Hace menos de dos años (julio, 2023), Bolivia envió una importante notificación oficial sobre la hoja de coca a la Organización Mundial de la Salud (OMS). En ella solicitaba al Comité de Expertos en Farmacodependencia (ECDD) una revisión crítica de la hoja de coca. Y que proporcionara recomendaciones para revisar su estatus de “prohibida” dentro de la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961.
Lo que parecía una solicitud cuasi "académica" tenía -y tiene- un profundo sentido histórico. En una sesión de la Comisión de Estupefacientes de la ONU (CND), el vicepresidente de Bolivia, David Choquehuanca, describió la revisión crítica como "un paso importante para corregir el error histórico de la Convención de 1961 que destinó la hoja de coca a la erradicación y un avance hacia la reconciliación del sistema de tratados de fiscalización de drogas con los derechos de los pueblos indígenas".
No obstante, en la sesión de la CND celebrada en Viena la semana pasada, la propuesta de Bolivia de revisar el estatus de la hoja de coca se encontró con voces opositoras. A pesar del respaldo de varios países de América Latina y de organizaciones defensoras de los derechos indígenas, un bloque de países liderado por Estados Unidos y la Unión Europea impidió cualquier modificación inmediata en la clasificación de la hoja de coca dentro de la Convención Única de 1961.
Rechazo que evidencia el continuo predominio de intereses geopolíticos sobre la evidencia científica y los derechos humanos en el régimen de fiscalización internacional.
A pesar de este revés, la CND abrió una ruta promisoria: aprobó la creación de una comisión de expertos, dentro de la OMS, para evaluar de manera más profunda el estatus de la hoja de coca. Dejando atrás, pues, el status quo. Esta comisión deberá recopilar información científica y sociocultural y emitir el 2026 un informe que servirá de base para futuras decisiones sobre la clasificación de la hoja de coca.
El hecho es que está sobre el tapete la contradicción entre la Convención Única de 1961 y los derechos humanos. Mientras algunos Estados han flexibilizado sus regulaciones internas sobre la hoja de coca, la falta de reconocimiento a nivel internacional sigue limitando su comercialización legal y perpetúa la criminalización de quienes la cultivan y consumen en sus formas tradicionales desde tiempos inmemoriales.
Francisco Cali Tzay, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los pueblos indígenas, en apreciación que comparto al 100%, ha sido categórico: "Las políticas internacionales de control de drogas contradicen los derechos de los pueblos indígenas a la autodeterminación, al uso de sus recursos naturales, a su cultura, agricultura y medicinas, todos ellos derechos consagrados en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y en el Convenio 169 de la OIT".
En 1992, el ECDD, sin documentación que lo respaldara, concluyó que la hoja de coca estaba debidamente clasificada pues "de la cocaína se puede extraer fácilmente de la hoja". Falso. Pues la hoja de coca y cocaína no es lo mismo. Y, desde una perspectiva científica, una cosa es la "extracción" (concentración de compuestos) y otra, muy distinta, su "conversión" (transformación química) en cocaína.
Hay que prestarle atención a la revisión crítica que se inicia en la OMS. En junio/julio enviará un cuestionario a los ministros de salud y a organismos internacionales de fiscalización de drogas para recopilar información relevante.
Para garantizar un proceso riguroso y representativo, es fundamental que este proceso incluya a expertos en derechos indígenas, salud pública y etnobotánica, así como a entidades de Naciones Unidas especializadas en derechos humanos. Habrá que observar de cerca los debates y aportes de cada cual.
La apropiada selección de expertos que evaluará la hoja de coca en la OMS será clave.
En la reciente sesión de la Comisión de Estupefacientes de la ONU (CND) en Viena, las delegaciones de Colombia y Bolivia defendieron la necesidad de una nueva visión sobre la hoja de coca. Argumentaban que su inclusión en la lista de sustancias prohibidas no solo afecta a las comunidades indígenas (que la han utilizado durante siglos), sino que también limita su potencial para el desarrollo económico y medicinal
Bolivia solicitó la desestigmatización de la hoja de coca y su reconocimiento como patrimonio ancestral. Por su parte, la canciller de Colombia, Laura Sarabia, destacó que la ciencia ha demostrado que la hoja de coca en su estado natural no es perjudicial para la salud y abogó por su uso.
Los silencios: el de la cancillería del Perú. Explicable, acaso, porque al Pacto Corrupto se le “incendia la casa. Y el idem (silencio) de la Comunidad Andina de Naciones. Que, aunque no lo parezca, … sigue existiendo, con jugoso presupuesto de más de $ 2 millones al año y una administración que no suena ni truena, ni mueve un dedo por temas de fondo como este.
La precisa y oportuna decisión de la OMS de realizar la revisión crítica es la oportunidad clave para revaluar su clasificación. Si esta evaluación reconoce sus beneficios y minimiza los riesgos asociados, podría allanar el camino para una reconsideración en futuras sesiones de la ONU.
Una alianza regional andina -y latinoamericana- es indispensable para una persuasión más efectiva en foros internacionales. Eso, junto con campañas de sensibilización internacional que informen sobre la historia e importancia de la hoja de coca.
Abogado y Magister en derecho. Ha sido ministro de Relaciones Exteriores (2001- 2002) y de Justicia (2000- 2001). También presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Fue Relator Especial de la ONU sobre Independencia de Jueces y Abogados hasta diciembre de 2022. Autor de varios libros sobre asuntos jurídicos y relaciones internacionales.