Toda decisión humana tiene la posibilidad de errar y por tanto generar arrepentimiento. Las cirugías estéticas o que buscan modificaciones corporales no están exentas de ello. Un reciente estudio evaluó el resultado de 55 investigaciones relacionadas con el arrepentimiento quirúrgico, es decir, personas que luego de someterse a una cirugía electiva que podría ser estética o no, se arrepintieron luego de ello.
¿Por qué es importante conocer de esto? Uno de los argumentos “fuertes” de los grupos conservadores es que las personas trans, se arrepienten de hacerse las cirugías de afirmación de género (GAS, gender-affirming surgery, por sus siglas en inglés), y esos escasos casos que encuentran, los usan como testimonio para reforzar su predicamento,
¿Qué dice la evidencia? Que en todo tipo de cirugía existe el arrepentimiento quirúrgico; sin embargo, uno de los grupos de cirugías donde menor arrepentimiento hay es justo en las GAS que hacen las personas transexuales y están alrededor del 1%. Otras cirugías que modifican la forma corporal como las de aumento de pechos en mujeres heterosexuales el arrepentimiento varía entre 10 y 33%, para el caso de cirugías bariátricas para reducción del peso corporal bordean19% y en las cirugías de modelamiento corporal (liposucción, abdominoplastía, entre otras) llegan al 30%.
Como se puede apreciar, los casos que usan estos grupos homofóbicos para justificar sus “terapias de conversión”, son la excepción a la regla. Las “terapias de conversión” son nocivas para la salud mental de las personas que se exponen a ellas, en muchos casos obligados por sus familias, pero en otros por voluntad propia por tratar de encajar en una sociedad que es violenta y nociva contra la población LGTBIQ+.
Un estudio realizado el 2024 sobre salud mental en jóvenes LGBTIQ+ entre 14 y 24 años en Perú encontró que 11% había sido sometido a terapias de conversión, 31% ha recibido abusos físicos o amenazas por su orientación sexual o identidad de género y 55% tuvieron pensamientos suicidas, siendo mayores en quienes había sufrido violencia o participado de terapias de conversión.
Las “terapias de conversión” incrementan el riesgo de problemas de salud mental en quienes son sometidos a ella, pues no hay nada peor que quien tiene la responsabilidad de mejorar tu salud mental esté continuamente diciendo que ser quien eres está mal, y peor aún si usan la religión para condenar no solo tu vida actual sino también lo que te espera en el más allá.
Proscribir este tipo de terapias va no solo por una propuesta de ley, que es complicado en un escenario donde hay grupos conservadores que la promueven y aparecen en fotos con personas que dicen ser “ex LGTBI”. Entonces, son los colegios profesionales, por su carácter basado en la evidencia y en la ética profesional, los que deberían tomar acciones para investigar y sancionar a esos pocos malos profesionales que someten a tortura a ciudadanos de la comunidad LGTBIQ+ con estas “terapias”.
Lima, 1981. Director de Investigación de la Universidad Científica del Sur. Médico sanfernandino, investigador RENACYT, docente universitario, editor científico, acuarófilo, papá gatuno y compañero de vida de Daniel. Cuenta con más de 100 publicaciones científicas en Scopus, miembro del Comité de SciELO Perú.