César Chávez, economista de UNMSM que trabajó en el FMI y estudia una maestría en Chicago: "Soy hijo de la educación pública"
El economista peruano cursó una maestría en Econometría Financiera en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y se desempeñó como asistente de investigación en la Universidad del Pacífico (UP).
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Por Marco Carrasco Villanueva
César Chávez Padilla es un economista peruano con una destacada trayectoria en economía y políticas públicas. Se graduó con honores en Economía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y obtuvo una maestría en Econometría Financiera en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI).
Trabajó por más de tres años en el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde participó en los Programas de Evaluación de Estabilidad Financiera en distintos países, incluyendo Suecia, Sudáfrica y varias naciones del Caribe. Posteriormente, se desempeñó como Research Fellow en la Universidad de Georgetown antes de iniciar su maestría en Políticas Públicas en la Harris School of Public Policy de la Universidad de Chicago, donde actualmente también trabaja como Research Fellow.
César, cuéntanos un poco sobre ti. ¿Dónde creciste y qué te motivó a estudiar economía?
— Nací en Huacho, pero crecí en Barranca, en el norte de Lima. Toda mi formación ha sido en instituciones públicas: escuela primaria, secundaria y luego San Marcos. Mis padres son profesores de colegios públicos, por lo que me considero hijo de la educación pública. Me mudé a Lima a los 17 años para postular a la universidad.
Inicialmente, mis padres querían que estudiara Ingeniería de Minas, ya que en ese momento había un auge en el sector minero, y en Barranca era común que los jóvenes estudiaran en la Universidad de Huacho y luego trabajaran en minería. Sin embargo, esa carrera nunca me convenció del todo.
Lo que me hizo elegir San Marcos fue un curso en la academia preuniversitaria, donde un profesor de historia nos habló sobre la universidad y su legado intelectual de más de 500 años. Eso me enamoró de San Marcos. Aunque mis padres tenían ciertas dudas—por la distancia, por la percepción de la universidad—finalmente aceptaron.
Postulé primero a Ingeniería de Minas, no ingresé y luego decidí cambiar a una carrera más afín a mis intereses. Me debatía entre Sociología, Antropología, Ciencias Políticas y Economía, pero finalmente elegí Economía porque combinaba el análisis social con la matemática, algo que me gustaba y en lo que tenía cierta facilidad.
Con el tiempo, descubrí que tomé la decisión correcta. Me apasiona analizar la sociedad desde una perspectiva económica, y fue algo que confirmé cuando comencé a dedicarme a la investigación.
San Marcos marcó el inicio de tu carrera. ¿Cómo fue tu experiencia allí y qué aprendizajes te llevaste?
— San Marcos me dejó muchas enseñanzas, y estoy muy orgulloso de haber estudiado ahí. Una de las cosas más valiosas que aprendí fue la importancia de la comunidad y la fraternidad. La universidad es un espacio muy solidario, donde conocí a compañeros de diversas regiones del Perú—de la selva, de Ayacucho, de Puno, de Tumbes—lo que me permitió comprender mejor la diversidad del país.
Académicamente, San Marcos es muy exigente, al menos en la Facultad de Economía. Recuerdo que la competencia por las mejores calificaciones era intensa, en parte porque el sistema incentivaba el esfuerzo: un buen promedio te permitía elegir mejores profesores y horarios.

Además de su labor en el FMI, César Chávez también ejerció como Research Fellow en la Universidad de Georgetown. Foto: César Chávez para La República
Sobre la UNI, estuve un año y medio en la maestría de Econometría Financiera. Fue una experiencia distinta porque la mayoría de mis compañeros eran gerentes de bancos o profesionales con experiencia en el sector financiero. En contraste con San Marcos, donde éramos jóvenes descubriendo el mundo, en la UNI compartía clases con personas que ya estaban establecidas en el ámbito laboral.
Me hubiera encantado culminar mi maestría, pero en el último trimestre ya estaba forjando mi carrera en Estados Unidos, por lo que no pude terminarla. Aun así, lo aprendido en la UNI fortaleció mis conocimientos en econometría y finanzas.
Trabajaste más de tres años en el FMI, participando en los Programas de Evaluación de Estabilidad Financiera en países como Suecia y Sudáfrica. ¿Cómo fue esa experiencia y qué aprendizajes te dejó?
— Antes de llegar al FMI, trabajé como asistente de investigación en la Universidad del Pacífico y realizaba mi maestría en la UNI. Buscaba oportunidades laborales para financiar mis estudios y vi una pasantía en el BID. Apliqué dos veces: la primera no fui aceptado porque mi inglés era muy básico, pero me preparé mejor y la segunda vez logré entrar al Summer Internship.
El BID fue mi primer contacto con organismos internacionales. Estuve dos meses en pensiones y mercados de capitales, luego me ofrecieron quedarme como consultor por casi un año. Fue una experiencia enriquecedora, pero al terminar mi contrato comencé a buscar nuevas oportunidades.
El FMI me contactó directamente. Mi jefe había visto mi CV y me ofreció una posición. Ahí pasé más de tres años, y fue donde crecí más profesionalmente. Trabajé en Programas de Evaluación de Estabilidad Financiera en países como Suecia, Sudáfrica y varias naciones del Caribe. En Suecia, por ejemplo, colaboré con el Ministerio de Finanzas, lo que me permitió ver de cerca cómo se diseñan y ejecutan políticas económicas a nivel gubernamental.
Otra gran lección del FMI fue la ética de trabajo y la capacidad de exposición ante expertos. Muchas veces tenía que presentar análisis técnicos a personas con mucha experiencia, lo que me obligó a mejorar mi comunicación y síntesis.
Ahora estudias en la Universidad de Chicago. ¿Cómo ha sido la transición de trabajar en organismos internacionales a especializarte en políticas públicas?
— El cambio ha sido significativo, sobre todo en términos de ambiente. Washington, D.C., donde viví cinco años, es una burbuja de multilaterales donde casi todos se conocen. Chicago, en cambio, es una ciudad enorme y diversa.
Hasta antes de llegar a Chicago, nunca había sentido la necesidad del networking, pero en la maestría entendí que mi vida profesional y académica hubiera sido más fructífera si hubiera sido consciente de su importancia. Aquí los estudiantes están constantemente conectando con profesionales, organizando reuniones y buscando oportunidades a través de su red de contactos.
Yo nunca fui muy bueno en eso, pero en este entorno me estoy esforzando en desarrollar esta habilidad. Es algo que puede marcar la diferencia en la trayectoria profesional.
Muchos jóvenes economistas aspiran a estudiar en el extranjero o trabajar en entidades como el FMI. ¿Qué consejos les darías para alcanzar estas oportunidades?
— Diría que hay tres claves fundamentales:
- Desarrollar habilidades cuantitativas. En economía, tener un buen manejo de econometría y análisis de datos es crucial.
- Aprender inglés. No solo leer y escribir, sino hablar con fluidez. Es esencial para trabajar en organismos internacionales.
- Ser abiertos a oportunidades. Muchas veces, los jóvenes descartan opciones porque no se alinean exactamente con lo que buscan. Yo entré al BID sin mucha expectativa y eso me abrió la puerta al FMI.
También recomendaría estar atentos a oportunidades en portales como los del FMI, BID o Banco Mundial.
Finalmente, la experiencia de trabajar en el extranjero, especialmente en estos organismos, me parece enriquecedora, sobre todo si piensas regresar a Perú para aportar con tu conocimiento técnico. La combinación de experiencia internacional y formación académica permite contribuir con nuevas perspectivas al desarrollo del país.
*Marco Carrasco es un economista peruano especializado en desarrollo internacional, estudios asiáticos y economía del comportamiento. Ha estudiado en la Universidad de Harvard y la Universidad de París 1 Panteón-Sorbona, y ha laborado para organismos como la OEA, OIT, UNICEF y consultoras en EE.UU. y China. Fue parte del equipo ganador global del NASA Space Apps Challenge 2020 y desde 2021 es Líder Local del evento en Lima. En 2022, fue seleccionado como Joven Académico para el Encuentro de Premios Nobel de Economía en Lindau, Alemania. Colabora con diversos medios nacionales e internacionales.
