(*) Por Rossana Dudziak, Coordinadora Residente del Sistema de las Naciones Unidas en el Perú
En 1995, durante la Conferencia Global de la Mujer en Beijing, 189 países, incluido el Perú, asumieron un compromiso histórico: garantizar la igualdad de derechos para todas las mujeres y las niñas. Se adoptó la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, un plan transformador para erradicar la discriminación y la exclusión que, durante siglos, han limitado el desarrollo de más de la mitad de la humanidad.
La Plataforma de Acción se enfoca en 12 áreas de acción que abarcan el empleo y la economía, la participación política, la paz, el medio ambiente y el fin de la violencia contra las mujeres, entre otros temas. En cada una se establecen una serie de pasos acordados para lograr la igualdad y el empoderamiento de las mujeres y las niñas.
Treinta años después, el mundo ha avanzado. Hoy, existen mayores servicios y apoyo para las mujeres sobrevivientes de violencias, hay más mujeres en posiciones de liderazgo, se han aprobado leyes y políticas contra la discriminación, y las mujeres han alzado sus voces para defender sus derechos. Sin embargo, el cambio no ha sido suficiente ni igualitario. Aún enfrentamos un sistema que sigue relegando a las mujeres y niñas a un segundo plano.
Esta realidad sigue siendo inaceptable. En todo el mundo, la violencia contra las mujeres y las niñas sigue cobrando vidas; la participación política de las mujeres es aún insuficiente; las oportunidades económicas siguen desigualmente distribuidas y la carga del trabajo de cuidados, una labor esencial para nuestras sociedades, sigue recayendo abrumadoramente sobre ellas, sin reconocimiento ni retribución justa.
En el Perú, la situación es preocupante: la mitad de las mujeres ha sido víctima de violencia por parte de su pareja, según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2024. 8% de las adolescentes peruanas entre 15 y 18 años han estado alguna vez embarazadas, proporción que aumenta a 17% entre quienes residen en áreas rurales. Además, el 86% del trabajo de cuidados no remunerado recae sobre las mujeres y, como consecuencia, 7 de cada 10 mujeres permanecen fuera del mercado laboral, mientras que solo el 21% mantiene una ocupación profesional o técnica. En espacios de toma de decisiones, su presencia sigue siendo minoritaria: solo el 30% ocupa cargos de liderazgo.
La igualdad no es solo un ideal, es una necesidad urgente para la construcción de sociedades justas y prósperas. Un futuro donde todas las mujeres y las niñas puedan ejercer plenamente sus derechos exige acción inmediata. Desde el Estado, la sociedad civil, el sector privado, la cooperación internacional y la comunidad, todos podemos sumar a este cambio. Tres medidas clave nos pueden acercar.
Primero, desafiemos estereotipos y normas que perpetúan la desigualdad y el machismo en nuestros hogares, escuelas y espacios de trabajo. Segundo, fortalezcamos la respuesta contra la violencia hacia las mujeres y niñas, implementando medidas efectivas de prevención y atención para erradicar este flagelo. Tercero, invirtamos en el empoderamiento económico de las mujeres: promovamos políticas que reduzcan la carga de cuidados, amplíen su acceso a empleos dignos y cierren las brechas salariales.
En este año, cuando la Organización de las Naciones Unidas conmemora su 80° aniversario, reafirmamos que la violencia y discriminación contra las mujeres y las niñas son uno de los mayores desafíos de derechos humanos a nivel global. El Pacto para el Futuro, adoptado en 2024, refleja el compromiso renovado de los países por erradicar todas las formas de violencia y exclusión, empoderando a las mujeres y a las niñas en todos los ámbitos de la sociedad. Al adoptarlo, los líderes globales reconocieron que ninguno de sus objetivos podrá alcanzarse sin la participación y representación plenas, igualitarias y significativas de todas las mujeres en la vida pública y económica, y reafirmaron los compromisos de la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing.
Desde el Sistema de las Naciones Unidas en el Perú, seguimos firmes en nuestra labor junto con el Estado, la sociedad civil, el sector privado y la cooperación internacional para hacer realidad la promesa de Beijing: un mundo donde los derechos, la igualdad y la autonomía de todas las mujeres y las niñas sean una garantía, no una excepción.
El momento de actuar es ahora. Si queremos un futuro sostenible y justo, debemos construirlo con todas y para todas. Porque cuando las mujeres y las niñas avanzan, la humanidad entera progresa.
Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.