Opinión

Nombramientos chicha, por Mirko Lauer

"Personas con hojas de vida manchadas al grado de ser innombrables aparecen de súbito en los más altos cargos, como brotadas de la manga de un mago".

Lauer
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La cantidad de nombramientos imposibles en los últimos dos años desafía a la imaginación. Personas con hojas de vida manchadas al grado de ser innombrables aparecen de súbito en los más altos cargos, como brotadas de la manga de un mago. Muy pocos duran, y solo un par de caraduras excepcionales se atornilla.

El espectáculo del nombramiento chicha es notable, pues apenas se descubre la cosa, las miradas se dirigen del nombrado al nombrador, pidiéndole que resuelva el problema. Pero esa actitud es candorosa, pues este CV manchado a menudo es reemplazado por otro CV manchado. Termina pareciendo que no hubiera otra gente en torno del Gobierno.

En verdad se trata de un ejercicio de prueba y error, para ver si el o la innombrable pega o no. Algunos sucumben ante la evidencia, otros se van quedando, aunque sea un tiempito. En ocasiones unos pocos deliciosos meses en el cargo bastan para justificar el nombramiento. O para dejar un suplente mosca en el mismo escritorio.

A estas alturas cabe preguntarse si toda esa gente es investigada antes de ser nombrada. A veces eso no es necesario, pues entre compinches no se leen los currículos. Mucho depende de la capacidad del que nombra y despide para hacerse el loco. Después de todo, la capacidad del periodismo de investigación no es infinita.

Nadie tiene el monopolio de estas cosas. El nuevo nombre en Essalud representa el punto de mayor acercamiento entre los estilos de Pedro Castillo y Dina Boluarte. Que el nombrado sea y no sea (según quien opine) militante de Perú Libre redondea la cosa, y nos trae de vuelta a los tiempos del agua arracimada.

Los nombramientos inaceptables, o simplemente dudosos, forman constelaciones, y uno es la antesala de otro. ¿Cómo atajarlos? Quizás con normas estrictas para los nombramientos, que incluyan un tiempo suficiente para el escrutinio público y especializado de la trayectoria de quien el poder político desea nombrar. Saber más sobre a quién se nombra es indispensable. Aunque si el que nombra viene de la misma cantera de las hojas de vida manchadas, entonces la cosa no tiene remedio. Un caso en que el ignorante y el malandrín se equiparan para hincarle el diente a la caja fiscal.