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La sabana haitiana, por Nicolás Vargas


Creo yo que ya es de conocimiento público que el año que viene, el 2026, nos aproximamos a quizá la elección más fragmentada y carente de legitimidad popular de nuestra historia democrática. Esta verdad incómoda que, y con justa razón, no solo viene espantando a nuestra gente joven (haciendo referencia al casi millón de peruanos que abandonaron el país en los últimos 3 años y no han vuelto) y a aquellos que permanecen en la patria, genera una sensación de desesperanza, como si en el Perú nada fuese a mejorar. En vez de hacer hincapié en la desazón colectiva, en este articulo prefiero proponer un ejercicio comparativo que, desafortunadamente, nos pueden ilustrar la gravedad del sendero oscuro en el cual Dina Boluarte y sus 130 secuaces de la plaza Bolívar nos han enrumbado, siendo ese la elección general que se nos aproxima en abril del año próximo.
En enero del 2024, el gobierno de turno promulgó la eliminación de las primarias abiertas y obligatorias, PASO, las cuales habían sido incluidas tras las propuestas de reformas a nuestro sistema político del 2019. La función central de las PASO, modelo existente en Chile y Argentina por ejemplo, era el de proveer a la ciudadanía la oportunidad de decidir que candidatos serian finalmente los habilitados a presentarse en las elecciones, siendo las PASO una suerte de pre primera vuelta, si se quiere. Bajo las PASO, los partidos podían presentar un número de candidaturas, así como los partidos más chicos podían competir contra los más grandes y, aquellos candidatos que pasasen una primera valla electoral, podrían aparecer en la cédula de la elección general, reduciendo así el universo de candidatos y permitiendo, por un lado, a los candidatos que pasasen a la elección general formar alianzas con aquellos partidos que no pasaron la valla, así como facilita la consolidación de propuestas por parte de los partidos, creando candidaturas solidas y menos atomizadas. Sin embargo, todo quedó en un quizá.

Ante la eliminación de las PASO, las cuales nos permitirían tener una elección general con un número reducido de candidaturas (ya filtradas por el voto popular, vale repetirlo mil veces), el panorama al cual nos enfrentaremos en la primera vuelta es aterrador. Al momento, el Registro de Organizaciones Políticas (ROP) nos indica que, deberíamos esperar en las elecciones, un total de 39 partidos políticos, a los cuales se suman otros 34 que se encuentran en proceso de inscripción. Considerando que en las elecciones del 2021 hubieron 25,287,954 peruanos habilitados para votar, haciendo simple aritmética, en el Perú de hoy, vagamente, existe un partido político por cada 650,000 votantes. Es decir, hay un partido político por cada 2.6% de votantes. De terror.

La atomización extrema que el caótico sistema político actual nos ha traído no solo facilita la proliferación de una política nacional (porque en la política regional ya es un fenómeno recurrente) de cacicazgos y hombres fuertes, donde cada partido no es más que una suerte de ticket de lotería que uno que otro micro candidato, dentro de su muy segura vanidad, decidió comprar para probar suerte en la ruleta rusa que jugaran en abril del 2026 con una población atada de manos, entre la creciente ola de inseguridad ciudadana, la cual mezclada con la notoria precarización de servicios públicos que existe hoy en el Perú, acudirá a votar furiosa e incómoda.

Por ende, no resulta extraño oír en el Perú de hoy a una ciudadanía incomoda rehusándose a ir a votar en el 2026 y tener que enfrentarse, en la cabina de votación, a lo que, con humor cínico, varios llaman como una sábana, dada la cantidad de candidaturas que tendremos que revisar en la cedula de votación antes de decidirnos que logo marcar con un aspa o una cruz. Es justo esta comparación que despierta una poco placentera verdad estética que con este articulo quiero hacer notar, y es el preocupante paralelo que surge entre nuestra próxima elección y el último proceso electoral ocurrido en Haití, en el 2016. En dicho proceso electoral, donde salió electo Jovenel Moïse (quien luego fuese asesinado en Julio del 2021), participaron un total de 27 candidatos, apareciendo todos en la cedula electoral. En el proceso electoral previo, del 2015, aparecieron en la célula electoral 58 candidatos. Finalmente, en la del 2010, aparecieron 34. Naturalmente, es importante también dejar en claro las diferencias materiales y practicas entre el Perú y Haití, pero no deja de ser importante resaltar esta pequeño pero simbólicamente muy fuerte resultado que nos estará legando la actual coalición gobernante, la cual en su afán de permitirse enquistarse en las esferas más altas del poder en nuestro país, pondrá en nuestras manos lo que será luego un traumático recuerdo de una elección toxica, destructiva y seguramente muy pero muy polarizante, de la cual, con muy pocos votos, se podrá acceder a una porción generosa de la torta del Perú; y que el gran símbolo de esta triste realidad, será un gran y pesado papelógrafo plagado de logos vacíos y rostros ajenos.

Ahora, la pregunta es, ¿será la sabana haitiana el único legado que nos asemeje a la fallida nación caribeña, o tenemos que prepararnos para esperar algo peor? Que Dios nos coja confesados.

Columnista invitado

Columnista invitado

Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.