Cierre de USAID: entre la geopolítica y los “costos” humanos, por Irma del Águila

A mucha distancia del espectáculo penoso de los energúmenos de la derecha más reaccionaria, se ha discutido sobre el sentido de la presencia misma de USAID en el Perú. 

Hace unos días, La Encerrona indicó que fondos de USAID que iban al Programa Mundial de Alimentos abastecían a unas 2,000 ollas comunes en el Perú. Se trata de unas 81,000 niñas y niños, mujeres y hombres que viven en condiciones de gran precariedad, que hoy y mañana pueden perder su ración de comida diaria.

La ONG Capital Humano y Social (CHS) con financiamiento de USAID y otros cooperantes saca adelante programas para combatir la trata y explotación sexual de niñas y adolescentes que alcanza cifras alarmantes en Perú. A la fecha, CHS reporta que casi 2,000 víctimas de trata han logrado escapar, han sido rescatadas y/o reciben “asistencia y protección legal gratuita y especializada”.

Dos programas entre otros muchos programas (sobre cultivos sostenibles, educación sexual, derechos humanos, manejo de cuencas, créditos a mujeres emprendedoras, etc.), que revelan la magnitud del impacto que tendrá la suspensión de la ayuda por el cierre del USAID en la vida de miles de peruanos y peruanas que viven en vulnerabilidad extrema. Una podría esperar que, ante el intempestivo fin de los programas, una discusión se hubiera abierto en el país.

Lejos de eso. Lo que hemos visto en estos días es lo que tenemos: Rafael López Aliaga hace un circo sobre cuestiones que merecen ser tratadas con seriedad; en un canal de TV dispara sandeces contra la ONG Manuela Ramos que hace 15 años no recibe fondos de USAID y que rinde cuentas de cada centavo gastado no solo ante la agencia norteamericana sino ante el Estado peruano (APCI, SUNAT, etc.). No importa, algo queda.

Alejandro Muñante de Renovación Popular propone “investigar” los fondos de USAID en el Perú. ¿Investigar qué? Quiere saber si se han gastado “miles de millones” de dólares en “promover una ideología contraria a los intereses de los peruanos”. ¿Puede un congresista decidir qué “ideologías” son “contrarias a los intereses de los peruanos”? Claro que no. Son más sandeces relacionadas con sus propios cucos “ideológicos”, propios del siglo XIX.

A mucha distancia del espectáculo penoso de los energúmenos de la derecha más reaccionaria, se ha discutido sobre el sentido de la presencia misma de USAID en el Perú. Una discusión sin duda importante. Desde algunas posiciones de izquierda se ha criticado con razón el historial injerencista ligado a esta agencia desde su fundación en los1960.

No se puede sino estar de acuerdo con la crítica anti-imperialista y la denuncia de iniciativas dentro de la agencia que han apuntalado intereses norteamericanos. Sí. Aunque, hay que decir que, en realidad, todos los países de la cooperación internacional, todos sin excepción, buscan apuntalar sus intereses en el país receptor de la “ayuda”. Y ya no digamos los condicionamientos que imponen los organismos financieros internacionales (FMI, Banco Mundial) o el Banco de Desarrollo Chino. El mundo de las relaciones internacionales es un mundo en constante pugna geopolítica. A menos que se plantee seriamente que el Perú viva en la autarquía, por fuera de la globalización, seguirá recibiendo presiones de agencias y de inversionistas norteamericanos, chinos, franceses, y un largo etc.

¿Qué hacer entonces? La única forma de que el Estado peruano mantenga un margen de maniobra en la maraña de intereses globales en nuestro territorio (chinos, norteamericanos, chilenos, europeos, etc.) es sentando lineamientos de política nacional que pongan un cauce a la ayuda de la cooperación internacional y de organismos multinacionales; que esos fondos acompañen y complementen los esfuerzos estratégicos nacionales. Esto es lo que hace cualquier estado moderno y democrático en el mundo. El gran reto sigue siendo entonces construir un estado nacional digno de ese nombre en el Perú.

Mientras tanto, el impacto que tiene el cierre temporal de USAID en la calidad de vida de miles de peruanos sin ninguna posibilidad de que este gobierno incompetente se haga cargo pasa desapercibido, ignorado de todos o casi. En las discusiones sobre la geopolítica, entre quienes favorecen la hegemonía de Estados Unidos o de la China, que auspician la presencia del USAID o la Ruta de la Seda no parece haber interés en ocuparse de los “daños colaterales” humanos. Son nadie en el tablero.

Ciertas disputas retóricas sobre la hegemonía global en las que el país concreto no existe lindan con lo procaz.  Se discuten las “grandes” realidades, desde grandes distancias geográficas y emocionales, eso sí; ajenos al rumor de la calle.

Ojalá que en la campaña presidencial del 2026 surjan voces ciudadanas y fuerzas políticas interesadas en rescatar la empatía en la deliberación política (siguiendo a Martha Nussbaum y otros). Un mínimo de sentido de justicia y ética del cuidado sería ya una gran cosa en la política peruana.

Irma Del Águila

Por ahí

Socióloga y narradora. Exdirectora académica del programa “Pueblos Indígenas y Globalización” del SIT. Observadora de derechos humanos por la OEA-ONU en Haití. Observadora electoral por la OEA en Haití, veedora del Plebiscito por la Paz en Colombia. III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro por “El hombre que hablaba del cielo”.