Paolo Tizón: "Es irónico que haya un respaldo internacional al cine peruano y que el fomento a la cultura esté dañado en el país"
El cineasta peruano estrenó en EE.UU. el documental Vino la noche y compite en el Festival de Málaga. "Hay un atentado contra los derechos culturales en el Perú", declara.

Paolo Tizón es uno de los directores que en el último año ha llevado el cine peruano a festivales internacionales. En el Festival Karlovy Vary 2024, en República Checa, donde se estrenaron películas de figuras como Viggo Mortensen, Vino la noche ganó el premio especial del jurado y el premio FIPRESCI. Su ópera prima, un documental sobre un grupo de jóvenes que se prepara para combatir en el VRAEM, acaba de proyectarse en Nueva York, como parte del festival de documentales, MoMA.

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“Eligen las películas más representativas del último año”, nos responde por teléfono sobre el festival organizado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. “Se eligen alrededor de 30 o 20 películas, tal vez. Claro, de los cientos (filmes) que han visto. Uno no postula, ellos hacen una búsqueda interna y eligen. Sabemos que Heddy Honigmann, la cineasta peruano-holandesa (fallecida en 2022), también participó en alguna edición. Que esté una película peruana es una cosa rara y especial que nos pasa”.
Este viernes, Vino la noche se estrena en España en la sección de largometrajes documentales del Festival de Málaga. Los reconocimientos coinciden con la aprobación de una ley (hoy en votación en el pleno) que deja la puerta abierta a la censura y que pone en peligro el financiamiento, sobre todo, para el cine regional. “Parece que las instituciones ya no pertenecen a las personas, sino que responden a una agenda de poder”, sostiene Tizón acerca de las propuestas del Congreso y acciones como la cancelación de un ciclo de cine gratuito en el Lugar de la Memoria (LUM). “Hay un atentado a los derechos culturales en el Perú. Una sociedad verdaderamente democrática permite que las obras sean críticas”.
Vino la noche es una película ‘festivalera’. ¿Cómo logran confirmar su asistencia?
Llegamos por iniciativa del festival, que asume los gastos de transporte y alojamiento porque tiene esa capacidad económica. Pero hay otros festivales, como el de La Habana, donde hemos ido con nuestro propio dinero. Otros países van con delegaciones mayores, o hay más apoyo de las embajadas, pero en nuestro caso es una combinación de un esfuerzo personal, de DAFO que algunas veces nos ha apoyado. Hay festivales que son en Asia y en Estados Unidos; resulta bastante caro.
El gremio de cineastas cuestiona que un sector de la política haya alimentado frases como: ‘háganlo con su plata’ o que “son películas que nadie ve”. ¿Es urgente, también, un espacio asegurado en los cines?
Me parece que es necesario que el marco en el que se exhiben las películas esté regulado y fomentado por el Estado. Todo este recorrido de festivales está súper bueno porque posiciona a nivel internacional, pero es importante que la gente de Perú vea estas películas. Y para eso es necesario tener una cuota de pantalla, como se gestiona en muchos otros países. Aquí casi todo el sistema está amañado para que te den muy pocos horarios, para que te saquen muy rápido de las salas, y eso es terriblemente grave porque ahí es donde se juega el encuentro entre la película y los espectadores. Me parece irónico que haya un respaldo internacional tan grande de las películas peruanas, pero que el contexto de fomento a la cultura en el Perú esté tan dañado. Es importante pensar también en estos aires de censura que empiezan a sentirse y estos ataques a la cultura que vienen por todos lados.
Vino la noche habla de “deshumanización”. ¿Estás del lado de los que piensan que un sector intenta “reescribir la historia”? Claro, más allá de los intereses comerciales.
Sí, a mí me parece que es un ejercicio grosero de borrar todo lo que se había avanzado respecto a ejercicios de memoria del conflicto armado interno. Yo creo que hubo un periodo en el que hubo esta perspectiva centrada en las víctimas, desde la CVR (Comisión de la Verdad y Reconciliación) y desde el Ministerio de Cultura; era una perspectiva incompleta, pero al menos era un primer ejercicio de acercarnos con seriedad a ese periodo tan terrible, pero ahora ha habido una remitida contra esas iniciativas. Creo que hay un intento ya descarado de hacer quedar a las Fuerzas Armadas como si hubiesen tenido un rol impecable durante ese periodo. La estrategia del ‘terruqueo’ forma parte de ese mandato de la ultraderecha en el Perú. Para mí, es fundamental que un país se confronte todo el tiempo con un ejercicio de memoria. Que repensemos las instituciones, que nos obliguemos a imaginarnos un país distinto.
¿Películas como Mujer de soldado podrían no realizarse con la actual ley? Recuerdo que decías que había que continuar con ciclos que aborden la historia.
Sí, pero hoy, incluso, hay gente tratando de manipular la narrativa y han encontrado, en este gobierno, el momento perfecto para llevar a cabo esta estrategia de reivindicación del ‘fujimorato’ con descaro. Es una reivindicación de cómo actuó el Estado, de obviar todos los crímenes que hubo y hay una estigmatización muy profunda de las personas militantes de cualquier partido de izquierda.