Sin suelo bajo nuestros pies, por Jorge Bruce


Con el auge de dirigentes de extrema derecha en el mundo, no transcurre un día sin que tengamos que enterarnos de noticias que van corroyendo lo que Freud llamaba el delgado barniz de la civilización. Si bien esto se observa mayormente en países alejados de nuestra región, en Latinoamérica hay un discípulo con ínfulas de similar cuño. Hace poco el Presidente de Argentina se presentó en los EEUU para obsequiarle una motosierra a Elon Musk, el magnate que muchos consideran el hombre más poderoso de los EEUU. Este dispositivo aparatoso es el equivalente a la manzana que, en las historietas, el alumno sobón le traía a la maestra de escuela: ¡Yo también quiero pertenecer el exclusivo club de los iliberales!

No contento con este gesto tradicional de presentarle obsequios al rey de turno para obtener sus favores, hace poco se modificó en Argentina la legislación para denominar personas con discapacidad mental y derecho a recibir una pensión. En su afán por distinguirse como el más aplicado de los alumnos del curso de Dictadura I, el Boletín oficial del Gobierno cambió las denominaciones establecidas por ley. El nuevo baremo en el apartado “Psiquismo” cambió los niveles de discapacidad intelectual leve, moderada, grave o profunda por “idiota”, “imbécil” o “débil mental”. Eugenesia en el siglo XXI.

En vez de descripciones clínicas, insultos deshumanizantes. Esta práctica no es nueva ni inocente. En la mente de los nuevos amos del mundo -y lo que Maritza Espinoza llama su mini-me-, es una manera de contrarrestar la ideología woke. Lo cierto es que, en su afán por desmarcarse y ganarse una estrellita dorada, Milei la emprendió con su motosierra contra personas indefensas. Ante el escándalo suscitado en las redes sociales, su régimen se vio obligado a retroceder y restablecer las denominaciones previas.

La eugenesia es un corpus de prácticas y creencias destinadas a mejorar la calidad genética de la población. Si bien el término fue acuñado en el siglo XIX, fue en el XX donde alcanzó su apogeo. Como los lectores saben, fueron los nazis quienes llevaron esta ideología a extremos nunca antes vistos. Sus víctimas mayoritarias fueron los judíos, perpetrando un genocidio que costó la vida a más de seis millones de seres humanos. Pero no fueron los únicos.

Rudolf Hess, el segundo de Hitler, afirmó que el nazismo era “biología aplicada”. En el afán de purificar la “raza nórdica”, se procuró excluir a cualquier persona considerada “menos valiosa” o “racialmente extranjera” (Enciclopedia del Holocausto). Los chivos expiatorios designados eran, pues, los judíos. Sin embargo, pese a ser la mayoría, no eran los únicos a quienes los nazis pretendían eliminar de la comunidad elegida. Todas las personas con discapacidad, tales como los “idiotas”, “imbéciles” o “débiles mentales” del Boletín Oficial de la Casa Rosada, también fueron incluidos en la lista de personas designadas para ser exterminadas en los campos.

No olvidemos que en el Perú, bajo el gobierno de Alberto Fujimori, se llevó a cabo una política de esterilización forzada a mujeres andinas y pobres. Esto encaja perfectamente en la política de “higiene racial” de los nazis. Es obvio que las mujeres elegidas para aplicar esta práctica eran seleccionadas mediante criterios discriminatorios. El pretexto de hacerlo como una medida de planificación familiar, no exime de culpa a los responsables, pues dichas intervenciones quirúrgicas fueron efectuadas sin el consentimiento de las víctimas.

No podemos ni debemos tomar a la ligera estas señales de un descalabro del sistema internacional de protección de los derechos elementales de las personas. El fracaso del globo de ensayo de Milei no puede hacernos bajar la guardia. No está solo en cuestión el funcionamiento de la democracia, así sea tan precaria como la peruana. La atrocidad que publicó el Gobierno Argentino deja bien en claro que lo que está sucediendo en el mundo no atañe tan solo a las grandes potencias.

La prueba de lo anterior es que antes nos consolábamos de las deprimentes noticias peruanas leyendo, quienes tenemos ese privilegio, la prensa extranjera. Pero desde que se instauró la política norteamericana que el ideólogo del mundo MAGA, Steve Bannon, llamó shock and awe y flood the zone, las noticias extranjeras se han tornado tan o más sombrías. Las dos expresiones en inglés tienen orígenes diversos. La primera proviene de la estrategia militar. La segunda del juego denominado fútbol americano. Mientras la primera procura abrumar al adversario mediante despliegues de fuerza e impacto psicológico, la segunda se enfoca en apabullarlo mediante un excesivo volumen de información. L.q.q.d.

En 1941, el escritor austríaco Stefan Zweig escribió en su libro autobiográfico El Mundo de Ayer: “Nosotros, que hemos aprendido en este nuevo siglo a no sorprendernos por ningún brote de bestialidad colectiva, que esperábamos que cada día fuera aún más nefasto que el anterior, somos mucho más escépticos sobre la educabilidad moral del ser humano.” Y más adelante: “Poco a poco hemos tenido que aprender a vivir sin suelo bajo nuestros pies, sin ley, sin libertad, sin seguridad.” Solo podemos constatar, con inmensa desazón, la vigencia de estas frases. Un año después de escribirlas, el escritor se suicidó con su pareja en San Pablo, Brasil. Acaso no podía imaginar que el Tercer Reich sería derrotado. Pero lo que no podemos permitirnos es bajar la guardia, pues sus émulos están en plena agitación. Lo cual incluirá, más temprano que tarde, a sus alumnos peruanos. Estamos advertidos.

Jorge Bruce

El factor humano

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".