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Opinión

Calendario de denuncias, no de mentiras, por Jaime Chincha

"Uno se rompe la cabeza tratando de entender a dónde va el Gobierno con negar lo evidente y todas las respuestas nos llevan a que nos quieren ver la cara”.

JAIME CHINCHA
JAIME CHINCHA

La plataforma global Numbeo, una de las bases de datos más grande del mundo sobre países y ciudades, acaba de colocar al Perú en el top 10 de países con mayor criminalidad. En una década, hemos subido 30 puestos. En el 2015, estábamos en el top 40. O sea, somos el décimo país más inseguro del planeta de entre 147 países. Un solo alfiler para pinchar el globo de gas que la presidenta nominal, Dina Boluarte, pretendió mantener en el aire esta semana. Toda una estrategia improvisada que busca instalar la mentira como verdad. La negación en estado puro. Uno se rompe la cabeza tratando de entender a dónde va el Gobierno con negar lo evidente y todas las respuestas nos llevan a que nos quieren ver la cara, amén de la consabida incompetencia para derrotar al nuevo fenómeno del terror que avanza sin contención a la vista. Y tal parece que la presidenta y sus ministros se han puesto de acuerdo para machacarnos con un panfleto verbal que distraiga a la gente, o la confunda, de lo realmente grave que está sucediendo en nuestras narices. Dina se sube a la ola Trump con gritos destemplados, arremete con todo, lo niega todo y acusa con su sola palabra. El personaje que hoy encarna la presidenta está marcado por el tono chirriante con el que quienes gobiernan les hablan a sus gobernados; esta es mi verdad y no jodas, toma y calla. Y es tal la desfachatez con la que este Gobierno ha decidido enfrentar el descrédito ante la delincuencia al alza, que la declaración del ministro del Ambiente, Juan Carlos Castro, no hace más que confirmar la burbuja en la que los que gobiernan han decidido hibernar. El ministro Castro, torpemente, limita su percepción de la inseguridad a los metros cuadrados que conforman su condominio enrejado.

La presidenta se deja ver, frente a una platea que ella misma suele elegir, con giros insospechados en su discurso. Un día dice que el Perú está tranquilo, otro día manda a tomar hepabionta a sus críticos, al día siguiente se pone a cantar y más tarde se inflama contra las ONG, a las que acusa de defender criminales. Esto último no es más que un techo de vidrio cada vez más grueso sobre ella, pues gracias a la observación que su propio gobierno hizo sobre la ley de detención preliminar, los criminales están de fiesta, pues es imposible apresarlos, salvo que estén cometiendo el delito en el mismo momento en que se produce. Pero tranquilidad, hepabionta, cantata y grito no es lo único. En un giro aún más temerario, ha dicho que va a elaborar un calendario de mentiras. A entender, un recuento diario o mensual de las denuncias que enfrenta y a las que deberá comparecer cuando termine su nublado mandato. Los cargos que pesan sobre ella se traducen en mentiras en el universo Boluarte. Más desconectada de la realidad, imposible.

En un afán de contribuir con este almanaque punitivo —para Dina, léase difamatorio—, no nos queda más que hacer un recuento minucioso de los apremios fiscales que ella pretende negar, invisibilizar; y si pudiera, desaparecer de la faz de la tierra.

La señora Boluarte tiene sobre sí una denuncia constitucional como presunta autora de los delitos contra la vida, el cuerpo y la salud, homicidio calificado, a título de comisión por omisión, lesiones graves y leves durante las movilizaciones al inicio de su presidencia. Póngalo entre los primeros días de su calendario. Para usted será de mentiras, para los demás uno de denuncias.  

En diciembre último, su otrora hombre de confianza y amigo, Alberto Otárola, afirmó ante la Comisión de Fiscalización del Congreso que la señora Boluarte se sometió a una intervención quirúrgica en junio del 2023. Otárola, quien recientemente ha denunciado un reglaje contra él y su familia —sugiriendo que esto sería consecuencia de este testimonio—, terminó confirmando que se produjo un vacío de poder durante el abandono de cargo que hizo Dina por el tiempo que utilizó para someterse a una cirugía estética facial. Va otra más para el calendario, señora.

En mayo del año pasado, la Fiscalía de la Nación denunció a Dina Boluarte por el caso Rolexgate. El texto fiscal señala a una presidenta luciendo relojes que nunca pudo ni supo declarar. Todas las evidencias apuntan a un intercambio de favores y partidas. El gobernador Wilfredo Oscorima apareció como gran regalón de esos relojes de lujo, a cambio de un crédito suplementario que requería para Ayacucho. Hay otra denuncia, no hay mentira. Miente quien, más bien, niega lo evidente.

Y ni qué decir del caso del vehículo presidencial al sur de Lima. La presidenta ha sido denunciada y puesta en evidencia ante el inexplicable viajecito a las playas de Asia, justamente donde se encontraba el Cerrón que hasta ahora nadie captura, menos el intocable de Santiváñez. Una denuncia más —siga pensando que es otra mentira— que algún día tendrá una sentencia judicial. ¿Quién sabe si por eso la presidenta anda tan furiosa contra el Poder Judicial? Sin ningún rubor de invadir fueros entre poderes del Estado, con su sola bravata seudotrumpista, Boluarte solo está cavando una tumba que se terminará de construir este 2026.

Es tal el enfrentamiento que ha emprendido el Gobierno, coludido con el Congreso, en contra del sistema de justicia, que aquí solo ganan los delincuentes, una vez más. Santiváñez, el protegido de Dina, no ha tenido peor idea que denunciar a la fiscal de la Nación solo porque le pidió la clave de su cuenta de iCloud. Faltas muy graves, dice el ministro que carga sobre sus hombros la mayor cantidad de homicidios por criminalidad que se recuerde en toda nuestra historia, en tan poco tiempo. No se olviden de Morgan Quero, el otro alfil presidencial, que está denunciado por llamar ratas a las víctimas de las protestas entre fines del 2022 y comienzos del 2023.

Un gobierno mezquino y pueril que maltrató a Juan Acevedo, a Nicolás Yerovi ya sin vida y a Rafael Dumett, pese al enorme y valioso trabajo con el que han contribuido a la cultura nacional. No contentos con eso, están dejando morir al Lugar de Memoria dejando que el museo se quede sin agua y sin luz. Todo un andamiaje que algún día la historia y la justicia juzgarán en su perfecta medida.

Y yo me pregunto, ¿será por todo esto y más que la presidenta Boluarte ha matado la detención preliminar, sabiendo o sin saber que los índices de criminalidad se disparan como lo confirma Numbeo? Lo digo porque, al dejar la presidencia el 2026, la Fiscalía pediría su arresto preventivo, pero que con esta nueva ley podría evitarlo. Tantas denuncias que, claro, para ella se llamarán mentiras pese a que no hay calendario que lo resista. La negación no dura para siempre, nada dura para siempre.