En el Rímac, Barrios Altos y Cercado se gestó la buena comida que hoy conocemos al mismo tiempo que surgía la música criolla limeña.,No hay que ser un noventero u ochentero para recordar que en los barrios de la Lima antigua, las noches se animaban con intensas jaranas en las peñas y endulzaban con las carretillas que invadían las calles. Después de todo, es el Rímac, alguna vez llamado “Bajo el Puente”, la primera estación para revivir ese fervor por la música criolla y los potajes que se ‘picaban’ al paso. PUEDES VER: Los diez carnavales más pendencieros del Perú Generación del criollismo noches de intensa jaranas en una Lima de antaño. Foto: Difusión Así que cruza nomás aquel puente Trujillo para descubrir la estampa pintoresca que aún se conserva en los rincones del distrito que inspiraron a varios compositores al escribir homenajes al Rímac, “la cuna del criollismo”. Un refugio donde se vivió con espíritu jolgorio los valses, polcas, festejos y marinera. Ese es o fue el paisaje que se destapaban en las plazas, jirones, callejones y casonas donde la peruanidad se desbordaban por la boca de los maestros del criollismo: Montes y Manrique, quienes se forjaron con tremendas interpretaciones, convirtiendo las noches en bohemia: época en que la gente era más pisquera que cervecera, más bizarra para estar tomando solo en copas y más de barrio al momento de buscar la sazón popular de la gastronomía peruana. Lima Bruja. Documental que retrata a los herederos y guardianes actuales de la música criolla. Video: Lima Bruja Definitivamente, era imperdible que en el Rímac cada fin de semana se disfrutara con comida criolla propia de la capital, siendo los tamales, la merienda del día; las yuquitas, los bocaditos al paso; los anticuchos, la entrada del lonche; los picarones, el gustito al caer la noche y la mazamorra morada, el postre final. Barrios altos, barrios bajos Jarana actual. El garbo y salero limeño en medio de las celebraciones de la 'Ciudad de los Reyes' Foto: Difusión Pero en ese auge de las migraciones del campo a la ciudad (Siglo XIX y XX), mientras las mesas de los bares limeños se seguían llenando con cervezas artesanales y platos 'bien taipá', en los Barrios Altos de la ciudad de Lima también se forjaba un espacio para la creación del vals peruano al son de la guitarra, las cucharas y el cajón como una expresión musical costera con influencias criolla-afro-peruana. Y es que el vals criollo, como la conocemos, es la fusión de la migración española, la migración forzada de africanos, la influencia francesa y las costumbres urbanas que surgieron a orillas del Pacífico. Por eso en sus letras, el vals relata la rutina del costero-criollo que padecieron en los barrios obreros de la capital, tal como lo describe el poeta popular Felipe Pinglo Alba en su canción más conocida: El Plebeyo. Han pasado más de 70 años y no es extraño que en algunos sitios recónditos del Cercado de Lima, se reúnan los amigos para seguir celebrando la tradicional música limeña. Aunque sea a puertas cerradas, los cumpleaños, los aniversarios, los bautizos e incluso las fiestas religiosas son un buen motivo para no resistirse a escuchar un tema de Óscar Avilés, Chabuca Granda y Luciano Huambachano. ¡Que viva la jarana!