El puente Chancay colapsó este jueves cerca de la medianoche. El daño a la infraestructura es lo menos grave. Dos personas han muerto. El chofer del bus de la empresa Cruz del Norte y una pasajera. Para añadir más a la desgracia, 41 personas resultaron heridas y las aguas del río se llevaron un carro particular.
¿Se pudo prevenir? Todos los indicios expuestos por la prensa apuntan a que sí era posible. Todos los años, en verano, los ríos y quebradas de la costa pueden crecer o activarse a niveles catastróficos. Esto no es ninguna novedad. Hay ingeniería de prevención suficientemente sofisticada que puede calcular el impacto de antemano. Una medida de prevención, mínima y de bajo costo es cerrar el puente, mientras duran las crecidas y con mayor razón de noche cuando se sabe que los rescates nocturnos son mucho más peligrosos y de menor eficacia. Esa sola medida hubiera salvado dos vidas, que no tienen precio.
He sido y soy una gran promotora de las concesiones privadas en infraestructura porque he visto sus ventajas frente a la administración directa del Estado. Una de ellas es la de contribuir con traer al país no solo mejores soluciones de ingeniería, sino también imponer una cultura de prevención que desde el sector público deja mucho que desear. Una infraestructura administrada empresarialmente tiene todos los incentivos correctos para ser cuidada en beneficio del usuario, dado que el concesionario se juega no solo su utilidad, sino también su contrato.
La otra ventaja es que el concesionario invierte hoy para recuperar mañana. No tiene que esperar la disponibilidad del presupuesto público porque hace la obra de la que todos nos beneficiamos hoy y posterga su ganancia a la vida total de la concesión. Gracias a las concesiones privadas, hoy vamos, por ejemplo, de Pucusana a Ica en autopista de doble vía. Si no hubiera concesión (otorgada durante el gobierno de Alan García) todavía estaríamos esperando el tramo Cerro Azul a Ica. Así, las carreteras crecieron y se multiplicaron por todo el Perú, generando los beneficios comerciales que mueven un país.
Pero para que esto funcione a favor de todos, el Estado concedente debe tener un regulador fuerte y eficaz. Sin él, no se cumplirán contratos ni se realizarán las obras sin corrupción ni se verificarán las condiciones de uso de la infraestructura durante la concesión. Sin una organización desde el Poder Ejecutivo que cumpla técnicamente su misión, es imposible tener los beneficios que todos aspiramos a tener. Esa organización debe responder con velocidad a una simple pregunta: ¿Quién debe dar la orden de cerrar el puente mientras se evalúa un potencial riesgo? ¿El MTC? ¿El concesionario?
La iniciativa fue municipal. Solo se ha colocado un pórtico de hierro para que no pasen buses y camiones. Jamás se informó a los vecinos y usuarios qué pasó con el daño estructural. Y nunca vimos (me incluyo) obra del MTC realizada en el puente. La conclusión fue sacada del realismo mágico latinoamericano: lo dejaron descansar y el puente se curó solo.
Cuando cae un puente de reciente factura, se puede decir mucho sobre las fallas en la construcción, y no dar una excusa tan idiota como “no se cayó, se desplomó”. Pero tanto el puente de Chancay como el de Chosica son puentes con más de 60 años de vida. La tarea de mantenimiento no solo es vital. Debe darle al usuario todas las garantías necesarias para poder cruzarlos sin tener que encomendarse a todos los santos antes de jugarse la vida. Nuestras autoridades de hoy no le ofrecen esa mínima garantía al ciudadano. No existe, entre las muchas carencias que aceptamos padecer mansamente en el Perú, el espíritu ni el ánimo para exigir ese básico que no es negociable.
¿Qué esto viene de atrás? Qué duda cabe. Pero como tantas otras cosas espantosas que tenemos que soportar en estos días, el Gobierno de Dina Boluarte solo ha agravado la pésima gestión pública que tenemos que vivir. ¿Un megapuerto en Chancay con una carretera panamericana interrumpida por un puente caído? ¿Un megapuerto preparado para recibir a 30 millones de pasajeros al año cuyos accesos no pueden ser peatonales y cuyos puentes (otra vez los puentes) son precarios porque no pudieron hacerlos a la vez que avanzaba la concesión?
La pregunta, como en el día a día de nuestra política, es simple: ¿Por qué aguantamos pasivamente esto? ¿Por qué tiene que morir gente inocente ante la total indiferencia de una sociedad a la que la han dormido a punta de decirnos que esto es culpa de un fenómeno “natural”? Aquí no hay nada natural, salvo que sea natural para ustedes que los puentes se curen solos.
Nació en Lima el 29 de Agosto de 1963. Obtuvo su título de Abogada en laPUCP. Es Master en Jurisprudencia Comparada por laUniversidad de Texasen Austin. También ha seguido cursos en la Facultad de Humanidades, Lengua y Literatura de laPUCP. Einsenhower Fellowship y Premio Jerusalem en el 2001. Trabajó como abogada de 1990 a 1999 realizando su especialización en políticas públicas y reforma del Estado siendo consultora delBIDy delGrupo Apoyoentre otros encargos. Desde 1999 se dedica al periodismo. Ha trabajado enradio, canales de cable, ytelevisiónde señal abierta en diversos programas de corte político. Ha sido columnista semanal en varios diarios.