha revelado años después. Al herir su piel, el poeta se identificaba con el gran cuerpo herido que era Chile, el gran dolor de la dictadura de Pinochet. Durante la madrugada del golpe de Estado, el 11 de septiembre de 1973, Zurita —estudiante de ingeniería civil de 23 años, con tres hijos, separado y descendiente de italianos— fue detenido en Valparaíso, encerrado y torturado en las bodegas del carguero Maipo. No se sabe el número de presos políticos que estuvieron detenidos en el buque, pero muchos fueron asesinados o desaparecidos. A inicios de octubre, Zurita es liberado en pésimas condiciones.

junio de 1982. Cinco aviones escriben 15 versos con humo blanco. “Mi dios es paraíso”. Foto: Raúl Zurita, escritura material
En medio de la pobreza, desesperación y con trabajos insoportables, Zurita se aferraba a sus sueños para seguir viviendo. Entonces, pensaba en unos versos en el cielo que recordaba haber visto de niño en sueños. El 2 de junio de 1982, cinco aviones atravesaron el cielo del barrio pobre de Queens, Nueva York. Las naves empezaron a escribir 15 versos de un poema con humo blanco, cada frase tenía una extensión de aproximadamente 8 kilómetros, a más de 4.500 metros de altitud: “Mi dios es hambre, mi dios es paraíso, mi dios es cáncer, mi dios es vacío, mi dios es herida, mi dios es ghetto, mi dios es dolor, mi dios es, mi amor de dios (…)”.
Así nació el segundo poemario de Zurita, Anteparaíso (1982), acompañado de fotos con los versos en el cielo que logró junto al Colectivo de Acciones de Arte, grupo de resistencia cultural frente a la dictadura, y con ayudas económicas del Departamento de Estudios Audiovisuales del Instituto Tecnológico de Massachusetts, entre otras universidades estadounidenses.
La escritura en el cielo sería solo una las primeras expresiones de su poesía física. En 1993, luego del plebiscito que derrotó a Pinochet, Zurita trazó con excavadoras la frase “ni pena ni miedo” sobre el desierto de Atacama, con una extensión de 3140 metros, financiada por donaciones de cuadros de artistas chilenos. Las fotos son publicadas en su nuevo poemario, La Vida Nueva.

“Ni pena ni miedo” sobre el desierto de Atacama. Foto: Raúl Zurita, escritura material
“Es la imagen más profunda y exacta de lo que es el alma contemporánea: su aparente nada, pero para la cual basta un cambio de luz al ponerse al sol para que se transforme absolutamente en otra cosa. Aridez total, y al mismo tiempo una cierta grandeza que sobrecoge”, diría Zurita, sobre esta suerte de líneas de Nazca modernas. En 2024, con un rayo láser de alta potencia proyectó una serie de versos en un acantilado, al borde del mar: “Verás un mar de piedra, verás margaritas en el mar, verás un Dios de hambre, verás que se va, verás no ver y llorarás”.

Con un rayo láser de alta potencia, Zurita proyectó una serie de versos sobre un acantilado. Foto: La Tercera
Zurita irrumpe en el horror de la dictadura, con una poesía que intenta ser una respuesta “infinitamente más vasta y más fuerte que el dolor y el daño”. Para el poeta, la historia del arte es la historia oficial del dolor y todos los que anuncian el fin de la poesía se equivocan: “Mientras haya un solo ser humano desdichado, la poesía continuará siendo el arte del futuro”, dijo en una entrevista. Zurita, además, nos reitera una verdad que a veces se nos olvida: “Todo amor es urgente, porque nos vamos a morir. Si tuviésemos la vida eterna por delante, no tendríamos necesidad del amor. El amor surge como la gran resistencia al hecho inminente de la muerte”.

“Verás un mar de piedra, verás margaritas en el mar, verás un Dios de hambre, verás que se va, verás no ver y llorarás”. Foto: Escaramuza
Zurita ha ganado el Premio Nacional de Literatura de Chile (2000), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2020), entre otros premios. El poeta además ha musicalizado su obra con la banda de rock Raúl Zurita + González y los Asistentes, con quienes ha dado diversos conciertos en Chile. Por años ha sido voceado, sin éxito aún, como premio Nobel de Literatura.