Los opositores de Claudia Sheinbaum han inventado un término imaginativo y contundente para describirla. La llaman “Presirvienta de la República”. Y la frase tiene que ver con el modo conciliador y solícito con que la mandataria mexicana trata a Donald Trump cada vez que éste amenaza con mandarle una nueva camionada de migrantes, algún nuevo arancel o una intervención en suelo mexicano contra los carteles de la droga.
Sin embargo, si hay una relación que se merece más que ninguna otra aquel apelativo, es la de doña Dina Boluarte con Keiko Fujimori, pues la lideresa de Fuerza Popular no podría tener a nadie más sumiso y acomedido que la señora que acude a Palacio en los tiempos que le dejan sus visitas al cirujano y sus sagradas telenovelas turcas.
Y aunque Keiko trata de disimularlo, su “presirvienta” hace de todo por evidenciar que son pinky friends. No por nada, tras la muerte de Alberto Fujimori, no sólo gimoteó y se abrazó cual garrapata a la “doliente” hija, sino que permitió que los restos de un dictador sentenciado por asesinato y corrupción se pasearan por el patio de Palacio de Gobierno.
En su afán de ir tomando distancia de ese peso muerto en el que se ha convertido la presid… ¡perdón!, presirvienta con menos de 3% de aprobación, Keiko ha salido por estos días a asegurar que ella no controla a nadie y hasta ha llegado a pedir, a través de un comunicado de su partido, la renuncia “inmediata” del incompetente ministroll del Interior Juan José Santiváñez.
Como era de esperar, el “firme” pedido se desdibujó en unas horas, cuando varios dirigentes de Fuerza Popular (que jamás opinan sin anuencia de la jefa) comenzaron a recular diciendo cosas como “¡Ejem! El problema de la delincuencia no se resuelve sacando a un ministro”. Ergo, el inútil de Santiváñez nunca ha estado más seguro en su cargo.
Pero más allá de sus vacíos alardes, todos los peruanos sabemos que Fujimori ha cogobernado con Boluarte desde el mismo día en que esta asumió la presidencia y Keiko lanzaba un tuit que rezaba: “Saludo la juramentación de Dina Boluarte como primera Presidenta del Perú (…) Para ello, podrá contar con el apoyo y respaldo de Fuerza Popular. No es momento de ideologías, ni de derechas o izquierdas. Presidenta Boluarte, le deseamos éxitos en la conformación de un Gobierno de unidad nacional”.
¿Juat? ¿Era la misma Keiko que acusaba a Pedro Castillo de fraude la que daba su bendición a su vicepresidenta que, por lógica, compartía su presunta ilegitimidad? La lideresa de Fuerza Popular, tan poco dada a la coherencia, jamás ha explicado esa disonancia cognitiva ni cómo ella, tan intolerante con otros presidentes, ahora le puso la alfombra roja a Boluarte.
Desde entonces, Fujimori ha sostenido a su “presirvienta” contra viento y marea, al punto que, tras las matanzas de diciembre del 22, ningún fujimorista apoyó los siete pedidos de vacancia que se tramitaron (y rechazaron) en el Congreso. Tampoco hemos escuchado de su parte las críticas destempladas que lanzaba, día por medio, contra Kuczynski, Sagasti o Castillo.
Otro espaldarazo de Keiko a Boluarte se dio en mayo del 2023, durante la crisis diplomática con México y Colombia. “Si tengo que decidir entre apoyar a López Obrador y Petro o a Dina Boluarte, respaldo decididamente a quien ha llegado a la Presidencia en forma legal y constitucional (sic)”, tuiteó entonces. Poco después, en setiembre, su bancada autorizó los viajes de la presidente al extranjero, algo absolutamente anticonstitucional.
Por todo eso y sin faltar a la verdad, podría decirse que Keiko Fujimori ya ha manejado el Perú dos veces sin ganar una sola elección. La primera, cuando ella misma, borrachita de poder, anunció que gobernaría “desde el Congreso”, tras conseguir una bancada de 73 miembros el 2016. Y vaya que lo hizo, al punto de mandonear y perseguir a su gusto a un asustadizo Pedro Pablo Kuczynski, que terminó renunciando.
Y ahora gobierna -más discretamente, hay que reconocerlo-, aunque las evidencias de su poder saltan a la vista. Ya no con 78 congresistas propios, sino con los 87 que componen el pacto mafioso que nos está llevando al abismo. No es, vale decirlo, una bancada puramente fujimorista, sino un Frankenstein que bien podría llamarse la bancada “keikiacuñalunacerronista”, donde, sin embargo, Fuerza Popular lleva la batuta.
Gracias a esa alianza, Fujimori dicta leyes, diseña políticas y pone y saca ministros a su real gana. “A la tía (Boluarte), Fuerza popular le ha pedido cuatro ministerios y Acuña, dos. Si no atraca, la vacan”, contó el mismo Santibáñez en un audio de innegable autenticidad en agosto del año pasado. Luego se supo, por los nombramientos, que esos ministerios eran Salud, Agricultura, Energía y Minas y, cómo no, Interior.
Hace poco, la patrona ordenó a Boluarte, en un video de Tik Tok, que leyera “La palabra del Chino: el inconforme”, libro de su padre, Alberto Fujimori. Según ella, es un manual de como ser “un buen presidente y ejecutar bien las obras". No sabemos si Dina obedeció. Ya saben, las telenovelas turcas quitan mucho tiempo. Sin embargo, sin necesidad de ver el libro, se perfila como una mejor discípula del dictador que su propia hija. Medio centenar de peruanos ejecutados por protestar en las calles así lo confirman.
Periodista por la UNMSM. Se inició en 1979 como reportera, luego editora de revistas, entrevistadora y columnista. En tv, conductora de reality show y, en radio, un programa de comentarios sobre tv. Ha publicado libro de autoayuda para parejas, y otro, para adolescentes. Videocolumna política y coconduce entrevistas (Entrometidas) en LaMula.pe.