El acto de pactar, como cualquier actividad humana, puede ir desde lo más valioso para la preservación del bien común, hasta lo más ruin en beneficio de un grupo de poder. Lo que está sucediendo en el Congreso, en donde grupos que hace tiempo dejaron de lado sus ideologías políticas, se ponen de acuerdo para emitir leyes antidemocráticas como la censura de libertades fundamentales entre las que se cuentan las de expresión o asociación, ha recibido el nombre de pacto. De ese modo se entiende que “partidos” en principio opuestos políticamente como Perú Libre y Renovación Popular o el Fujimorismo, voten leyes que nos amordazan y someten, tomados alegremente de la mano.
Esta abolición de poderes en la práctica, pues el Ejecutivo es una compañía de títeres encerrados en un teatrín de mentiras y abyección, se aleja cada vez más de una democracia. Al mismo tiempo, se acerca vertiginosamente a una dictadura, pero congresal. Todos lo vemos, todos lo sabemos. Excepto los que han optado por no saber o acomodarse, ya sea para beneficiarse o intentar sobrevivir. Las situaciones en las que prima el desprecio por el otro, como ésta, sacan lo peor de los seres humanos y las comunidades.
Sin embargo, también puede suceder que el organismo social “avive el seso y despierte”. En esa respuesta vital, puede que encuentre su sistema inmunológico y se defienda de esta arremetida destructiva, tanática y fanática. Así como los partidos en el poder se han aconchabado para perpetuar su saqueo y aniquilación de todo lo que hemos construido como país, puede ocurrir que se vaya gestando un pacto -esta vez en el sentido más digno de la palabra- para contrarrestar este arremetida contra todo aquello que sostiene nuestro vínculo social.
Es la eterna lucha, si me permiten una metáfora psicoanalítica, entre Eros y Tánatos. Las confluencias van apareciendo gradualmente. Me ha llamado la atención, por ejemplo, que dos mujeres brillantes y valientes, pero políticamente ubicadas en lugares muy distintos, aunque ambas en favor de la democracia, hayan recurrido a la ominosa palabra “Gestapo”. La historiadora Méndez para referirse a lo que está sucediendo con el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) en los EEUU. La periodista y abogada Palacios para aludir a la APCI (Agencia Peruana de Cooperación Internacional). Esto último en referencia a la nueva ley que otorga a dicha agencia la potestad de decidir qué financiamiento externo a una ONG es válido o no. El ejemplo que pone en su artículo en este diario es clarisimo: si Transparencia recibe financiamiento internacional para supervisar las elecciones que se avecinan, la APCI puede decir que no es admisible. Los poderes que se le han otorgado son los de censurar cualquier actividad que incomode a las mafias que nos sojuzgan.
Mientras tanto las mafias de la calle -porque los congresistas, así como la Presidenta Boluarte, solo pueden vivir encerrados para eludir el repudio popular- asesinan a quién no les pague su extorsión. Es lo que ha ocurrido, al parecer, con el cantante del grupo Armonía 10. Paul Flores, “El Ruso”, se trasladaba con los demás integrantes de su banda de cumbia, cuando fue asesinado a balazos por sicarios en moto. El Ministro Santiváñez, aterrado porque sabe que se acerca el fin de su obsolencia programada, pretende combatir esta amenaza creciente con “estados de emergencia” cuya inutilidad es de todos conocida. Son incapaces de combatir a estas mafias asesinas. Además les conviene mantener a la población desprotegida y aterrada. Ese es otro pacto que debería ser llamado componenda entre las mafias de la calle, y las de los recintos de poder político. Más aún: observo un goce sádico, cruel, en este maltrato deliberado a las personas indefensas, abandonadas por quienes juraron ante el crucifijo o cualquiera de sus creencias, hacer todo lo posible para proteger sus libertades, Y sobre todo su vida. Punto para Tánatos.
Este panorama depresivo es el que les conviene de cara a las elecciones que se avecinan. Una población estuporosa equivale a una masa manipulable. Así como Hitler engatusó a Europa diciendo que se encargaría del bolchevismo, estos grupos sin escrúpulos ni otra convicción que la de enriquecerse y dominar, se han inventado la estúpida patraña de los caviares. Un chivo expiatorio designado para perpetrar su proyecto dictatorial.
La mejor manera de entender lo que está sucediendo en nuestro país y en el mundo, es comenzar por interrogar nuestra psique. En las Memorias del escritor austríaco Stefan Zweig, hacia el final del libro, cuando se inicia el apogeo del Tercer Reich, escribe: “Nada había envenado mi vida durante los últimos años como la sensación de estar constantemente rodeado de odio y de tensión.” ¿No es acaso lo que nos pasa cada vez que entramos a la red social X (antes Twitter)? Las respuestas de los trolls contratados por el Congreso, el Ejecutivo o la alcaldía de Lima, lo atestiguan. El nivel de mediocridad y violencia que despliegan me exime de mayores comentarios. Es un circo de ruido y furia.
Por eso nos urge un genuino pacto, no una componenda. Por eso me ha interesado la coincidencia fortuita de dos personas que respeto, como Rosa María Palacios y Cecilia Méndez. Si todos los que sentimos que esa tensión generada por el odio a la vida que destilan los mafiosos que nos extorsionan y pretenden someternos, nos unimos para contrarrestar con iniciativas de vida la arremetida mortífera, podemos prevalecer como lo hemos hecho tantas veces en nuestra Historia.
Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".