Opinión

Terroristas de derecha, por Maritza Espinoza

“Exigir una profunda investigación policial, echar al jefe de la Dirnic y destituir a la ministra de Cultura Leslie Urteaga”.

Espinoza
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No sabría decir qué es más escandaloso: que el director de Criminalística de la Policía se saque fotos con La Pestilencia (nombre genérico de esos grupetes violentistas, antisemitas y filonazis que acosan a todo el que huela a progresismo); que un viceministro de Cultura los reciba en nombre de “la tolerancia”; o que recién ahora el premier Alberto Otárola se dé cuenta de esos desatinos y pretenda hacer un tardío control de daños.

Hace mucho que La Pestilencia actúa en absoluta impunidad y llama a sospecha que se les haya dejado perpetrar hechos tan repulsivos como arrojar excrementos humanos en el local de IDL Reporteros, violar domicilios de periodistas críticos al régimen y hasta acosar a la persona que encarna al Poder Electoral en su propia casa.

Pero, claro, hasta cierto momento, este grupúsculo de terroristas de derecha parecía funcional a los intereses de la Derecha Bruta y Achorada, porque se atrevían a hacer lo que sus representantes formales no podían hacer a cara descubierta: insultar, agredir, amenazar y —potencialmente— aniquilar a las voces opositoras.

No por nada, uno de sus cabecillas es cercanísimo a Rafael López Aliaga, por cuyo partido llegó a candidatear, y Fuerza popular, a través de sus lideresas Rosa Bartra y Martha Moyano, los ha arropado repetidas veces. Jamás se ha oído, de parte de esos políticos, una sola condena a las acciones de esta gente, silencio compartido por el resto de la derecha y también por el Gobierno actual.

Pero todo tiene un límite. El régimen de Dina Boluarte recién parece estar dándose cuenta de que los excrementos de La Pestilencia también le alcanzan. Claro que, si realmente quisieran deslindar, tanto la presidente como el primer ministro deberían hacer una condena enérgica, exigir una profunda investigación policial, echar al jefe de la Dirnic y destituir a la ministra de Cultura, Leslie Urteaga, para quien juntarse con delincuentes de esa laya es solo un acto de “diálogo democrático”.