¿Qué es ser caviar en nuestros días?, por René Gastelumendi


Sí, hay quienes vienen soñando compulsivamente con caviares, que ven caviares en todos lados. Tienen estudios superiores, pueden ser almirantes, pueden ser ingenieros, banqueros, doctores, abogados, por supuesto, quienes tienen pesadillas inducidas con caviares y hasta salen a cazar caviares en sus sopas como si no nunca hubiesen pasado por la universidad, porque toda universidad seria termina siendo caviar. Básicamente, la palabreja de marras antaño se utilizaba para cuestionar a personas de izquierda que parecían vivir como si fuesen de derecha, criticando al sistema, pero, viviendo cómodamente dentro del mismo.

Se criticaba la incoherencia de, supuestamente, no pregonar con el ejemplo. Hoy, en el disparatado debate político peruano, el término “caviar” ha adquirido decenas de significados, cientos de usos que terminan confluyendo en la facilísima descalificación inmediata del prójimo que piensa diferente por parte de, en principio, la derecha más recalcitrante. Tal descalificación esconde intenciones más preocupantes como anular, eliminar, anatematizar todo lo distinto y lograr un pensamiento único en el que conceptos como el diálogo, el consenso o el bien común siempre están bajo sospecha de ser inútiles y hasta mal intencionados.

A los grandes caviarizadores no les gusta pensar. No niego, en modo alguno, que otras orillas políticas, desde la izquierda provinciana, la izquierda barranquina, pasando por el liberalismo, el progresismo, etc, etc, también descalifican, por ejemplo, con el uso indiscriminado de la palabra facho al adversario político. Tampoco olvido personajes como Ortega, Chávez, Castro, Maduro, Petro, que jugaron y juegan el mismo juego perverso de polarización al revés, construyendo enemigos irreconciliables, fronteras infranqueables.

No obstante, en nuestros tiempos, los tiempos de Trump en el plano internacional y de López Aliaga en el interno, es el sector conservador y de derecha extrema, el cuadrante político más absolutista y agresivo a la hora de trazar las fronteras imaginarias entre los buenos y los malos, entre los amigos y enemigos, entre los unos y los otros. La palabra “caviar”, entonces, es como un mantra de fe que impide el entendimiento.

La palabra “caviar” es la protagonista de aquél discurso, aquella narrativa, según la cuál todo aquello que no es Fujimorista, Aliaguista, Alanista, fraudista, es malo, es demoniaco, a tal punto que pueden unirse con el otro extremo, tipo Perú Libre, porque lo que los extremos quieren, no muy en el fondo, es a un dictador que se encargue de todo, a su manera, con “mano dura”, sin respetar derechos humanos hasta que les caiga y allí empiezan los problemas y empiezan a pensar.

Creen que personalidades como Trump o Lopez Aliaga van a “salvar” un país, el nuestro,  que, según este pensamiento dicotómico tan extendido, ya sería un paraíso si no fuese por los caviares, esos que han estropeado todo desde el año 2000 en que cayó la dictadura perfecta de Fujimori. Las marchas son caviares, los fiscales son caviares, los jueces son caviares, el 80% de los periodistas son caviares, los estudiantes universitarios son caviares, tus hijos son caviares por jóvenes. Tan solo basta que el termocéfalo de turno lo dictamine en alguna declaración pública para que hordas de troles intelectuales hagan suya la consigna. Por eso es por lo que, hoy, incluso la otrora Dina dinamita caviariza de lo lindo. Si no eres CPP de los políticos que les gustan, eres caviar.

Mientras que la extrema derecha ve caviares por todos lados, la extrema izquierda ve cambio de constitución por todos lados, es algo así. Buscan un líder autoritario en quien creer, una figura en la cual depositar todas las responsabilidades, esperanzas, y por el que están dispuestos hasta a entregar nuestras libertades a cambio de que nos libere, en la actual coyuntura, del cuco caviar que tiene poderes sobrenaturales, financiamiento internacional y siempre nos va a traicionar porque quiere destruir a las familias, poner en peligro la humanidad, la creación. Ay, el comunismo, dice el que vota con comunistas.

Por eso, la fantasía de un salvador tiene que tener el correlato de un demonio y el demonio es todo aquél que piense, que se salga del libreto oscurantista, que no se alinee con el orden, es decir, un miserable caviar. Y, si no es caviar, será utilizado y politizado por estos o será su tonto útil, sí, de los caviares malditos que todo lo pueden y todo lo estropean. Entonces, lo que se interponga en esa narrativa de barra brava será caviar, caviar, caviar, hasta Federico Salazar, hasta PPK, hasta la emolientera que quiera salir a marchar porque, salir a marchar, ejercer ciudadanía, salir de tu caja, ser consciente de lo que es vivir en comunidad, es muy caviar.

Así estigmatizan los CPPS más enajenados, especialistas en ver pajas en ojos ajenos, pero, que son ciegos y quieren seguir siendo ciegos ante las vigas en los suyos o los de sus pastores. Pobre de aquél que cuestione a sus líderes favoritos, no los puedes cuestionar, hay que entregarse, cauterizar la autocrítica y propiciar el fanatismo. Qué jodido es pensar, que jodido es tratar de entender al prójimo, qué jodido es ser empático, que jodido es ser caviar.

René Gastelumendi

Extremo centro

René Gastelumendi. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.