La toma de Groenlandia está en marcha. El vasto territorio ártico está bajo presión para su paso a manos de los EEUU. La reducida población de la gigantesca isla (menos de 60,000 habitantes) acaba de votar por el independentismo, es decir una mayor distancia de Dinamarca, el Estado al que están asociados desde 1953.
El interés de Washington por la isla no es nuevo. En 1946 ofreció US$100 millones (unos US$1630 millones de hoy) por el territorio, pero la iniciativa fue rechazada. La cifra que hoy ofrece Donald Trump no está establecida, pero sí su frase “los haremos ricos, y juntos llevaremos a Groenlandia a alturas nunca antes concebidas”. “No está en venta” ha dicho el primer ministro danés.
Pero ese caramelo viene envuelto en una envoltura agria, cuando Trump declaró que los EEUU se harán de Groenlandia de una forma u otra. Lo cual en los tiempos que corren, con Rusia acosando aguas escandinavas, es casi el anuncio de un posible desembarco. Los groenlandeses han rechazado la frase, pero a una parte de ellos la bonanza ofrecida les ha parecido interesante.
Los visitantes oficiales de Washington han sido, por decirlo de alguna manera, tentativos: primero el hijo de Trump y ahora la esposa del vicepresidente J.D. Vance más dos funcionarios de menor rango. Este último aterrizaje ha sido considerado ofensivo por el primer ministro de Groenlandia, quien ha protestado.
La situación vagamente evoca la película “El rugido del ratón” (1959), una sátira del Plan Marshall, en la cual un minúsculo territorio europeo declara la guerra a los EEUU, en vista de lo bien que solía tratar Washington a los países derrotados. La idea es graciosa, pero el principio es preocupante para estos isleños.
En algún momento de los años 60 circuló la idea, liderada por Francia, que una Amazonía en peligro de desaparecer no estaba en buenas manos. Lo de Groenlandia no es lo mismo, pero tiene un parecido tufo al deseo del pez grande de beneficiar al chico, a pesar suyo. Washington, el antiguo policía mundial, empieza a adentrarse en tierras del colonialismo clásico.
La situación toca a la Unión Europea. Dinamarca es un Estado de la UE. Pero a la vez un ingreso de los EEUU a Groenlandia sería un contrapeso a la presencia de Rusia en las fronteras. Siempre y cuando Washington y Moscú no se alíen, como parece querer Trump.
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Las arqueólogas (Lima, AUB, 2021). Próximo poemario, Un chifa de Lambayeque. Acaba de reeditar la novela policial Pólvora para gallinazos (Lima, Vulgata, 2023).