Dina Boluarte tiene ante sí la que quizá sea su última oportunidad de corregir el rumbo. El mensaje que ha recibido en las últimas horas es contundente. La censura a su ministro preferido, Juan José Santiváñez, es la demostración de que el pacto con el Congreso se está resquebrajando. Todo terminará de cambiar para ella luego del 12 de abril, fecha en la que debe convocar a elecciones para el 2026.
La salida de Santiváñez es, como se dice en el teatro, la primera llamada. Le haría bien a Boluarte dejar a un lado la soberbia que parece haberse apoderado de ella. En un breve mensaje televisado, la presidenta se atrevió a decir que “pondremos en el Ministerio del Interior a otro ciudadano valiente como Santiváñez”. El poder la ha enceguecido. Y lo dice, pese a que la mayoría de congresistas que la han venido sosteniendo han dicho lo contrario. La presidenta parece creer que los pactos son eternos y que el poder no es efímero.
No se da cuenta que quienes votaron por la censura ya están en campaña para el Senado. Santiváñez trató, hasta el final, de canjear votos contra la censura a cambio de prebendas y ofrecimientos de última hora. Pero ha tenido que morir un cantante para que la crisis de inseguridad, que este gobierno no sabe ni sabrá enfrentar, se haga visible y provoque el despertar de una ciudadanía que andaba adormilada y hasta resignada.
La marcha contra la inseguridad del viernes ha sido, siguiendo con los códigos teatrales, una segunda llamada. Pese a que algunos –desde la presidenta misma, hasta ciertos convenientes defensores de Santiváñez– pretendieron satanizarla, la movilización debe haber convocado a unas 15 mil personas. Después de las trágicas marchas con las que este gobierno del 4% se estrenó, lo del viernes es sumamente significado y un hito en lo que lleva Dina Boluarte en Palacio.
La marcha congregó gente espontánea y a la vez aterrada con todo lo que está pasando. No queremos morir, nos están matando. No se leía un clamor así desde la época de Sendero. No se olviden que la presidenta intentó desprestigar la protesta diciendo que estaría llena de caviares. Todo al final fue otra cosa. Gente de todo estrato y piel salió a protestar en Lima y en otras regiones del país. Algunos artistas intentaron bajarse de la marcha con el mismo argumento.
El rechazo masivo a esa decisión en las redes sociales los hizo subirse de nuevo. Y es que la marcha fue convocada por los propios artistas. No podían abandonarla. Contrario al pronunciamiento de Fuerza Popular en favor de la censura, se reveló que la vicepresidenta del Congreso, Patricia Juárez, ofrecía –a través de sus asesores– ahorrarle a algunas cantantes la cola para denuncias extorsivas mediante un acercamiento ante la Dirincri. Hay miles que son paseados en las comisarías, sobretodo cuando se trata de denunciar desapariciones de mujeres, y Juárez parecía jugar secretamente en contra de la marcha. Le salió el tiro por la culata.
Desde ya le digo, amable lector, que no espere a alguien mejor que Juan José Santiváñez. Eso no sucederá. Quizá sea esa soberbia que destila Dina Boluarte la que la siga llevando por el guion equivocado. Pero ella ya sabe que la gente ya despertó y pide un cambio, una estrategia, una política contra el crimen que nos obliga al aterrador ejercicio de seguir contando muertos todos los días. Y sí, leyó bien: política. Y es que aparecieron algunos despistados –comenzando por la presidenta– a decir que la movilización se había “politizado”; razón incluso por la que la cantante Daniela Darcourt publicó un penoso mensaje en sus redes. ¡Claro que una marcha es política! ¡Todas las marchas lo son! Mención honrosa merece la cantante Leslie Shaw, quien en ningún momento dudó en ir. Estuvo en la marcha y hasta lloró por la muerte de su amigo Paul Flores, el “Russo”.
La gente se ha movilizado para pedir políticas públicas que destierren al crimen organizado. ¿Eso qué es? Hacer política. Convivimos con la política y la ejercemos porque es un derecho ciudadano. Otra cosa es un afán electorero, que no se vio el viernes. Y no se ha visto en otras tantas marchas que se vienen produciendo en este gobierno. Marcharon los transportistas, y también se les quiso dividir. Marchan los padres de familia pidiendo que paren las extorsiones a los colegios, y el premier Adrianzén también los ninguneó. Marchan los bodegueros, hartos del acoso delictivo que sufren. La gente está harta, señora Boluarte.
Mención deshonrosa merecen los congresistas que votaron en favor de Santiváñez. Aprovechemos el momento en que se ha intentado “despolitizarnos” para tener muy claro quiénes son, con nombre y apellido. La ciudadanía hace política y el momento crucial es cuando se vota, pero la practicamos a diario, en la vida misma. Así que sepa bien quiénes son los que quisieron salvarle la vida al ministro en cuya gestión murieron casi 1,800 peruanos y peruanas: María Acuña, Roberto Kamiche y Juan Carlos Lizarzaburu, del partido de César Acuña; Alfredo Azurín, Luis Cordero, Jorge Morante y Héctor, de Somos Perú; José Cueto, Jorge Montoya y Javier Padilla, de Honor y Democracia; y el no agrupado Pedro Martínez. Guarde esta columna para cuando en un año estos mismos señores le pidan su voto para senadores.
Quien estuvo desde febrero rogando a sus colegas para que firmen la moción contra Santiváñez fue la congresista Susel Paredes. Ahora ella anuncia una moción de vacancia contra la presidenta Dina Boluarte. ¿Será la tercera llamada?
Comenzó su carrera en 1999 en el equipo fundador del Canal N. Durante todo el año 2005, hizo reportajes de investigación para el programa Cuarto poder, de América Televisión. Entre 2006 y 2007, fue editor general de Terra TV, un canal de televisión por internet de Terra Networks. Desde octubre de 2018 a marzo del 2022, dirigió el programa diario Nada está dicho por el canal de pago RPP TV. Desde el 2 de mayo de 2022, regresó a Canal N para dirigir el programa de entrevistas de política y actualidad: Octavo mandamiento.