Fue condenado a pena de muerte por asesinar a su esposa y se convirtió en un ‘santo popular’ en Arequipa: el caso de Víctor Apaza
El destino de Víctor Apaza, condenado a ser fusilado en el país, tuvo un giro inesperado al ser considerado una figura de devoción en la 'Ciudad Blanca'.
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En el Perú, la pena de muerte es un tema que genera constantes debates en el ámbito político, jurídico y social. Aunque la Constitución de 1993 permite su aplicación únicamente en casos de traición a la patria en tiempos de guerra y terrorismo, existen voces que abogan por su ampliación a otros crímenes graves, como el feminicidio y la violación de menores.
Uno de los casos que generó gran conmoción fue el de Víctor Apaza Quispe, quien fue condenado a ser fusilado por el asesinato de su esposa. Sin embargo, la complejidad de su historia radica en que pasó de ser recordado como un asesino a ser una figura de ferviente adoración: un 'santo popular'.
¿Quién era Víctor Apaza Quispe?
Víctor Apaza Quispe nació en 1932 en Arequipa. Llevó una vida marcada por la devoción religiosa y un fuerte sentido de justicia personal. Se desempeñó como pastor en Puno y, posteriormente, en su ciudad natal. Además, trabajó como sirviente para diversas personas. Solía cargar las andas en las procesiones y, en ocasiones, imponía castigos a sus familiares por los pecados que, según él, habían cometido.

Hallaron a su esposa con signos de violencia física y heridas causadas por piedras. Foto: Composición LR/ Executed Today/ Find a Grave
Sin embargo, su vida tomó un giro inesperado en 1969 cuando, dominado por los celos y la paranoia, asesinó a su esposa, Agustina Belisario Capacoyla. Según su testimonio, el crimen fue motivado por un sueño inquietante en el que creyó que ella lo había traicionado. A pesar de que su versión de los hechos difería de la presentada por su defensa, el tribunal lo declaró culpable y lo condenó a la pena de muerte.

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¿Cuándo fue ejecutado Apaza Quispe?
El 17 de enero de 1971, Víctor Apaza Quispe fue ejecutado por fusilamiento en la prisión de Siglo XX, en Arequipa, a los 39 años. Aceptó su destino con resignación, aunque intentó obtener clemencia mediante una petición al dictador Juan Velasco Alvarado, la cual fue rechazada. En su última cena, pidió una hostia y, entre lágrimas, solicitó que le vendaran los ojos antes de enfrentarse al pelotón de fusilamiento.
Antes de morir, aseguró que siempre había dicho la verdad, reflejando una profunda angustia ante su destino. Poco después de su ejecución, el gobierno de Velasco Alvarado abolió la pena de muerte en el Perú. Sus restos fueron sepultados en el Cementerio General de La Apacheta, en Arequipa, donde comenzó a surgir un fenómeno inesperado.
¿Cómo se convirtió en 'santo popular'?
El fusilamiento de Víctor Apaza Quispe en Arequipa captó la atención de la población y generó un gran impacto. Como resultado, su entierro estuvo acompañado por una multitud de aproximadamente 2.000 personas, lo que reflejó el interés y la conmoción que su historia despertó en la comunidad.

Víctor Apaza Quispe es considerado un ‘santo popular’ en la Ciudad Blanca. Foto: Facebook
Así, a pesar de su condena, Víctor Apaza Quispe se convirtió en una figura venerada por algunos habitantes de Arequipa, quienes comenzaron a visitar su tumba y a rendirle homenaje. Este culto inesperado ha perdurado por más de cinco décadas, desafiando las expectativas y la desaprobación de la Iglesia católica.
A lo largo de los años, muchas personas han acudido a su sepultura en busca de milagros y para rendirle homenaje, transformándolo en una suerte de santo popular a pesar de su trágico pasado.
¿Quién fue la última persona ejecutada en Perú bajo la pena de muerte?
Vargas Garayar fue la última persona a la que se le aplicó la pena de muerte en Perú, el 20 de enero de 1979. La pena de muerte se podía aplicar en Perú por delitos como traición a la patria y homicidio calificado.