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Los incel de nuestra política, por René Gastelumendi


Aprovecho la corriente de reflexión que ha propiciado la estremecedora serie “Adolescencia” para ligarla con el debate político, porque, sin duda, hay relación. Uno de los conceptos que aborda la serie es el de los “incel”. Se denomina así, “incels”, a los hombres que se declaran célibes involuntarios y que incluso organizan grupos virtuales en la llamada manósfera, que es la parcela del ciberespacio en donde se realizan foros y se refuerzan proclamas de victimización a partir del rechazo femenino. Los hombres que participan en ellos -especialmente en las plataformas Reddit y 4chan, entre otras que alimentan este mundo masculino extremo en internet- revelan misoginia y una sensación de insatisfacción ante el supuesto derecho a tener relaciones sexuales que las mujeres les privan.

Algunos incels abogan por la violencia contra las mujeres, así como contra los hombres que tienen la suerte de tener relaciones felices.

Hablamos de una tendencia que ya superó a los Estados Unidos, que es donde se originó y que, además de la preocupante consigna contra las mujeres, sus formas de oposición han ingresado a la política.

Que existan varones que no encuentren con quien irse a la cama no es nada nuevo. Lo novedoso es que el colectivo mencionado- los incel- interpretan tal circunstancia como la violación de un derecho natural. Podríamos decir que los hombres incel creen que follar es su derecho y que el mundo, pobrecitos, se los niega. Sin embargo, pasar de lo ridículo a lo violento es muy fácil, pues estos hombres se sienten legitimados para corregir el presunto agravio que sufren, cueste lo que cueste. La mayoría de las veces, esta violencia se limita al insulto y al acoso por internet, sí, como en la red social X.  No obstante, en 2018, por ejemplo, un joven incel mató a 10 personas en Toronto, en un acto premeditado y precedido por mensajes misóginos.  Otro ejemplo de 2021: Jake Davison, quien divulgaba muchas de las ideas de los incel en sus redes sociales, mató a cinco personas en el norte de Inglaterra.

La historia de “Adolescencia” también aborda, a través de su joven protagonista, cómo, en casos extremos, las ideas agresivas pueden pasar a la acción de matar partir de su complejo relacionamiento con las mujeres. En realidad, su complejo relacionamiento con el mundo. Este relacionamiento, más allá de las mujeres, es revelado en las redes sociales con toda su crudeza también a nivel político, plano en el que sus manifestaciones parecen de manual, de manual “incel”, solo que el enemigo ya no es la mujer si no todo aquello que los contradiga. Por eso es por lo que no resulta extraño que este tipo de individuos tenga afinidad con los absolutismos de la ultraderecha y también encuentre refugio en la extrema izquierda.

los incel son la nueva cara, más sofisticada y más acomplejada del machismo, un sexismo según el cual las mujeres son seres corruptos y poderosos que oprimen a los hombres, lo cual produce una combinación explosiva de masculinidad tóxica y misoginia. Este tipo de sexismo agresivo es el que se manifiesta en los incel. Su peligro radica en que, al ver a las mujeres como amenaza, la violencia y los insultos contra ellas se presentan no sólo como un acto aceptable, sino incluso de justicia, tal cual les ocurre con el adversario electoral, político  o ideológico.

Durante los últimos años, se ha multiplicado en las redes un claro perfil de opositor político, alentado por los líderes de su preferencia, que ha hecho de la vociferación y el insulto su manera de intentar obtener aceptación y validación. Aunque hay distintas versiones de estos personajes, todos tienen algo en común: su comportamiento se parece mucho al de los incel, si es que no son ya unos incel en la intimidad o aun casados dentro de sus familias tradicionales. Así como los célibes involuntarios reaccionan ante las mujeres que les niegan su “derecho” al coito, los incel políticos subliman hasta le heroicidad la frustración que les produce su incapacidad y la de sus líderes para conectar con el electorado y debatir con hechos y argumentos, entonces transforman la frustración en agresiones, aplaudidas y celebradas entre ellos mismos. Se trata de una interacción en donde lo último que se busca es informarse o reflexionar. ¿Odio? Sí.

Cuando este tipo de individuos, como los incel, se enfrenta a las emociones de rechazo, suele elegir una respuesta también emocional: el enojo, la rabia, la ira. Acaso ello explica que las redes sociales, sobre todo en un ambiente político tan convulso como el nuestro, se tornen en una tribuna perfecta para la manifestación, la expresión, la performance tribal de nuestros incel políticos y en ellas desahogan toda su frustración ya no solo ante lo femenino. La forma de intentar hacer “justicia”, frente a todo lo que se les oponga, repito, no solo lo femenino, es descalificar, inventar responsabilidades, culpas, exigir perdones a quienes no votaron o no votarán como ellos quieren. Detrás de los incel políticos también está la incomprensión que sienten en su esquema polarizador y que sus líderes acogen y refuerzan para ser los pastores de ese rebaño. Así como, dentro de su cabeza, las mujeres no se dan cuenta de que son ellos el tipo de hombres que les convienen (no solo los “guapos”, amables, con dinero o, incluso los “machos alfa” que siempre quisieron ser), todo lo que políticamente se les enfrente tampoco se da cuenta de que son ellos los que conocen el camino, lo que conviene. Con la autoestima y el corazón rotos, inundan las redes de sus complejos y de su agresividad

René Gastelumendi

Extremo centro

René Gastelumendi. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.