Cultural

Miguel Harth-Bedoya: “Hasta Hitler y Stalin usaron música que se adecuaba a sus políticas terroríficas”

En el 2024, el director de orquesta peruano hizo historia en el MET y conversa con La República sobre su trayectoria y la importancia de la música en la formación de las personas.

Miguel Harth-Bedoya. Foto: Michal Novak.
Miguel Harth-Bedoya. Foto: Michal Novak.

En el mundo de la ópera hay cuatro grandes pilares: The Metropolitan Opera (MET), la Scala de Milán, el Covent Garden de Londres y la Ópera de Viena. Es precisamente en el MET, en donde en octubre del 2024 debutó el director de orquesta peruano Miguel Harth-Bedoya con Ainadamar, ópera de Osvaldo Golijov sobre la vida de Federico García Lorca, lo cual supuso un hito en su trayectoria compuesta por casi 100 obras orquestales.

“Cuando el MET me dio la responsabilidad artística, me está dando la confianza de que tú vas a ser la persona encargada del éxito de esta producción de ópera, que era Ainadamar de Golijov, que la estrené en el 2005, hace 20 años. Y cuando decidieron poner esta ópera, ya sabían que me iban a escoger a mí y me dijeron te estamos preguntando a ti primero, porque si tú no puedes hacerla, entonces ahí buscamos a quién, pero tú eres la primera persona que hemos venido pensando en años cuando hagamos esta ópera. Lo siento como un reconocimiento a que si bien hice algo hace 20 años, todo lo demás que he hecho desde ese entonces ha mantenido una vigencia de interés musical y artístico a niveles que yo no esperaba. Porque en el fondo, yo hago las cosas sin esperar que eso me lleve a otro lugar, o que de esto voy a sacar esto, no, porque simplemente yo no veo la vida así.”, declara Miguel Harth-Bedoya para La República.

El director orquesta ha dirigido en distintas partes del mundo, salvo en África, y próximamente dirigirá a la Orquesta Sinfónica Nacional de México en el estreno de una obra de Gonzalo Garrido-Lecca. La voz de Miguel Hart-Bedoya proyecta seguridad, tiene ese tono del docente que habla claro y despacio, y la actitud de quien hace cosas mientras habla.

“Yo siempre estoy contento en donde esté haciendo música. La música tiene una fuerza mucho mayor de la que pensamos o sabemos. Si uno se pone a ver la historia, veremos que gente como Hitler y Stalin sabían de eso y usaron música que se adecuaba a sus políticas terroríficas y sacaron la música que causaba emociones contrarias. La música no es una cosa teórica, es una cosa práctica. Cuando alguien me dice yo no soy musical, no, no es cierto. Todas las personas son musicales porque el ser humano, para mí, este hecho de música. Todos tenemos un pulso en el corazón, todos tenemos ritmos, sino la coordinación de cosas no podría existir, incluyendo bailar, y el instrumento que es la voz. Cada uno tiene una voz única, ya sea hablando o cantando o emitiendo cualquier sonido. Entonces, el hecho de que no aprovechemos estos elementos como la música, la literatura, lo que fuere, es como quitarnos algo que es único a nuestra esencia y no estoy hablando ni siquiera de estilos porque a mí me gusta la música popular. Quítale al mundo un día de música, se vuelve un caos”.

Por lo dicho, es posible especular que Miguel Harth-Bedoya está abierto a todos los géneros musicales. Al respecto, señala: “En la música, lo increíble es que las opciones son más grandes que en la comida. Un día les dije a mis hijos, mientras hablábamos de la música que escuchan, que a Taylor Swift la conozco de cuando era una niña de 5 o 6 años, porque conozco a James Taylor que es su padrino. He trabajado con Art Garfunkel, Olivia Newton-John, Michael Bolton, con el cuarteto original de The Manhattan Transfer, con Pink Martini hoy en día. Si alguien me pregunta si es posible trabajar con Shakira, lo hemos conversado, pero no se ha podido”.

En este punto de la conversación, una pregunta resulta inevitable. Toda la música de Miguel Harth-Bedoya en calidad de director de orquesta está disponible en las plataformas musicales, del mismo modo los contundentes saludos críticos a su obra. En este orden de cosas, ¿no debería ser más conocido por estos lares? Lo del MET es un acontecimiento cultural: Juan Diego Flórez y Miguel Harth-Bedoya son los únicos peruanos que no solo han estado, sino que la han roto en el MET.  Miguel Harth-Bedoya es claro: “Si no me invitan, es porque hay gente mejor que yo. Yo he sido titular y cuando he tenido que invitar he convocado a los mejores, ese es otro factor y lo entiendo. La gente te conoce donde te quiera conocer. Mi música está internet para quien quiera escucharla”.  

Al igual que en la novela El conde de Montecristo de Dumas, ¿de dónde viene Edmundo Dantés, su protagonista? En este sentido, ¿cómo nace y se desarrolla la pasión de Miguel Harth-Bedoya por la dirección de orquesta?

“Mi pasión por la música ya es algo que lo he experimentado de manera directa. Intento que todos busquen esa pasión porque la pasión es la que te motiva y en cierta manera si no te ponen las guías, te hace buscar las guías que tú necesites. Yo tenía esta pasión por estudiar dirección de orquesta. En esas épocas, no había orquesta juvenil como las hay ahora y era más el ambiente vocal, coral, que existía en el Perú. Yo estaba en ese mundo porque mi mamá, Luchy González, es directora de coros y me crié en un ambiente domésticamente musical. Pero fue determinante el Teatro Municipal, donde trabajaba cuando estaba en cuarto o quinto de secundaria. Trabajaba como unos tres meses en las temporadas de ópera, pero como parte de la tramoya, no como músico. Y en esas épocas, Luis Alva era el director. Como yo era el único de la tramoya que leía música, porque yo había aprendido a leer música por mis clases de piano y violín, me echó el ojo y me comenzó a asignar diferentes cosas, como ser apuntador o ver la coordinación de las luces. Estar en un ambiente donde música, instrumentos, escenografía, vestuario, historia, idiomas y una persona dirigiendo ese mundo de tantos elementos fue el virus que me tocó. Al terminar la secundaria, sabía que quería estudiar dirección de orquesta y en Perú no había dónde hacerlo. No había otra opción que irse del país. Estamos hablando de un mundo donde el internet y el teléfono eran limitadísimos, el internet no existía y el teléfono era carísimo para llamar al extranjero, todo era por carta”.

Pero la música no es la única pasión para Miguel Harth-Bedoya. “Yo era mucho más literato que músico. A mí me interesaba mucho más la literatura como crítica. Me acuerdo de Luis Alberto Sánchez, el político, que era un gran literato. Recuerdo haber ido a sus charlas siendo escolar. La literatura era mucho más fuerte en esa época en el Perú. Si uno se pone a pensar, estaba Vargas Llosa (El hablador es uno de los libros más impresionantes que hay), circulaba Cien años de soledad de García Márquez, estaban los libros de Borges. Había más libros que grabaciones. La fuerza de la literatura a través del libro era muy superior comparado a la fuerza de la música en discos, en discotecas, por decirlo así, o tiendas de música comparadas a las librerías. A Arguedas y Ricardo Palma los releo. Uno también tiene que saber dejarse llevar por la lectura. Uno cuando lee y cree que lee cantidad, a veces no se deja llevar por la lectura. Y ahí es donde la relación entre el lector y el escritor es fundamental. Así es entre el compositor y el músico. El término clásico hay que sacarlo, confunde a las personas. Yo no tengo el talento creativo, para mí trabajar al lado de creadores es una experiencia única”.

Algunos datos finales sobre Miguel Harth-Bedoya: fue director artístico durante siete años en los 90 de la Filarmónica de Lima, creó la Compañía contemporánea de ópera y en la actualidad tiene un puesto vitalicio en Rice University de Houston. ¿Qué hay por delante?:

“Cuando salí del Perú, estaba Sendero Luminoso, la inflación. Estos eventos forman parte de las raíces de la adolescencia, eso no se quita nunca. Ahora que soy padre con hijos grandes y tengo alumnos, trato de darles, como enseñanza, raíces éticas, culturales y no solamente notas musicales, para que ellos tengan solidez en su área de estudios y luego tengan alas para que vuelen. Nada más. Si yo puedo lograr pasar eso a otros, creo que puedo haber cumplido una pequeña misión en el desarrollo de otras personas”.