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La prevalencia de la angustia, por Jorge Bruce

Resulta cansino y deprimente insistir, semana tras semana, con estas noticias de descalabro y abandono. No se trata tan solo de incompetencia gubernamental

En epidemiología, el término “prevalencia” se utiliza para designar la proporción de personas que sufren una enfermedad con respecto al total de la población en estudio (DRAE). No creo que haga falta realizar una investigación para saber que, en el Perú de hoy, una mayoría de personas experimentan angustia por el mero hecho de vivir aquí. Lo cual aumenta, demás está decirlo, si quien experimenta este afecto de características negativas y dolorosas está desprovisto de los privilegios de habitar en zonas protegidas de la ola de criminalidad que nos sumerge. Por ejemplo, leo en La República, en un artículo de Óscar Chumpitaz, que más de 300 colegios han debido clausurar sus actividades por la extorsión.

Detengámonos un instante en este dato, proporcionado por Giannina Miranda, representante del colectivo Educar con Libertad. El colegio Alfred Nobel de Comas anunció que cerraba sus puertas porque una banda les exigía pagar un cupo de sesenta mil soles mensuales. ¿No es esto la antítesis de educar con libertad? Trescientos colegios han debido cesar sus actividades por las actividades de organizaciones criminales que operan, ellos sí, con total libertad.

Mientras tanto, el Gobierno, en particular el ministro del Interior, responde con frases huecas como declarar zonas de emergencia o alardear capturas de bandas criminales. Todo lo cual solo es real en la mente del señor Santiváñez, pues una y otra vez se demuestra que sus afirmaciones son falsas. La última de estas fantasías es la desarticulación del célebre Tren de Aragua en el Perú. Alonso Zambrano, en Hildebrandt en sus Trece, explica que la propia policía lo ha desmentido: “La Fiscalía del Crimen Organizado y la Policía han identificado dos nuevas facciones de la ‘transnacional’ venezolana que operan con absoluta impunidad en las calles de Lima”.

Resulta cansino y deprimente insistir, semana tras semana, con estas noticias de descalabro y abandono. No se trata tan solo de incompetencia gubernamental. Ojalá fuera el caso. La situación se agrava, hasta tornarse crítica, porque las fuerzas del orden están abocadas esencialmente a proteger a las autoridades investigadas por una corrupción flagrante y galopante. Además de cachuelearse, en muchos casos, colaborando con las citadas organizaciones criminales.

Esto es lo que acaba de experimentar el librero Paco Sanseviero, heredero del legado de sus padres en la librería El Virrey, en Miraflores. Recibió una llamada de extorsión. La publicó en X (antes Twitter) con grabación y número telefónico. Acudió a la policía y la comisaría le respondió que se dirigiera a la DIRINCRI. Todos entendemos de qué se trata. A mí ni me mires. Circula nomás. ¿Vamos a repetir con las librerías lo que ya está sucediendo con los colegios?

Podríamos seguir enhebrando ejemplos de este abandono y desprotección hasta el infinito. Regresemos a la teoría sobre la angustia. En 1926, Freud escribió que una situación traumática, en la cual la persona se encuentra ante una cantidad de estimulaciones que no puede descargar ni controlar, cae en una situación de impotencia absoluta (Marvin Hurvich, Diccionario Internacional de Psicoanálisis). En los casos extremos, este proceso psíquico desemboca en lo que se conoce como angustia de aniquilación.

PUEDES VER: Los efectos del abandono, por Jorge Bruce

Los discursos triunfalistas de los ministros, como el de Educación, el del Interior o la propia presidenta de la República —a quien sus patrones parecen haber ordenado salir a dar la cara intervenida—, tan solo empeoran la experiencia de desamparo de los peruanos de a pie. No es un abuso del lenguaje afirmar que estamos viviendo un proceso de descomposición social traumático. Lo cual empeora ante la perspectiva del futuro, en donde nadie con cierto apego por la verdad puede augurar una mejoría. Más bien, todo indica que esta experiencia depredadora del Estado, sin tener que sufrir las consecuencias, servirá de aliciente. ¿Para quién? Para los representantes de las pulsiones más destructivas de nuestro lazo social. Solo que ahora llegarán más preparados y organizados.

Por extraño que parezca, lo único rescatable de la situación actual es que la incompetencia que se observa en el manejo de la cosa pública se repite en el manejo político. Hasta para proferir mentiras se requiere un mínimo de credibilidad. Por eso ninguna autoridad goza de una aprobación mayoritaria. La angustia prevalece, pero el repudio también. Esta es, a pesar de ser una energía negativa, una potencial esperanza.

La angustia, aún tan grave como la que estamos padeciendo, puede ser trabajada y contenida. Independientemente de las acusaciones que pesan sobre el expresidente Vizcarra, es indudable que logró ocupar el lugar de una figura paterna en el país. Esto es algo que no ha sido olvidado por muchas personas. Para dejar en claro que no lo estoy promocionando, pienso que algo de eso también ocurrió con Alberto Fujimori, pese a los graves crímenes que le probaron en juicios impecables.

Cuando la gente está desesperada, como lo estamos los peruanos, es casi inevitable que surja la figura mesiánica del salvador de la patria. Esto es peligroso. Por eso, cuando afirmo que la angustia social requiere procesamiento y contención, me refiero al trabajo político de figuras rescatables —no pidamos tanto— y no populistas y demagógicas. Estas, me parece, podrían ser las coordenadas en las que se juegue la próxima elección. Es cierto que lo caótico de las innumerables opciones inscritas —lo cual es un síntoma de las angurrias que pululan— hará la tarea del elector mucho más compleja.

Jorge Bruce

El factor humano

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".