El techo del centro comercial Real Plaza se ha caído ayer en Trujillo. Al cierre de esta edición, se ha confirmado la muerte de seis personas; aunque los bomberos sostienen que la búsqueda podría aumentar los decesos, de acuerdo a la cantidad aún no confirmada de gente atrapada. Son casi 80 los heridos por esta tragedia. Según el analista de datos Juan Carbajal, los fallecidos son un hombre de unos 40 años, una mujer de 35 y dos menores de edad de 17 y 8 años. Un joven que salvó de morir pudo hacerlo, pero sin una de sus piernas, según lo confirmó la regidora Sandra Trujillo. El panorama de ayer en las afueras del mall es desolador. El video del momento exacto de la caída de todo ese techo ha dado vueltas, durante el sábado, en las redes sociales. La impotencia que generan esas imágenes es perturbadora y rebela a cualquiera. Es el centro comercial más visitado de Trujillo; como un Larcomar o un Jockey Plaza de Lima. No es justo que un viernes a la noche, cuando la semana se termina y mucha gente busca un espacio para comer y distraerse, el techo se te venga encima, te mate, te hiera y que después no pase nada. Pero la tragedia trujillana de ayer nos recuerda, por enésima vez, que en el Perú de hoy todo se cae, todo se desmorona o, si acaso, todo está cuesta abajo.
Se desempolvan cientos de noticias sobre el Real Plaza. El exalcalde de Trujillo Arturo Fernández pidió la demolición de este centro comercial antes de ser vacado. Para más referencias, Fernández era el alcalde que gustaba de inaugurar monumentos con penes por todo Trujillo. Sin embargo, parece que con lo del Real Plaza sí las tuvo bien puestas al advertir que era una bomba de tiempo. Fernández también se hizo famoso por maltratar a reporteras con preguntas incómodas; quizá por eso su entonces desesperado grito por cerrar el Real Plaza cayó en saco roto.
Y, entre más restas que sumas, insisto en que lo de ayer no es justo por donde se le mire. Pese a que hay gerentes municipales en Trujillo que evitan nombrar al centro comercial por su nombre, pasando por canales de televisión que no ponen ‘Real Plaza’ en los créditos de la pantalla, existe una gravísima responsabilidad en el grupo Intercorp por una tragedia que nos vuelve a enlutar. En una ciudad devastada por la delincuencia y el horror diario, una cosa así es para salir corriendo. La calamitosa infraestructura del Real Plaza solo alimenta el miedo que crece, a cada hora, en este país. Miedo hasta para ir a cenar a un mall. Miedo para cruzar un puente. Miedo al contestar una llamada o responder a un mensaje en plena calle. Miedo hasta para subirse a un taxi. Estamos cagados de miedo y, por más disco rayado que parezca, toda la culpa recae —entre otros— sobre el Congreso que padecemos.
Una de las integrantes de una comisión de inspectores del Colegio de Ingenieros, Nancy Barrenechea, recordó que una ley impulsada por la congresista Adriana Tudela estableció inspecciones a los centros comerciales cada diez años. Otro legislador, Diego Bazán, dijo en su momento que cerrar este mall era una medida abusiva e ilegal, tras un crimen ocurrido en el Mall Plaza trujillano. En el mismo sentido, su colega Alejandro Cavero, escribió en el Día de los Inocentes del 2023 que: “Este Congreso aprobó una ley que prohíbe el cierre arbitrario de centros comerciales y locales sin una causal que tenga que ver directamente con la vida o la salud de las personas, y para evitar que alcaldes populistas y demagogos como el de Trujillo hagan este tipo de cosas. La ley está para cumplirse”. A Cavero, literalmente, se le vino el techo encima.
Por más que se pretenda estimular el consumo de la gente, está claro que no se puede dejar a discreción y por tanto tiempo la supervisión de espacios que terminan, al final, siendo públicos por más que el propietario sea privado. Y es que hemos terminado cediendo espacios públicos a los privados, como en pocos países en el mundo, y este es el precio que estamos pagando. Y resulta que uno de los que mandan en este pacto que nos gobierna es César Acuña, mandamás de la región en donde ha ocurrido la tragedia. Reportes de última hora dan cuenta de que ha enviado ayuda inservible para la desgracia. Es el mismo que sostiene que la inseguridad no es problema suyo, sino de los fiscales y los policías. El mismo que dice que en Trujillo ya no hay amenazas, sino solo extorsión. El mismo que anda en cualquier parte, menos en la región donde según la ley debe gobernar. El mismo que con su bancada sostiene a este Gobierno. Un desatino más de quien, a decir de la presidenta nominal Dina Boluarte, es el padre de La Libertad. Colectivos en las redes piden ayuda para las labores de rescate. Motorizados venezolanos trasladan a los bomberos a la zona de la tragedia. Como siempre, y hoy más que nunca, este país sobrevive por su gente; y hoy menos que nunca, por el Estado que hoy dirige la señora Boluarte.
Una prueba más de este desmadre es, por cierto, la caída del puente Chancay. Miedo hasta para cruzar un puente. Se le advirtieron sendas y necesarias refacciones desde el año 2019, durante el gobierno de Martín Vizcarra. Y como siempre, un Estado lelo, en este caso por seis años, a la espera de muertos para reaccionar y declarar emergencias, comisiones investigadoras o reestructuraciones que solo quedan en el papel. Quizá ocurra lo mismo con el Real Plaza de Trujillo, donde todo quedará en una investigación para el olvido. Como casi con todas las tragedias que ocurren en el Perú.
Comenzó su carrera en 1999 en el equipo fundador del Canal N. Durante todo el año 2005, hizo reportajes de investigación para el programa Cuarto poder, de América Televisión. Entre 2006 y 2007, fue editor general de Terra TV, un canal de televisión por internet de Terra Networks. Desde octubre de 2018 a marzo del 2022, dirigió el programa diario Nada está dicho por el canal de pago RPP TV. Desde el 2 de mayo de 2022, regresó a Canal N para dirigir el programa de entrevistas de política y actualidad: Octavo mandamiento.