Es natural que a este gobierno le molesten los medios. Allí aparece todo el cúmulo de errores, banalidades, metidas de pata, sospechas, anticuchos presentes o pasados, mentiras o limitaciones que luego la ciudadanía relaciona con los poderes del Estado. A ministros y congresistas les gustaría vivir, como en las buenas dictaduras, libres de miradas incómodas.
A medida que se acerca la campaña electoral, la furia oficial contra la prensa aumenta. Quizás tiene que ver con la sospecha de que una actividad de los candidatos va a ser lanzarse contra el gobierno saliente. Es el deseo de partir sin la pechera demasiado manchada. Esto por vergüenza torera, y porque también veremos candidatos-Boluarte en la campaña.
Que el Ejecutivo quiera embutirnos información a la mala, en una suerte de franja sobre sus actividades, es sañudo. Los medios y las redes seguirán informando en el espacio que les quede, y la gente seguirá hablando. Pero aun si no se concreta, anunciar la franja alivia al gabinete. No supone que eso atizaría la polémica del gobierno con la prensa en todo el país.
Esa polémica es consustancial a toda democracia y es una medida de la salud cívica en una sociedad. El Congreso quiere apagarla con leyes contra la libre expresión. El Ejecutivo quiere relativizar esa libre expresión lanzándonos sus propios contenidos. El Peruano instalado a la fuerza en todos los medios. ¿También con sus propios mensajes electorales?
Hay en la propuesta de Gustavo Adrianzén grandes esperanzas colaterales. Por ejemplo, que el próximo gobierno sea igual al de hoy, y que por tanto el actual asalto a la prensa dure más de 12 meses. O que la propuesta calme a los medios frente al gobierno, lo cual crearía una breve nata de impunidad para funcionarios políticos de todo nivel.
De modo que el gobierno y sus voceros quieren imponer contenidos a los medios, retirar el avisaje del Estado hasta donde se pueda, penalizar las opiniones del periodismo y, de paso, arrinconar al sistema judicial donde reposan los derechos de lo informativo. A lo anterior podemos añadir las invectivas directas de Dina Boluarte contra la prensa, cada vez más frecuentes. Como si al Estado le faltaran medios de prensa.
Con todas estas actitudes, el gobierno está amilanando a la prensa, sino provocando en ella un creciente espíritu de resistencia.
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Las arqueólogas (Lima, AUB, 2021). Próximo poemario, Un chifa de Lambayeque. Acaba de reeditar la novela policial Pólvora para gallinazos (Lima, Vulgata, 2023).