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Todo es político, por Paula Távara


La semana pasada Lima vio, luego de una larga sequía de grandes movilizaciones, una marcha multitudinaria contra la inseguridad que, según cálculos del politólogo Omar Coronel, habría superado las 15mil personas.

Las imágenes de la avenida Abancay rebosante de manifestantes circularon con fuerza, principalmente aquellas en que diversos artistas nacionales, sobre todo cantantes y músicos, caminan y alientan hombro con hombro con ciudadanos y ciudadanas de a pie bajo el lema #noqueremosmorir.

La amenaza de esta protesta multitudinaria había llevado ya por la mañana a que diversas bancadas parlamentarias cambiasen el respaldo al ahora exministro del Interior José Santiváñez por un voto de censura en bloque. La movilización, por tanto, se daba en un espíritu de triunfo, de defensa de lo ganado y exigencia de más.

Sin embargo, durante los días previos, y con mayor fiereza la noche previa a la movilización, se pretendió desacreditarla y desinflarla aduciendo que era “una movilización política”. Boluarte intentó lo mismo ante el estallido social de 2023, cuando dijo que no entendía que le estaban pidiendo, que la protesta era solo política. Fue tanta su incapacidad e entender y tan fallido su intento de deslegitimar, que solo pudo apagar la protesta con balas y sangre.

Pero ese intento de instalar el cuco de la política no funcionó. Una hermosa imagen de esta inmensa protesta ha quedado para la historia, una banderola gigante que grita a viva voz “todo es político”.

Pero ¿qué es la política? No voy a intentar resumir en una columna lo que desde la filosofía política y la ciencia política lleva siglos analizándose y reflexionándose; sin embargo, creo que es posible plantear algunos puntos de relevancia.

Lo primero, que la palabra política, tiene su origen en la palabra griega polis, que muchas veces se traduce como ciudad, pero sería más adecuado denominar comunidad. Así, la política se vincula con la forma en que se establecen relaciones, acuerdos y poder en la vida en comunidad.

Esto se condice también con lo que Hanna Arent plantea en su libro ¿Qué es la Política? (Paidós, 1997). Allí, Arent señala que la persona, en tanto unidad, no tiene en su esencia la política. “La política surge entre y se establece como relación”.

Es decir, es posible declarar a-política tu esfera interna y personalísima, tu diálogo interior, pero la relación entre personas, nuestros vínculos estarán mediados por la política.

Así, lo que sentimos en el alma quizás se exonere de la categoría de político, pero persistiré en que, en cuanto lo expresamos hacia el exterior, en cuanto algo de ello se vuelve palabra o acción, pasa a ser político.

Creo importante también poner sobre la mesa que la polisemia que la palabra política tiene en castellano lleva en más de una ocasión a la confusión y favorece a los promotores de la a-política.

La ciencia política anglosajona, distingue tres palabras en inglés para tres acepciones de “política”:

En primer lugar, esta polity, para el sentido de “comunidad”, el más cercano a la palabra griega polis y a la reflexión de Hanna Arent que cité antes. Este término es usado a menudo para hablar de formas de organización o gobierno y con el concepto de Estado.

Luego está la palabra politics, que describe el juego de poder y las dinámicas entre actores. De esta se desprenden palabras como politicians, que los actores políticos o cargos de representación que llamamos a menudo “los políticos” o “la clase política”, o political que se relaciona con “el sistema político” o también con “los partidos políticos”.

Y finalmente, está policy, palabra que describe los planes que los gobiernos u organizaciones diseñan para orientaar y ejecutar su actuación y logro de resultados. Cuando hablamos desde el Estado hablamos de “políticas públicas” sean de educación, salud, economía y, por supuesto, seguridad y lucha contra la criminalidad.

He querido hacer esta distinción de la palabra política porque permite abarcar todo lo que la política y lo político abarca, y por tanto la relevancia de abrazar el término sin tapujos.

¿Estamos hartos de vivir en comunidad? ¿sería posible construir islas para vivir en absoluta soledad? Porque es importante señalar que incluso al interior de nuestras familias se configura una organización de tareas, vínculos de autoridad o poder y normas de convivencias. Es decir, que incluso la esfera privada de nuestra vida tiene una “política”.

Daniel Innerarity, en su libro La libertad democrática (Galaxia Gutenberg, 2023), señala que “con mucha frecuencia los humanos planteamos reclamaciones contradictorias o formulamos expectativas que no son compatibles. La relación entre la ciudadanía y sus gobernantes está llena de paradojas de este estilo”

Queremos seguridad y un alto al crimen y eso solo puede lograrse con políticas públicas, pero ¿quiénes hacen esas políticas? Si, “los políticos”. Por tanto, no es posible desvincularnos de ese conjunto de personas dispuestas a disputar el poder para ser quienes organicen la organización y las políticas del país.

Cada lustro esa vinculación es electoral, y resulta que llevamos décadas de que los resultados de esa elección no hagan sino decepcionarnos. Pero no podemos permitir que se pretenda limitar la acción política a ese momento electoral.

Es esencial reconocer que TODO (o casi todo, como hemos visto) es político, en todas y cada una de sus acepciones. Avergonzarse o negar la política sólo alimenta y fortalece a quienes se han adueñado de la política. Son ellos quienes quieren que la rechacemos, así hay más para ellos. Esa es su motivación. Su política. Así de simple.

Paula Távara

Politóloga, máster en políticas públicas y sociales y en liderazgo político. Servidora pública, profesora universitaria y analista política. Comprometida con la participación política de la mujer y la democracia por sobre todas las cosas. Nada nos prepara para entender al Perú, pero seguimos apostando a construirlo.