Un director comprometido: Ken Loach
En tiempos en donde el arte y la cultura están siendo amenazados por los fundamentalismos de todos los colores, el trabajo del británico Ken Loach no solo debe ser (re)visitado, es también esperanzador.

Este movimiento rompió fuegos en la década del cincuenta, pero su discurso y su respectiva propuesta cayeron en un relativo olvido a partir de los sesenta. Sin embargo, no había estudiante o artista que no alimentara su indignación, a razón un sistema que empobrecía más a los pobres, por medio de los AYM. Loach era uno de esos jóvenes indignados.
Esta postura política, que algunos críticos calificaban de “rabiosa”, se reforzó en los años ochenta, en pleno mandato de Margaret Thatcher. Para aquel entonces, su poética cinematográfica venía con la marca de agua del cine político, pero en esa década ochentera de crecimiento económico a costa de la clase media, hizo que su cine sea más de denuncia de lo que ya era, más visceral en propuesta, alejándose del sentido metafórico de la narración, para hacerla más diáfana en su mensaje, pero sin dejar el componente estético, que a fin de cuentas es lo que sostiene toda obra de arte, y eso, mejor que nadie, lo sabía y sabe Loach, a quien podríamos hermanar con los iraníes Jafar Panahi y Abbas Kiarostami, cuyas películas siguen estimulando a los nuevos y experimentados directores del mundo.
En el año 2006 se le otorgó el mismo premio de hoy por The Wind That Shakes The Barley (El viento que agita la cebada) y en 2016 por I, Daniel Blake. Películas históricas, actuales y que sudan política. Toda su trayectoria está marcada por el elemento político y el temperamento de la misma está conducido por un odio a la injusticia y al sistema neoliberal. Este detalle lo podemos ver en trabajos no necesariamente políticos, pero que a la vez lo son, como esa joya de la superación personal, como Looking for Eric de 2009, que contó con la actuación del recordado y polémico exfutbolista Éric Cantona.
Prueba de su poética, la podemos encontrar en su subliminal e iluminador libro Desafiar el relato de los poderosos de 2013, una suerte de biografía política de su cine. Agrio por momentos, pero ante todo ofreciendo soluciones a los nuevos cineastas. Estas soluciones nos reflejan también la esperanza de Loach en la formación de un cine político, aquel que nunca deje de testimoniar con crudeza el oprobio de las mujeres y de los hombres en el mundo de hoy. Al respecto, son suculentas las páginas en las que nos transmite la idea de encontrar una estética que madure en contextos que niegan toda clase de crítica. Por ello, no solo nos habla de una postura política, sino que en base a esta se puede armar un método de trabajo que le saque provecho, a manera de identidad creativa, al uso de la cámara, a saber.
El cine, y no solo en Perú, está amenazado por la censura de los gobiernos reaccionarios. El cine de Ken Loach, de 89 años, está a disposición de los interesados y nos dice cómo resistir.