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Escenas finales, por Eliana Carlín


El anuncio de la convocatoria al proceso electoral ha sido un intento de Dina Boluarte de poner los reflectores lejos de su cara. Fuera de eso, no hay ninguna consecuencia concreta respecto a su anuncio, salvo - y eso está por verse- procurar dejar fuera a los tres partidos políticos que están en el tramo final de su inscripción. Las normas electorales se pueden continuar modificando hasta el 12 de abril. Pero, entonces, ¿por qué el apuro? Veamos por qué estamos en un escenario distinto desde el 21 de marzo.

En primer lugar, Boluarte y su pacto deben evaluar el nuevo escenario tras la censura del exministro del Interior, Juan José Santiváñez, con holgados 78 votos de los 66 que se requerían. Los votos de la mayoría congresal dejarán de acompañar al Ejecutivo conforme se acerquen las elecciones, por puro cálculo electoral. Cargar a un gobierno así en la espalda se hace pesado.

En segundo lugar, finalmente, el 21 de marzo la clase media limeña se activó saliendo a las calles en un considerable número (aproximadamente 20 mil personas), incluyendo artistas en solidaridad con el asesinato de Paul Flores. No debe haber sido agradable oír en Palacio el retumbar de la arenga “Fuera Dina”.

En tercer lugar, ayer jueves 27 la ex amiga presidencial Patricia Muriano ha declarado ya ante la Fiscalía de la Nación de forma virtual, en relación al caso de las cirugías plásticas no comunicadas ni al Congreso ni a la ciudadanía. Si bien aún no conocemos el contenido de las declaraciones, esto no tardará en hacerse público y la probabilidad de que complique legalmente a la presidenta es alta. Más allá del ocultamiento de información, si se comprobase el ruin intercambio de cirugías por designaciones en el Estado, estaríamos hablando del delito de negociación incompatible. Una moción de vacancia comenzará a circular pronto por los despachos congresales, a esperar con paciencia una coyuntura crítica que decante este remedo de régimen.