Enrique Vila-Matas: “Desconfío de los ágrafos con aire de misterio"
Relectura. "Mac y su contratiempo" es, para muchos lectores, una de las novelas más divertidas de Enrique Vila-Matas. La República conversa con el renombrado autor catalán.

Enrique Vila-Matas es uno de los autores capitales del imaginario literario hispanoamericano. La obra del escritor español ha sido traducida a más de 30 idiomas, sus novelas han recibido premios del peso del Rómulo Gallegos (2001, El viaje vertical) y del Herralde (2002, El mal de Montano), entre otros, y lo más importante: el saludo crítico sintoniza con el favor del lector. El humor es un elemento que recorre su obra y, tras ser preguntado por la novela más divertida de su producción, pensamos en Mac y su contratiempo, que no solo lo es para su poética, sino a la vez es una de las novelas en español más divertidas del presente siglo, en donde el punto de vista crítico no es un factor ausente.
Mac es un abogado que acaba de perder su empleo. Con el inesperado tiempo libre por delante, Mac emprenderá la escritura de un diario con el que pretende descubrirse en la experiencia de la escritura. En el Coyote, su barrio barcelonés, tiene como vecino a Ander Sánchez, un famoso escritor que no lo empelota cuando quiere saludarlo. Mac suele ir a La Súbita, una librería dirigida por Ana Turner, su amor platónico, quien al mismo tiempo es la obsesión de Ander Sánchez. En cierta ocasión, los tres personajes se encuentran en la librería. El autor famoso quiere impresionar a la librera hablándole de sus libros, pero no se muestra muy entusiasmado con una novela de juventud de corte experimental, Charles y su contratiempo. Mac no solo releerá la novela de Ander Sánchez, pues decide reescribirla. Si eso no es suficiente, Mac se ve envuelto en un crimen.
Sobre Mac y su contratiempo (Seix Barral), La República conversa con Enrique Vila-Matas, quien, por cierto, acaba de publicar su última novela, Canon de cámara oscura, de la que daremos cuenta en su momento.
-En tu obra están el humor y la ironía, pero ¿sientes que esta es la novela más divertida que has escrito?
-Es tan divertida que me ha divertido incluso a mí. Cuando tuve que releerla para corregir las pruebas de imprenta, había partes del final que no recordaba –hacía casi un año que había entregado el libro y no había vuelto para nada sobre él– y conocí por primera vez la experiencia de ser un lector de mis libros. Recuerdo que estuve un buen rato leyendo intrigado, asombrado, y riéndome en ocasiones con gran felicidad, como confirmando aquello que dijo Einstein: que la creatividad es la inteligencia divirtiéndose.
-Tras leer la novela, recordé el documental sobre tu vida y obra, Extraña forma de vida, en cuya escena final dices: “Lo correcto, pase lo que pase, lo correcto es marcharse.” Esa parece ser la aspiración de Mac, desaparecer o marcharse en la experiencia de la escritura.
- Es la cita de James Joyce que encabeza Fuera de aquí, mi libro de entrevistas con André Gabastou. Ahí concretamente se lee: “Pase lo que pase, lo correcto es largarse”. Pero no es de Joyce la frase, sino de otro irlandés, de John William Wilkinson, un amigo de Barcelona. Lo que no sé es si John recuerda haberla dicho. En fin, en el documental digo la frase en la plaza de Fürstenberg de París, que para mí es un lugar fundamental en mi vida. Tanto es así que tengo auténtica fe en ese espacio, la tengo desde que en febrero de 1974 supe que los surrealistas la consideraban uno de los puntos mágicos de la ciudad. Es un buen lugar para despedirse, pero también para entrar en otra dimensión. En cuanto a Mac, parece que lo suyo es más rastrero. Y es que en realidad no tiene más remedio que huir porque ha matado al sastre del barrio, pero lo recubre todo con su impostura de viajero poético.
-La novela podría ser vista como una postura política de tu parte en cuanto a la manera en que asumes tu oficio de escritor. Claro, hablamos de un personaje de ficción, pero el discurso empleado lo podemos percibir en entregas como Perder teorías, Marienbad eléctrico y Kassel no invita a la lógica.
- Lo político no suele tener una presencia muy explícita en mis textos, pero está siempre de fondo y también en el punto de vista que adopta el autor a través del narrador correspondiente. En Kassel no invita a la lógica, por ejemplo, el punto político es muy visible: se alude a Europa como un relato de fantasmas, y ese acorde de fondo atraviesa el libro y le da a este su verdadera profundidad de campo. En Marienbad eléctrico se propone situar al arte en el centro de todo, en el centro de una sociedad no tan utópica como se piensa a veces. Y en Mac nos encontramos con un autor que simula estar improvisando y nos sorprende cuando descubrimos que ha trabado las historias del libro con una perfección que raya casi la locura, es decir, que ha trabajado a fondo la novela en un tiempo en el que esto ya casi no se tiene en cuenta. En ese trabajo a fondo está el gesto político del autor, que residiría en su convicción de que en una obra bien hecha hay algo moral, una búsqueda ética en la lucha por crear nuevas formas y sentidos, en su intento de tratar de ampliar –aunque fracase– las fronteras de lo humano.
-La libertad del registro del diario le permite a Mac ser muy libre y crítico. Por ejemplo, Mac arremete contra la vanidad del escritor contemporáneo.
- Ahí está muy lúcido el discreto Mac, a quien recuerdo que le llama la atención que haya tantos jóvenes narradores que se crean preparados para escribir una novela y se sientan tan increíblemente preparados que en su inagotable vanidad estén convencidos de que la harán y la harán muy bien, porque para ello se han instruido durante años, son inteligentes y leídos, han estudiado la literatura contemporánea y, como han detectado donde fallaron los otros novelistas, se sienten preparados para todo, especialmente desde que compraron tanto una buena silla que no les destroce la espalda como un perfecto procesador de texto. Pero después, ya se sabe, ¿no? Cuando a pesar de saber tanto y de conocer los errores de los mejores escritores no logran llevar a cabo la grandísima novela que creían que iban a escribir, les pasa como a muchos que he conocido (cada año descubro a alguno de ellos): continúan siendo presumidos, pero no pueden presumir de novela.
-¿Mac se descubre en el diario?
-Al principio del libro, de su dietario, Mac dice que ha comenzado a escribir su diario sin un plan previo, pero no desconociendo que en literatura “uno no empieza por tener algo de lo que escribir y entonces escribe sobre ello, sino que el proceso de escribir propiamente dicho es el que permite al autor descubrir lo que quiere decir”. Queda claro que Mac escribe para saber de qué quiere escribir. Yo también trabajo así: me fascina ese proceso a través del cual voy descubriendo de qué diablos en realidad quería hablar. Quizás sea mejor –aunque depende de quién hablemos– atreverse a escribir que lo contrario. Y es que desconfío de los callados, de los ágrafos con aire de misterio, de los reacios a dejarse llevar por las palabras para descubrir qué querían decir. “Aunque no habla, se sabe que piensa tonterías”, decía Jules Renard.
-Las disertaciones de Mac sobre el cuento son condensadas clases maestras.
-El diario de Mac se ve invadido por las cosas que le suceden y que parecen querer convertir su vida en una novela. Mac se resiste a esa transformación del relato de su cotidianidad y se produce una tensión entre diario y novela, por donde asoma su cabeza el cuento. Nada extraño si –se va viendo a medida que leemos- pensamos que todo el libro es un tratado sobre la historia del cuento. En realidad, el tema del libro es el arte de contar. Y un personaje muy secundario, pero en el fondo principal es ese cuento que, en un relato de Ana María Matute, adopta la forma de un vagabundo, y llega a los lugares y narra su historia y luego se va como buen nómada, aunque siempre deja sus huellas y recuerdos imborrables.
- Mac como metáfora de la caja china, que asumimos como un tributo no solo al cuento, sino también a la tradición de la novela. A saber, la referencia que hace de William Gaddis, entre otras, no es para nada caprichosa.
-Dice Mac que a lo largo de su vida, con más intensidad en ciertos periodos que en otros, ha sentido empatía por la ya vieja Escuela norteamericana de la Dificultad a la que perteneció Gaddis, esa vieja escuela que jamás ha negado que la posibilidad de escribir grandes novelas sigue existiendo, pero no ha querido ignorar que el problema que tienen los novelistas –no los de ahora solamente, sino ya también los de hace un siglo– es simplemente no seguir con el género tal y como se formó en el XIX y buscarle otras posibilidades.
-La poesía es la protagonista silenciosa de Mac.
-Está claro que las últimas páginas, dominadas por un cierto sentido poético, son las mejores. Pero también las más repugnantes moralmente, pues no olvidemos que se escriben con poesía para distraer la atención sobre un crimen. Ahora bien, que tengan ese componente horrible facilita que a esas páginas no les falte nada y, por tanto, el libro, a pesar de los intentos de evitarlo del pobre Mac, sea, entre otras cosas, una novela.
-En Mac está todo lo que se escribe hoy en día.
- En Mac está también todo aquello sobre lo que he escrito hasta hoy en día. En Mac está todo lo que diría un dadaísta que escribió el manifiesto dadaísta. Mac es brutal y puede ser el gasómetro de los sentimientos en bolas. Mac es Mac.
-En tu poética, Mac es un personaje redondo.
-Creo que es sabido que lo que se escenifica en mis libros no es una trama con personajes o una serie de ideas o una batalla contra el lenguaje, sino a mí mismo tramando, pensando o escribiendo bajo el avatar de un narrador. En este caso, le ha tocado a Mac, un hombre que sabe menos que yo y que en ocasiones parece una parodia de mí mismo. Por ahí también va el humor del libro. Mac se equivoca cuando cita frases de otros autores, Mac es un celoso enfermizo, Mac da risa, Mac da pena, Mac es un pobre principiante, Mac es un asesino. Me he encariñado de Mac, pero al mismo tiempo doy gracias de no parecerme demasiado a él. ¿Estás ahí, Mac? A veces tengo la impresión de que quiere decirme algo.