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Fuerzas oscuras, por Jorge Bruce


La frase que da título a esta nota fue utilizada por la Presidenta Boluarte. La profirió antes de la censura al ministro Santiváñez. Intentaba deslegitimar tanto la censura como la marcha de protesta del viernes 21 de marzo. Para un psicoanalista, como para cualquier persona interesada en el funcionamiento de la mente, siempre es útil observar la ineludible presencia de lo inconsciente en los discursos públicos. Hace poco, por ejemplo, circuló un video en el que un oficial de la policía peruana daba la palabra a un coronel de su institución. Sus palabras fueron: “aquí también está presente mi corazón (pausa de turbación durante la cual bajó la cabeza ante las risas de los presentes), o mi coronel Villazón.”

Estas irrupciones de lo reprimido son muy frecuentes… y elocuentes. En su afán por congraciarse con su superior, el oficial de la PNP le hizo una pública declaración de amor. Esto nos puede ocurrir a todos, aclaremos. Nadie está a salvo de un acto fallido o un lapsus que pone en evidencia un deseo oculto. Por ejemplo, el de obtener el beneplácito de un superior, algo que en el Perú de hoy es más relevante que nunca. Alabar descaradamente a quienes tienen poder es más urgente cuando la meritocracia va desapareciendo. Esto es evidente cuando vemos la paupérrima calidad de servidores públicos, tanto en el Congreso como en el Ejecutivo, así como en las Fuerzas Armadas. El acto de “sobar”, como el de “rajar”, nos recordaba Carlos Delgado, es esencial para la supervivencia en sociedades precarias como la nuestra.

Pero volvamos al intento desesperado de Boluarte por conservar a su Ministro del Interior, pese a la situación de violencia y muerte desbordada que impera en el país. ¿A qué “fuerzas oscuras” alude? Según ella -los lectores ya lo habrán adivinado- a los caviares. Como nadie sabe qué es eso, lo repiten como un mantra -por ejemplo “líbranos del mal”-, un cliché, un cajón de sastre en donde se puede meter a cualquiera que no piense como tú. Mejor dicho: a cualquiera que piense. Porque en este periodo deplorable de nuestra vida política, el pensamiento crítico, como lo demuestra la arremetida contra el cine peruano, se ha convertido en un peligro que es preciso eliminar. Le temen y por eso lo quieren acallar.

El asunto es que las fuerzas oscuras -parece una imagen de las historias de Harry Potter- son las que censuraron a Santiváñez. Era la crónica de una muerte anunciada. Una muerte simbólica, hay que recalcar, porque las reales no cesan de aumentar en las calles del Perú. Los sicarios y extorsionadores saben que tienen las manos libres para atacar con impunidad. Ellos saben mejor que nadie que cuando la Presidenta propone medidas inservibles e inaplicables como la pena de muerte, las cosas van viento en popa.

Las “fuerzas oscuras” son las que dan leyes a favor del crimen organizado. Sobre todo, para facilitar sus propias fechorías. Y, por supuesto, quienes como la presidenta Boluarte se limitan a obedecer las órdenes de sus patrones. A saber, la delincuencia de curul. Es contra esas reales fuerzas oscuras que se salió a marchar el viernes. Esas que favorecen a quienes asesinaron al vocalista de Armonía 10.

Esas mismas que han perdido toda conexión, toda empatía con el sufrimiento cotidiano y atroz de los peruanos más necesitados de protección. Y la ausencia de empatía, ya lo hemos dicho en otras columnas, desemboca en el sadismo y la crueldad. Si a esto se añade la opción por elegir personas incapaces e ignorantes en el servicio público, la oscuridad está garantizada. Hace un par de semanas, el Premier, en otra de esas ridículas defensas de Santiváñez, lo felicitó por haber “descaviarizado a la PNP”. Ese nivel de estupidez en un primer ministro como Adrianzén no es banal. Supongo que se refiere al desmantelamiento de la DIVIAC y el pase forzado al retiro del coronel Colchado, que no era su “corazón”. Tampoco el de la Presidenta, cuya casa allanó. Además la mandataria prefiere tener “waikis”, como Oscorima. Y por eso cuando se atreve a presentarse en público, los gritos de “¡Dina asesina!” le recuerdan que los peruanos no hemos olvidado los 50 asesinatos ante las protestas de diciembre y enero.

En esa creciente oscuridad de quienes están socavando la democracia para asegurarse de controlar las elecciones del 2026, es valiente y necesario salir a marchar. Marchar es un verbo que puede designar tanto el paso de ganso de los nazis como la protesta creativa de los que estamos hartos. Es valiente porque las amenazas de muerte, previas a la marcha, las expresaron las fuerzas oscuras de manera oblicua pero clara: “quieren tener sus Intis y Bryan”. Es una manera de decir que quien sale a la calle a protestar puede ser abaleado. A pesar de esas y otras frases de amedrentamiento indirecto, miles salieron a exigir el más elemental de los derechos humanos: el de vivir.

Ese derecho ha sido confiscado no solo por la incompetencia de ministros ligados a la corrupción como el defenestrado. Hay una voluntad de mantener a la gente aterrada, como lo hacen todos los regímenes totalitarios, para mantenerla sometida. La delincuencia callejera es funcional a ese proyecto. Por eso se expulsa a los policías capaces y se retiene a los que “aman” a sus superiores. A los que acatan las órdenes sin dudas ni murmuraciones.

Y es por eso, asimismo, que el acto de tomar las calles adquiere un simbolismo mayúsculo. Es una manera de decirles que, a pesar del miedo, estamos dispuestos a luchar por reconstruir la patria que las fuerzas delincuenciales, con armas o curul, están sumiendo en la oscuridad.

Jorge Bruce

El factor humano

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".