Científicos descubren abismos profundos que llevarían a un océano oculto en una de las lunas de Urano
Investigadores identificaron grietas en la luna Ariel de Urano que podrían revelar la existencia de un océano, respaldando teorías sobre la actividad geológica en lunas heladas.
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Un equipo de científicos detectó profundas grietas en la superficie de Ariel, una de las lunas de Urano. Estas formaciones geológicas podrían ser la clave para confirmar la presencia de un océano bajo su corteza, una teoría que ha ganado fuerza con los nuevos datos obtenidos por telescopios espaciales.
El estudio, liderado por la geóloga planetaria Chloe Beddingfield del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, indica que los abismos en Ariel podrían ser producto de procesos tectónicos similares al "spreading" terrestre. Esta actividad interna podría estar relacionada con la resonancia orbital de las lunas de Urano, un fenómeno que genera suficiente calor para derretir hielo bajo la corteza.

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Las grietas en Ariel que encaminan hacia un océano
Ariel, una de las lunas más brillantes de Urano, presenta un terreno fracturado con profundas grietas. Según los datos recopilados por la sonda Voyager 2 en 1986 y los análisis recientes del telescopio James Webb, estas formaciones podrían ser evidencia de procesos internos activos.

Diagrama que ilustra el proceso de formación del centro de expansión tal como pudo haber ocurrido en Ariel.
Las fracturas, que atraviesan la superficie helada de la luna, muestran un patrón geológico característico de actividad tectónica. Beddingfield y su equipo descubrieron que, al unir digitalmente los bordes de estas grietas, las estructuras coincidían perfectamente, lo que sugiere que se formaron por una separación progresiva del terreno. Este fenómeno es similar al que ocurre en las dorsales oceánicas terrestres, donde el material del manto emerge a través de fisuras en la corteza.

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Evidencias de un océano bajo la superficie de Urano
Uno de los indicios más reveladores sobre la posible existencia de un océano oculto en Ariel es la detección de dioxido de carbono en las grietas de su superficie. Este compuesto, observado por el JWST, sugiere una interacción entre el interior de la luna y el espacio exterior, lo que indicaría actividad geológica reciente.

Un mapa de algunas de las características geológicas de la superficie de Ariel.
Los científicos creen que la resonancia orbital entre las lunas de Urano pudo generar suficiente calor interno como para derretir el hielo subterráneo, creando un entorno favorable para un océano subsuperficial. Este fenómeno también se ha observado en lunas como Encélado y Europa, donde la actividad interna permite la existencia de agua líquida bajo gruesas capas de hielo.
La exploración pendiente de Urano y sus lunas
A pesar de los avances en la observación astronómica, el estudio de Ariel y el resto de las lunas de Urano sigue siendo limitado. La última misión que exploró de cerca el sistema uraniano fue la Voyager 2 en 1986, y desde entonces, no se han enviado sondas dedicadas a su investigación.
La NASA y otras agencias espaciales han considerado misiones futuras para explorar Urano y sus satélites, incluyendo el posible despliegue de orbitadores y sondas de aterrizaje. Estas misiones podrían confirmar si Ariel alberga un océano subterrráneo y analizar la composición de sus grietas en detalle, respondiendo a preguntas clave sobre su evolución geológica y su potencial para la astrobiología.