Alejandro Muñante escribió: “Las que no pueden definir lo que es MUJER, están asustadas porque ahora les vamos a enseñar a hacerlo”. La frase era en respuesta a Diana Miloslavich, exministra de la mujer. Ella criticaba un proyecto de ley presentado por Muñante que “busca interpretar la palabra género para que se refiera solamente a hombres y mujeres”.
Primero ¿qué puede “enseñarnos” Alejandro Muñante? Nada en realidad. La frase del señor es la de un mandón de barrio que cree que puede amedrentar a las mujeres de su cuadra. La frase “yo te voy enseñar” se usa en el contexto peruano para escarmentar a alguien, es decir, lo opuesto al recurso razonable del diálogo.
La frase no intimidó, antes bien retumbó como una cacofonía en redes sociales porque estaba fuera de sitio. La frase contiene una forma autoritaria de decidir sobre los asuntos públicos y va de la mano con una “ideología” (sí, ideología) conservadora anti-enfoque de género. Ideas que pertenecen al pasado. Un ripio del siglo pasado que se niega a morir.
Mientras en el mundo entero los países adoptan el enfoque de género en sus escuelas, construyendo y ensanchando democracia, el señor Muñante pretende llevar al Perú al “exclusivo” club de países del velo y el rezo. ¿Qué otros países niegan el enfoque del género? Irán, Yemén, Sudán, Afganistán, etc.
El señor Muñante no alcanza a distinguir entre “sexo” y “género”; esto es grave en un congresista. A decir verdad, no es que Muñante desconozca del todo que, más allá de lo biológico que identifica a un hombre y mujer (sexo), exista una dimensión simbólica, las sexualidades, sensiblidades y los roles en la sociedad que son considerados “propiamente” masculinos y femeninos (género).
En declaraciones públicas, Muñante ha dicho: “Todos nacemos hombres o mujeres independientemente de los gustos o preferencias que podamos desarrollar en la vida”. Ahí está el detalle, el congresista de Renovación Popular admite en esta frase que además de lo biológico existen “gustos o preferencias que podamos desarrollar en la vida”. No termina de darle nombre, pero reconoce que existe esa otra dimensión simbólica que nos diferencia de los autómatas. Intuye probablemente que las sociedades moldean o sugieren “gustos o preferencias” a hombres y mujeres. En definitiva, Muñante no es del todo ajeno al concepto de “género”.
Pero sucede que, con frecuencia, personas que tienen la evidencia empírica de algo (p.ej. los “gustos” y “preferencias” que se desarrollan más allá de lo biológico), censuran ese hallazgo, al punto de no poder darle nombre. Ese el caso de Muñante, alude al género pero no le da nombre. Lo que nos remite a la experiencia del Inca Garcilaso que cuenta que no podía “ver” o reconocer las figuras negras de la constelación quechua, “y no las supe ver por no saberlas imaginar”.
Es muy difícil pensar en que personas como Muñante, tomadas por ideas religiosas fundamentalistas y desde el ejercicio del poder, puedan tomar la sensibilidad de Garcilaso para intentar imaginar eso que existe delante de sus ojos.
Sin embargo, no es tarde para otros hombres y mujeres. Aunque, no es una tarea fácil. En la sociedad peruana, la mujer en el escenario familiar se asocia con el servicio domésstico a varones. En la mayoría de hogares, ella pone la mesa y lava los platos (la esposa, la compañera o la empleada del hogar), ¿cómo esperar entonces que a esa misma mujer se le reconozca el pleno rol de ciudadana? Si solo el hecho de opinar distinto del marido (el “jefe de familia”) es considerado una disrrupción, una falta de respeto incluso. ¿Qué sucede entonces cuando una mujer participa de una discusión pública? Lo previsible, en varones suele crearse una sensación de incomodidad al no estar habituados a aceptar mujeres en situación de igualdad.
Cuando los límites de los varones son tan cortos en su relacionamiento con mujeres, la sensación de que esas mujeres son “respondonas” o que se les “pasa la mano” son mayores. Muchos de esos varones siguen apegados a un orden viejo, que celebraba la “discresión” femenina.
En definitiva, si Alejandro Muñante pretende “enseñar” cosas a mujeres, es porque además de la confusión mental que tiene sobre sexo y género, expone una falta de habilidades de socialización para lidiar con mujeres fuera del ámbito doméstico. La exasperación de Muñante quedó registrada: amenaza con “enseñar”, escarmentar a las mujeres que exigen enfoque de género, que es el abc de la vida democrática.
Cuando se vaya este gobierno, una tarea fundamental es retomar el enfoque de género en las escuelas. Desarrollar habilidades de socialización en los chicos y chicas. Formar a nuevas generaciones que se pasen el mandil unas a otros. Con chicos que dejen la palabra a las chicas sin cortapisas ni miedos. Nada extraordinario, lo habitual en cualquier democracia.
Socióloga y narradora. Exdirectora académica del programa “Pueblos Indígenas y Globalización” del SIT. Observadora de derechos humanos por la OEA-ONU en Haití. Observadora electoral por la OEA en Haití, veedora del Plebiscito por la Paz en Colombia. III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro por “El hombre que hablaba del cielo”.