Un golpe blando. La frase de Dina Boluarte es elocuente. Habla de la importancia que tiene para ella su criticado ministro del Interior. Pero también habla del sentimiento de fragilidad que la embarga. Luego está su percepción de la justicia y la prensa peruanas como ilegítimas, y es obvio que le parece bien que sus ministros las ataquen.
La palabra G viene dando vueltas un buen tiempo. El golpista Pedro Castillo no ha dejado de acusar a Boluarte de exactamente lo mismo. La base de la acusación de Castillo es que Boluarte no se dejó golpear. Ahora ella acude a la palabra para acusar a una justicia y una prensa que sienten a la institucionalidad democrática en peligro, y lo dicen.
A pocas semanas de la convocatoria a elecciones, el gobierno está compuesto de numerosos pactos, algunos evidentes y otros disimulados. En conjunto todos esos pactos le están torciendo el brazo a importantes leyes del país, en la economía, en la propia justicia, en los privilegios del poder político, entre muchas otras.
Quien ha venido dando un golpe lento es la propia Boluarte, y este ha consistido en unir e intercambiar los poderes Ejecutivo y Legislativo, dejando cada vez más fuera a los demás. Con ese esquema se ha logrado operatividad corruptiva, postergación de ajustes de cuentas con la ley, en la idea que eso equivale a impunidad.
El ministro del Interior y Vladimir Cerrón son quienes con más claridad encarnan la naturaleza del poder boluartista, como un cúmulo de acciones sospechosas, por decir lo menos, pasadas por alto. Boluarte nos está diciendo que buscar su renuncia equivale a dar un golpe de Estado. También está diciendo que piensan quedarse juntos hasta el final.
Estos personajes se mueven demasiado si consideramos que en poco más de un año dejarán el gobierno, y que mucho antes de eso pasarán a la categoría de patos cojos, y de allí a mayores cuestionamientos. ¿Qué es lo que justicia y prensa estarían intentando golpear en la figura de políticos tan cuestionados e impopulares?
Lo que estaría flotando en el ambiente, se dice, es un verdadero terror de Boluarte a tener que dejar el gobierno antes de la fecha establecida. Eso lo puede producir el Congreso, no el Poder Judicial o la prensa. Pero sobre todo lo puede producir ella misma, con frases infelices como la que acaba de lanzar, de la mano de su ministro.
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Las arqueólogas (Lima, AUB, 2021). Próximo poemario, Un chifa de Lambayeque. Acaba de reeditar la novela policial Pólvora para gallinazos (Lima, Vulgata, 2023).