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Cultural

El gusto por el argumento: una película de Claude Chabrol

El director de cine francés murió en el 2010 a los 80 años. A los 77, filmó “La mujer partida en dos”, protagonizada por Ludivine Sagnier, Benoit Magimel y François Berléand. Así se cuenta una historia

Claude Chabrol.
Claude Chabrol.

La mujer partida en dos, penúltimo trabajo del prolífico director francés Claude Chabrol (1930-2010).

Charles Saint – Denis (François Berléand) es un escritor cincuentón, reconocido y millonario; vive en las afueras de Lyon con su esposa Dona (Valeria Cavalli), con quien lleva más de veinticinco años de casado. Tiene una amante, la agente literaria Capucine Jamet (Mathilde May), detalle que no molesta en nada a Dona, porque ella también puede sacar los pies del plato, con tal de no afectar la imagen de seductor de su marido. Ese parece ser el trato tácito de esta pareja que necesita de la infidelidad para mantenerse junta.

Su estancia en Lyon no es tomada como algo superfluo, que pase desapercibida. Por el contrario, las autoridades ediles consideran todo un honor tener a Saint - Denis como vecino. En una firma de libros en una librería, nuestro afamado escritor queda enamorado, a primera vista, y también motivado por llevársela a la cama cuanto antes, de la bellísima veinteañera Gabrielle Deneige (Ludivine Sagnier), que trabaja como meteoróloga de un noticiero televisivo. Pero Gabrielle también es pretendida por Paul Gaudens (Benoit Magimel), el joven rico de la ciudad, heredero de la fortuna de Laboratorios Gaudens, el chico malo que arranca más de un suspiro femenino.

Estamos, pues, ante la disputa de dos hombres por una mujer. El mayor no puede concebir sentimiento alguno a menos que no sea por medio de la degradación; caso contrario con el joven rico, que la desea como su esposa, madre de sus hijos, prometiéndole una vida sin apuros económicos. Gabrielle no se presta a disyuntiva alguna. Quiere vivir, aprovechar los mejores años de su plenitud sexual, o sea, ella prefiere la experiencia. Se entrega sin reparos al letraherido y con este explota, redescubre, todo su arsenal hormonal. Pero las cosas con Saint- Denis terminan mal, al punto que ella toma en serio la posibilidad de quitarse la vida ni bien es abandonada por él; sin embargo, Gaudens, el enamorado, que se carcomía viendo su romance con el viejo, la rescata de la depresión y logra su objetivo: casarse con ella.

Lo que se suponía un matrimonio feliz, vira en un maltrato psicológico en el que Gaudens no deja de sacarle en cara todo lo que ella hizo con Saint - Denis y lo que este la obligaba a hacer para satisfacerlo. Harto de los fantasmas, cansado de que se hayan burlado de él, el neófito marido llega a una solución acorde con su engreimiento: matar al escritor. Así de simple.

Chabrol es un contador de historias. Nada más. Conoce su oficio. Pese a que la película no pocas veces amenaza con írsele de las manos, logra redireccionarla en el sentido del cantado desenlace: que Gabrielle declare en el juicio a favor de su esposo, aduciendo que actuó bajo los efectos de la enajenación, deshonrando así la memoria del escritor, escritor que no puede, ni podrá olvidar.

La obra de Chabrol es impresionante, más de cincuenta películas en las que ha transitado por distintos géneros, siempre privilegiando el asunto, es decir, la historia, el argumento. Chabrol no es un estilista de la imagen, mucho menos un depurado de la técnica, pero vaya que sí tiene las cosas claras al momento de narrar. La mujer partida en dos, que dirigió a los 77 años, no es su mejor trabajo, pero qué importa, este se deja ver con sumo placer, como para pasar el rato sin sentir que has estado perdiendo el tiempo. En las plataformas de cine, hay cosas muy pajas de Chabrol.