Mario Vargas Llosa y su trilogía novelística del Perú contemporáneo
Calificadas de menores dentro de la obra del Nobel de Literatura 2010, lo cierto es que “El héroe discreto”, “Cinco esquinas” y “Le dedico mi silencio” son una radiografía del Perú de las últimas décadas.

El próximo 28 de marzo, Mario Vargas Llosa cumplirá 89 años. Vargas Llosa, a fines de 2022, tras la salida de Le dedico mi silencio, anunció que ya no escribirá más novelas.
No hay duda de que Mario Vargas Llosa ha quedado en la historia cultural del Perú. Muchos dicen que no habrá otro escritor peruano que alcance lo logrado por Vargas Llosa. Y eso que solo estamos hablando del Vargas Llosa escritor, porque su historia política y personal, es también una gran novela, pero de no ficción.
En estos últimos días, en el marco del cumpleaños del Nobel de Literatura 2010 y miembro de la Academia Francesa (es decir, un “inmortal” como se llama a sus integrantes, además, Vargas Llosa, con este reconocimiento, se ubica como el primer latinoamericano en ingresar a esta institución fundada en 1635 por el cardenal Richeliu), se están publicando libros sobre su vida y obra. Pensemos en Biografía política. Vargas Llosa, su otra gran pasión (Planeta) de Pedro Cateriano y Mario Vargas Llosa. Palabras en el mundo (Alfaguara) de Alonso Cueto. En paralelo, la Cátedra Mario Vargas Llosa viene organizando charlas y conferencias en las que se establece un diálogo entre las obras de Vargas Llosa y algunas novelas peruanas y latinoamericanas actuales. Añadamos también que la mencionada cátedra ha relanzado el Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa (las bases de esta sexta edición las pueden ver en la web de La República) y el plazo para participar es el jueves 15 de mayo.
Por lo expuesto, se deduce que en este mes de marzo se hablará y reflexionará sobre su obra literaria. Hablaremos de sus novelas mayores, como La ciudad y los perros, Conversación en La Catedral, La casa verde y La guerra del fin del mundo, obras maestras que le aseguraron desde muy joven un lugar de privilegio en el panorama narrativo mundial.
Cuando se pretende establecer una mirada de su poética, este cuarteto es el que establece la pauta, y no solo literaria porque en esa valoración entran a tallar otros elementos, como el lado político de Vargas Llosa (hombre de extremos: de izquierda a derecha), lo cual ha generado, en la mayoría de casos, una narrativa crítica, sesgada e injusta (a saber: mientras Vargas Llosa era un escritor de izquierda, era lo máximo; cuando se fue a la derecha, dejó de ser lo máximo. Qué mejor muestra que el tránsito editorial que ha tenido su novela de 1984 Historia de Mayta, que publicó tras haberse declarado liberal en 1980 y que solo el tiempo, ya con los ánimos más calmados, ha puesto en el lugar de expectativa que merece, en ello tuvo mucho que ver su obra maestra del año 2000: La fiesta del Chivo).
En la novelística de Vargas Llosa, compuesta por 20 novelas, hay lugar para todos los lectores. Aparte de los cuatro títulos capitales consignados líneas atrás, hay otros que podríamos considerar menores para Vargas Llosa y que, de haber sido escritos por otras plumas, serían lo mejor de su producción. O sea, tan menores no son.
Durante muchos años, esos títulos menores fueron ¿Quién mató a Palomino Molero? de 1986 y Los cuadernos de don Rigoberto de 1997. Novelas divertidas que seguramente nuestro autor escribió en temporadas de verano y que sirvieron como puntos de crítica para sus cientos de detractores.
Pues bien, los lectores de Vargas Llosa recordamos los años 2013 y 2016, cuando respectivamente se publicaron las novelas El héroe discreto y Cinco esquinas. Quizá El héroe discreto sea la novela más débil en sustancia de nuestro Nobel de Literatura. El escenario es imborrable: no pocos afilaron la chaveta y decretaron la decadencia literaria de Vargas Llosa. Vargas Llosa, cuando las trabajó, no estaba pensando en hacer obras maestras (tiene 5, para qué más, y muchas (muy) buenas novelas). Había otra intención que, una vez más, el tiempo se encargó de esclarecer.
Indiquemos igualmente que estas dos novelas maltratadas, tenían más vida, eficiencia narrativa y divertimento que la media de novelas hispanoamericanas escritas por autores menores de 40 años. No olvidemos el primer capítulo de Cinco esquinas: dos mujeres, Chabela y Marisa, hacen el amor. Una escena como esta, dejando de lado sus aciertos y falencias, no se ha visto en nuestra tradición y nos da una idea de lo conectado que está Vargas Llosa con la realidad o la cochinadita de la vida.
Con Le dedico mi silencio, que significó una digna despedida de Vargas Llosa de la novela, sus lectores desapasionados tuvimos una revelación. Junto con El héroe discreto y Cinco esquinas forman una trilogía novelística del Perú de entre siglos. En ellas leemos lo que nos está pasando hoy en día como sociedad: extorsión, sicariato, políticos corruptos, polarización social, empresarios inescrupulosos y otras maravillas de la degradación. Vargas Llosa vio la oscuridad cuando otros colegas solo veían árboles y estrellas. Vargas Llosa supo que había un Perú que se estaba yendo al abismo y decidió escribir sobre él. No se trata de una relación antojadiza cuyo fin es aseverar que estas novelas forman una trilogía novelística del Perú contemporáneo.
El Perú, como la política y el sexo, es una obsesión para Vargas Llosa. Algunos olvidan que Vargas Llosa es un escritor del siglo XIX, flaubertiano en forma y balzaciano en visión. Vargas Llosa no las escribió para demostrar una vigencia (no hay que ser irrespetuosos), las forjó con una urgencia moral en la que encontramos la solución: a saber, en Le dedico mi silencio, resalta la riqueza cultural peruana: la salida a estos tiempos de polarización que vivimos. Es un adelantado. Un grande para rato.