La dinámica de la censura cultural con Dina Boluarte
La denuncia del Mincul a una librería independiente de Arequipa revela una dinámica nunca antes vista: la presencia de emisarios que recorren eventos culturales.

La librería independiente Fabla Salvaje de Arequipa, vía sus redes sociales, está exponiendo un caso de hostigamiento por parte del Ministerio de Cultura debido a un mal uso del logo de dicha entidad estatal.
La historia es así: Fabla Salvaje obtuvo los estímulos económicos del Mincul para desarrollar actividades culturales. Por lo general, la promoción de las mismas va acompañada del logo ministerial y eso es lo que estuvo haciendo Fabla Salvaje. No obstante, el Mincul, en un comunicado en sus redes oficiales, señaló que no se había pedido permiso para usar el logo, ya que su utilización está regulada (es decir: hay que pedir autorización de todas maneras). Desde el punto formal, el Mincul tiene razón porque esas son las reglas del juego.
Lo que debió ser una llamada de atención, ha terminado en una denuncia penal contra el director de la librería, Ruhuan Marca Llamoca, por falsedad genérica. Bajo todo punto de vista, se trata de una reacción desproporcionada, porque el pecado de Fabla Salvaje no es el logo del Mincul –aspecto perfectible y subsanable-, sino las actividades que la librería ha venido impulsando desde su creación, todas marcadas por el espíritu crítico, mediante el cual desarrollan tópicos como la memoria, derechos humanos y los años de la violencia política. La denuncia, presentada el pasado 27 de febrero y anunciada como tal por el ministro del sector, Fabricio Valencia Gibaja, el 10 de marzo en el Congreso, se dio en el contexto de la presentación de Violencia de Estado en el Perú. Del conflicto armado interno (1980-2000) a la “Generación del Bicentenario” (2024), libro de ensayos de Anouk Guiné.
Desde el primer semestre del 2024, La República está presentando una serie de casos en los que se puede ver (y corroborar en el mundo real) la injerencia del actual gobierno en la dinámica de trabajo en los ministerios de Cultura y de Educación. Pero no se trata de un cambio en la gestión cultural de estos ministerios. Cambiar el proceso de cualquier gestión lleva mucho tiempo y lo que estamos presenciando es un sistemático silenciamiento a toda manifestación artística y cultural que se considere incómoda. Lo que está sucediendo con la librería Fabla Salvaje es una raya más al tigre.
Tras las protestas del sur, en las que las fuerzas del orden asesinaron a más de 50 peruanos (incluidos niños) a causa de la llegada de Dina Boluarte a la presidencia en diciembre 2022, las mencionadas carteras de Cultura y de Educación se han convertido en entes operadores que tienen dos objetivos: canalizar lo que se considera cultura al criterio de la presidenta y contentar a las bancadas de derecha del Congreso (a saber: Fuerza Popular y Renovación Popular, como cabezas protagónicas) para que la dejen “gobernar”.
Todos los actos de censura a la cultura en el actual gobierno, en seguidilla desde la segunda mitad del 2024, se están caracterizando por la cancelación, apelando a normas burocráticas que no eran tomadas en cuenta por las gestiones precedentes en el Mincul y el Minedu.
Lo que ha pasado con la sede histórica de la Biblioteca Nacional, ubicada en Cercado de Lima, puede servir de ejemplo. En los primeros seis meses del 2024, esta institución tuvo hasta tres directores. Esta misma figura puede apreciarse en otras entidades relacionadas con el Mincul y Minedu, pautadas por cambios repentinos. Como ya lo hemos señalado, no se trata de ideología, sino de estabilidad a cambio de contentar a Boluarte y a sus aliados del Congreso, estos últimos con una fijación en reescribir la memoria histórica del Perú desde los años 90 (lo que ha pasado con la ley de cine en estos últimos días es una muestra tajante).
Esta censura a la cultura es nueva. No se trata de callar lo visible; la cancelación ahora, aparte de general, es del mismo modo específica. Para que el Mincul haya decidido demandar a una librería independiente de Arequipa por un asunto menor, es porque existe temor al pensamiento crítico y para sectorizarlo se necesita de gente dispuesta a cumplir un seguimiento. Ergo: lo están llevando a cabo personas informadas del acontecer cultural, que no solo van a conferencias, del mismo modo a exposiciones y presentaciones de libros (leen), y gratis no lo están haciendo, de acuerdo con nuestras fuentes y el sentido común.
En septiembre de 2024, el circuito cultural peruano quedó conmocionado cuando se le retiró el Premio Casa de la Literatura Peruana al artista Juan Acevedo. En aquella ocasión, se justificó la medida aduciendo que este galardón del Minedu no contaba con la autorización respectiva. No se tuvo en cuenta el impacto de la obra de Acevedo en el imaginario de cientos de miles de peruanos en más de cinco generaciones. La postura crítica de Acevedo lo convirtió en un censurado. En enero de este año, falleció Nicolás Yerovi y el Mincul no permitió que se velara su cuerpo en sus instalaciones por no estar inscrito en su lista de artistas. Está de más subrayar la trascendencia de Yerovi para la sociedad peruana. Y en febrero último, al escritor Rafael Dumett no se le entregó el Premio Nacional de Literatura del Mincul, el cual obtuvo por la novela El camarada Jorge y el Dragón. Algún lector a sueldo pasó el dato al asociar la masacre de Llaucán de 1914 con la matanza del 2022/2023.