El panetón que sí le gusta, por Maritza Espinoza


Tal vez un poco harta de que todo el mundo ande diciendo que hasta un panetón podría derrotarla en una hipotética segunda vuelta, doña Keiko Fujimori habría decidido ser ella misma quien elija al susodicho postre navideño, pero, obviamente, uno muy a su gusto y al cual sí podría devorar sin muchas dificultades.

¿Y cuál sería ese panetón? ¿D’Onofrio? ¿Winters? ¿Todinno? Nop. El panetón que a la tía le conviene es nada menos que Vladimir Cerrón: poca pasa, poca fruta, pero mucha elasticidad para los amasijos bajo la mesa, como ya lo ha demostrado hasta la carcajada cada vez que hace como que critica a su benefactora favorita, Dina Boluarte.

Sin ir lejos, hace un par de días, el reo menos buscado del país (ingenioso mote que le impuso Marco Sifuentes, de La Encerrona) ha salido a dar una entrevista en la que lanza un par de tibias críticas al gobierno de Boluarte, justo como para hacer la finta de que, no pues, él no es gobiernista, y aprovecha para mostrar sus (formidables) ganas de candidatear a la presidencia con la frase más manida de todas: que lo hará “con una fórmula presidencial que surja de sus bases”. Es decir, él mismo y cuatro ayayeros despistados.

Sin embargo, al día siguiente, todos los medios rebotaron las “importantes” declaraciones de quien, en términos reales, es un personaje irrelevante de la política peruana. Recordemos que su partido no obtuvo ni un solo gobierno regional en 2022 y, aunque llevó a Pedro Castillo a la presidencia el 2021, eso fue más producto de un accidente que consecuencia de un trabajo partidario mínimamente eficiente.

Por eso, la enorme tribuna que le dan, sobre todo los medios de derecha, es absurdamente desproporcionada. Que si tuitea alguna barbaridad día por medio, ¡pum!, titulares. Que si le aflojan la correa judicial, ¡paf!, otro tanto. Hasta tiene una columna en un periódico de esos que se hacen para figurar en los kioskos y una horda de trolls que pondría verdes de envidia a los porkytrolls.

¿Por qué tanta cobertura para quien tiene tantas posibilidades de ganar la presidencia como de llevarse un Nóbel? ¿No será que la intención es inflarlo para que vaya a la segunda vuelta con la tres veces perdedora y que, por fin, esta se dé el gustazo de mandar con mano propia ya que hacerlo con mano prestada (como lo ha hecho dos veces) ya resulta un toque rochoso?

Para entenderlo, viene bien escuchar con mucha atención las más recientes declaraciones del congresista de Fuerza Popular Ernesto Bustamante (conocido por sus fans como Dr. Salivita), quien, interrogado sobre las intenciones presidenciales del prófugo, dijo a la letra: “Bueno, si es liberado de las requisitorias que tiene actualmente, tendrá todo el derecho de participar”.

¡¡¡¿¿¿Cómo???!!! ¿Vladimir cerrón “tiene todo el derecho” de candidatear cuando don Salivita y sus secuaces han inhabilitado a medio mundo por mucho menos que una requisitoria? La doble moral es más evidente cuando el keikista, a renglón seguido, pronuncia esta frase desopilante: “No se debe eliminar políticamente a nadie como candidato, hay que derrotarlo en las urnas”. ¿Y Vizcarra? ¿Y Salvador del Solar? ¿Y Francisco Sagasti? ¿No han sido todos ellos inhabilitados al gusto y gana del pacto mafioso que gobierna?

Lo que es evidente a estas alturas es que el plan del fujimorismo para el 2026 es apostar por la estrategia de los pigmeos. Es decir, llenar la cédula de votación con tantos candidatos que todos obtengan votaciones ínfimas. Así, si mantiene el irrisorio 8% que sacó en primera el 2021, Keiko podrá pasar a segunda vuelta, como pigmea mayor, junto a su panetón favorito, el Cerrotón.

En ese escenario, no sería difícil llenar de levadura al dueño, ¡ejem!, líder de Perú Libre, meterle un poco de pasas y frutas, además de una solícita cobertura de medios genuflexos, ¡y voilà!, tener al mejor muñeco de trapo al que Keiko pueda dar una pateadura colosal y, de paso, cobrarse la revancha de tanto rechazo popular.

¿Y entraría Vladimir a ese juego? ¡Aaabviaaa! Si ya está más que amaestrado. No por nada, el fujicerronismo (fujiacuñicerronismo, si quieren ponerse puntillosos) ha dominado el congreso durante estos años, horneando en paz y armonía la torta de entripados, repartijas y leyes negociadas que han hecho del país el desastre institucional en que se ha convertido.

La jugada parece perfecta. ¿Se imaginan? Por fin Keiko se enfrentaría a un izquierdista salido de las cavernas y podría aglutinar a todas las derechas y, quién sabe, a algunas izquierdas, digamos, democráticas, que suelen trabarse y tartamudear apenas se les pide deslindar con las dictaduras de Cuba, Nicaragua o Venezuela.

Sin embargo, en ese “plan maestro”, se les olvida una variable y es que la gente los conoce demasiado. Todo el Perú sabe que ambos son las dos caras de la misma oxidada moneda y unos meses de campaña no borrarán las huellas del pacto mafioso del que han participado y en el que la señora de las mil cirugías no ha sido más que una dócil mandadera.

Maritza Espinoza

Choque y fuga

Periodista por la UNMSM. Se inició en 1979 como reportera, luego editora de revistas, entrevistadora y columnista. En tv, conductora de reality show y, en radio, un programa de comentarios sobre tv. Ha publicado libro de autoayuda para parejas, y otro, para adolescentes. Videocolumna política y coconduce entrevistas (Entrometidas) en LaMula.pe.