Marco Martos y la poesía
Dos escritores norteños conversan sobre la poesía, la libertad y Sarita Colonia. Marco Martos acaba de publicar Canción del amante de la libertad.

Escribe: Eduardo González Viaña
Hace un par de años, cuando trabajaba como agregado cultural, organizaba reuniones dominicales en el parque del Retiro de Madrid, con jóvenes españoles y peruanos, para ensayar canciones y danzas peruanas y hablar sobre la patria distante.
Se me ocurrió preguntar a esos jóvenes qué era, en su opinión, la patria. Una muchacha hispanoperuana, Clara Yucra, me respondió que había visto pocas veces el Perú, pero que lo amaba porque creía que aquel era un lugar para construir todos sus sueños.
Aludía Clara a un poema que habíamos colgado en una pared del consulado.
“No es este tu país
porque conozcas sus linderos,
ni por el idioma común,
ni por los nombres de los muertos.
Es este tu país,
porque si tuvieras que hacerlo,
lo elegirías de nuevo
para construir aquí
todos tus sueños”.
El autor, Marco Martos, piurano de mi generación, me había dicho algo similar cuando nos conocimos. Aunque no lo mencione siempre, el hogar, la niñez, el calor de Piura y los árboles de la plaza de Armas, con sus sombras y sus luces, estaban siempre presentes en su poesía.
Algún tiempo después, leí una entrevista suya en la que decía: “Hay algo de esa época que llevan los científicos y los artistas durante toda su vida, es el sentido de la curiosidad por lo nuevo, el asombro frente al mundo. Pero también, como dice Sábato, la infancia es la patria de la cual nos han desterrado”.
Con Marco nos unen muchas cosas. Hemos ganado algunos premios literarios, al mismo tiempo, pero acaso —como lo declara él— el lauro más importante fue el más pequeño, ganar los juegos florares universitarios, que no era solo de San Marcos sino de todas las universidades del Perú.
Por supuesto, como buenos cholos del norte, el primer reconocimiento fue ver nuestros nombres por primera vez en periódicos como La Industria de Piura y La Industria y El Norte de Trujillo.
¿Tiene algún papel la poesía? En tiempos como el presente, con ministerios de Educación y de Cultura atados al poder económico y a la estupidez por las colas o las orejas, cuesta trabajo pensar en eso, pero Martos habla con seguridad: “Yo creo que la poesía como la literatura en general, ayuda de una manera muy poderosa a conocer cómo somos”.
Marco Martos acaba de publicar Canción del amante de la libertad.
Este mediodía hemos almorzado juntos y he notado que otra vez las coincidencias nos persiguen. Hoy, lo que nos junta en el pensamiento y nos impulsa a escribir es la vieja, loca y permanente creencia en la libertad. De su más reciente libro, extraigo “La libertad, según Rosa de Luxemburgo: La libertad es para todos sin excepción posible. Si es para algunos es un viento perverso, un remolino inútil que daña a los diferentes. La libertad se desvanece en los privilegios”.
Ajedrecista desde niño, Marco me preguntó cuando estábamos en los postres:
-¿Sabes cuál es el mejor jugador de ajedrez de todos los tiempos?
No, yo no lo sabía. Entonces, él mismo se respondió:
-Moisés, porque fue el único al que Dios dijo “¡Tablas!”.
Por mi parte, sé jugarlo, pero no lo practico porque me falta paciencia. Un largo currículum indica que Martos sí la tiene. Al presidente de la Academia Peruana de la Lengua y profesor principal de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, le ha sobrado paciencia para publicar muchos libros asombrosos de poesía, y son tantos que no puedo ni mencionarlos. El talento, además, lo hace ingresar con éxito y alegría en el terreno de la narrativa, en la que, además, sobresale su excelente humor.
Recientemente, escribió un cuento sobre Sarita Colonia que ya tiene muchas versiones. Un malhechor arrepentido me narró la suya. Me dijo que estaba haciendo de taxista para recoger pasajeros y luego asaltarlos cuando un tipo, muy parecido a Marco Martos, subió a su carro y se sentó junto a él:
-¿Usted cree en Sarita Colonia? -preguntó Marco.
-Sí -fue la cortante respuesta.
-¿Y le ha hecho algún milagro?
-¡No, carajo!, pero a usted sí. Bájese en la esquina. Pensaba asaltarlo, pero Sarita lo ha salvado, tanto a ella como a mí nos fascina la buena poesía.