Ahora que por necesidad prestamos mucha más atención a las bandas de criminales, empezamos a notar algunas cosas. Una de ellas es la presencia pública de la familia en algunas de ellas. Al grado que algunas usan la palabra familia en su nombre, un timbre de cierto orgullo. ¿Son chapas puestas por la policía, o son efectivos lazos en la delincuencia?
Probablemente las dos cosas, y las historias de esa relación son necesariamente diversas, y es muy poco lo que sabemos sobre ella. Pero en términos generales llama la atención lo bien librados que parecen resultar los parientes de hampones capturados o siquiera detectados. Sin duda este es material para un censo.
En el caso de los sicarios, ¿la familia sabe a qué se dedica el joven motociclista de la casa? ¿Existe una forma de complicidad familiar que puede ir desde la vista gorda hasta el reparto de la ganancia? Es muy difícil que las actividades de una persona no sean detectadas por algunos de los familiares con los que vive. Allí hay poca delincuencia secreta.
Todas estas preguntas apuntan a la curiosidad por cuán difundida y cuán intensa es la solidaridad con los asesinos de este momento. Hay casos en que los policías han ido a un barrio a realizar una peligrosa detención, y han sido rechazados por buena parte del vecindario. No hay argumentos, solo un sentimiento.
Que una familia sea solidaria con uno de sus miembros que delinque es comprensible, hasta cierto punto. ¿Pero comparten su responsabilidad ante la ley? No automáticamente. ¿Esto último frenaría al criminal? El sicario mata sin problemas al pariente de otras personas, pero no afecta la situación de su propia madre o pareja , para poner un par de ejemplos.
Quizás si los familiares siempre fueran solidarios con el criminal violento ante la ley, algunas cosas cambiarían. Denunciar a un hijo en peligro de volverse un asesino (la droga y el dinero son indicios claros), o hacerlo para salvar a los demás hijos de la familia, es algo que entonces se podría ver. Ahora parece más frecuente el silencio del hampa.
Se conocen los casos en que los criminales van presos, cuando van, y dejan a la familia viviendo en la prosperidad que sus delitos han producido. ¿Cómo llamar a esos socios de sangre? ¿Cómo viajan por los cauces de ley los crímenes sangrientos?
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Las arqueólogas (Lima, AUB, 2021). Próximo poemario, Un chifa de Lambayeque. Acaba de reeditar la novela policial Pólvora para gallinazos (Lima, Vulgata, 2023).