Siempre hubo sospechas sobre que Vladimir Cerrón no estuviera recorriendo Lima y balnearios a salto de mata, sino refugiado en el extranjero. Hoy es la probabilidad más fuerte. Tal vez porque el prófugo no quiere arriesgarse a que una ruptura de la coalición de poder o un momento de especial debilidad de Dina Boluarte lo dejen al descubierto frente a la PNP.
Vivir con la policía detrás desgasta mucho; mirar las cosas desde una distancia da tranquilidad y ayuda a pensar mejor. Cerrón entregó sus votos a Juan José Santivañez el pasado viernes en gratitud por favores recibidos, pero también como un intento de reforzar una coalición del poder que se está descosiendo. Allí no hay esperanzas electorales, por lo menos no personales, sino un deseo de seguir neutralizando el aparato de la justicia peruana. Quizás también hay una simpatía ideológica por los ministros del Interior.
Pero aún sin ambiciones de candidatear, Cerrón, al igual que Keiko Fujimori, necesita tener su hoja legal despejada para el momento de las elecciones. Ella para evitar sorpresas incómodas por el camino, él para poder maniobrar con las sobras de lo que fue en su momento el castillismo imperial. El ineficiente ministro era un problema para ella, pero un activo político para él. Un ministro del Interior que no perdía puntos por su incapacidad de capturarlo o de dar una versión coherente sobre su desaparición fue algo valioso para Cerrón. Eso permitió el récord de fuga que todavía estamos presenciando.
Además, Santivañez atacaba a la misma fiscalía que investiga y acusa a Cerrón, una versión clandestina de “en el dolor hermanos” que no ha pasado inadvertida. Aunque suene paradójico y contraintuitivo, nuestra mención de las sobras del castillismo también podría incluir a una Boluarte. Acosada por la perspectiva de una presidencia que se va acabando, ella podría jugar la carta de un retorno hacia el lado verbalmente ultra del mostrador. Si ese momento se da, Cerrón la estará esperando, desde donde se encuentre.
¿Qué país puede ser ese? Bolivia tiene la ventaja de la proximidad, pero el inconveniente de un Evo Morales enemistado con el gobierno, lo cual vuelve a las autoridades impredecibles. Cuba sería ideal, pero hay un pragmatismo cubano que puede llegar a limitar su libertad de movimiento. La lista de anfitriones útiles y dispuestos no es muy larga.
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Las arqueólogas (Lima, AUB, 2021). Próximo poemario, Un chifa de Lambayeque. Acaba de reeditar la novela policial Pólvora para gallinazos (Lima, Vulgata, 2023).