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Un mundo bajo tensión, por Rosa María Palacios


Nuestro país, por razones geográficas y de desarrollo, está muy lejos del epicentro de las decisiones de política internacional. No jugamos en esa liga, salvo como espectadores y receptores de efectos colaterales que, a veces pueden ser muy negativos y a veces, muy positivos. Estamos, por nuestra ubicación en Sudamérica, lejos de los teatros de operaciones de los lugares hoy en guerra, y es con esa paciente distante con la que nos empinamos a mirar un mundo que en estos días se vuelve aterrador.

A las audiencias peruanas les interesa poco las noticias internacionales salvo que tengan un impacto directo en nuestras vidas. Es un error. Las consecuencias nefastas de una guerra las podemos sentir a miles de kilómetros de ella. Piensen en el precio de los fertilizantes que afectó duramente a la agricultura peruana el 2022 o la inflación que nuestra economía tuvo que absorber el 2023. Ambos, efectos de decisiones muy lejanas al Perú. Por eso, la conferencia de prensa televisada entre los presidentes de Ucrania y Estados Unidos, con un resultado desastroso para la paz, no puede dejarnos indiferentes.

Al principio de la presentación de ambos jefes de Estado, todo parecía transcurrir con normalidad. Un típico evento diplomático donde se presentaba el resultado de una larga negociación. Ucrania entregaba el acceso a la explotación de minerales raros a corporaciones de los Estados Unidos y Estados Unidos continuaba su ayuda en equipo militar a Ucrania a cambio de un cese al fuego y un acuerdo de paz con Rusia. Una negociación en que Ucrania, el país invadido por Rusia, aceptaba  parte de los despojos territoriales que ya ha sufrido. Una propuesta que Trump y su vicepresidente Vance consideraban generosa y que debía ser agradecida.

Pero, en los últimos 10 minutos todo salió mal. Zelensky pedía garantías de cumplimiento recordando los antecedentes de Rusia y las veces en que había incumplido sus acuerdos. El pedido sacó de sus casillas al vicepresidente y comenzó un dialogo de sordos en el que Trump hizo alarde de su egolatría, al punto de quedar claro que, si tuviera que escoger entre Ucrania y Rusia, se quedaba con Rusia. El espectáculo dejo al mundo boquiabierto, a los rusos felices y a los americanos sin ningún acuerdo firmado. El ucraniano se fue de la Casa Blanca sin llevarse nada y sin dejar nada.

Siempre causa simpatía que la parte mas débil en un conflicto, en este caso Zelensky, le plante cara al poderoso y no se deje humillar. Pero más allá del trato hostil de Trump (en muchos momentos llenos de mentiras) todavía no está claro que fue lo que vimos. Ambos presidentes son hombres de televisión y saben manejarse frente a cámaras. No puedo creer que algo de lo que se dijo no tuviera una intención. En negociaciones a puerta cerrada estos diálogos son los habituales antes de llegar a un acuerdo. Pero jamás los hemos visto delante de una cámara y menos con un acuerdo listo en la mesa esperando ser firmado. La noche del viernes, comentaristas alrededor del mundo recordaban que ni siquiera el primer ministro británico Chamberlain, cuando entregó Checoslovaquia a Hitler, humilló de esa forma a sus autoridades.

¿Qué mensaje mandaba Trump a Rusia? Tal vez, el de una alianza “entre grandes” para neutralizar los intereses comerciales de un enemigo mayor para Estados Unidos: China. Si para eso tiene que sacrificar a sus aliados en Europa, parece importarle poco. ¿Qué mensaje envía a la política interna? Eso es más difícil de discernir. La opinión pública americana ha crecido y se ha formado teniendo a Rusia como el enemigo durante la guerra fría y el adversario, después de ella, en el que no se puede confiar. La simpatía a la causa ucraniana, con el costo en ayuda exterior, ha sido extendida. ¿Una traición a Ucrania será bien recibida? Trump parece apostar “sus cartas” (las mencionó mucho) a que sí. Y eso, es un cambio radical en la política exterior de los Estados Unidos, donde palabras como “comunista” o “democracia” han perdido toda importancia. Esta es una lucha ya no de ideas, sino de intereses comerciales, donde oligarcas tanto en Rusia como en Estados Unidos entienden que pueden compartir el mundo en mutuo beneficio.

Zelensky, por su parte, pudo haber guardado silencio, firmar el acuerdo y retirarse, concediéndole a Trump su momento megalómano con “único hacedor de la paz” (múltiples veces, como dijo, alzando la voz) y conseguir un poco de tiempo para una guerra que, sin ayuda, no puede ganar y que después de este viernes, parece haber llegado a su fin ¿Por qué no lo hizo? No creo que haya sido víctima de una emboscada. Tenía claro su mensaje: paz, pero con condiciones favorables a Ucrania. ¿No tenía nada que perder y prefirió el desafío a bajar la cabeza? Si igual van a ser traicionados, ¿para qué entregar los minerales raros?

En estas horas de incertidumbre no hay respuestas claras. El mundo mira con asombro y con temor el resultado de una negociación, ahora puesta en pausa, mientras todas las partes revisan sus posturas. No hay muchas salidas en un universo Trump/Putin donde ambos parecen añorar un mundo bipolar en el que el resto se alineaba detrás de ambos. No en vano los arsenales de armas atómicas los siguen teniendo ellos, pero ya no solo ellos.

Desde las orillas del planeta, en Lima, Perú, me perdonarán alejarme estas horas de nuestras pequeñeces, nuestras propias tristezas, donde perdemos la democracia cada día con más avance autoritario y más indiferencia social.  La tensión televisada de dos presidentes fue un momento histórico que ha sacudido en todo lugar y podría ser, el tiempo lo sabrá, uno de esos hitos en la historia universal. Es, en medio de tanta tensión local, un alivio escaparse para ir a ver las tensiones de los grandes. Ese mundo mucho más poderoso que el nuestro pero que no ha aprendido nada sobre la paz.

Rosa María Palacios

Contracandela

Nació en Lima el 29 de Agosto de 1963. Obtuvo su título de Abogada en laPUCP. Es Master en Jurisprudencia Comparada por laUniversidad de Texasen Austin. También ha seguido cursos en la Facultad de Humanidades, Lengua y Literatura de laPUCP. Einsenhower Fellowship y Premio Jerusalem en el 2001. Trabajó como abogada de 1990 a 1999 realizando su especialización en políticas públicas y reforma del Estado siendo consultora delBIDy delGrupo Apoyoentre otros encargos. Desde 1999 se dedica al periodismo. Ha trabajado enradio, canales de cable, ytelevisiónde señal abierta en diversos programas de corte político. Ha sido columnista semanal en varios diarios.