Cultural

Una obra maestra: “Vals con Bashir”, un brutal testimonio de la guerra

"Vals con Bashir" es considerada una obra maestra del cine contemporáneo que mezcla la animación y el documental para explorar las secuelas de la guerra del Líbano.

"Vals con Bashir". Imagen: Difusión.
"Vals con Bashir". Imagen: Difusión.

Una película que con el paso del tiempo se ha convertido en una obra maestra. Algunos dirán que es una obra maestra de la animación, lo cual, aparte de cierto, sería igualmente injusta la valoración debido a que se la limita a un solo registro. Sencillamente, es una obra maestra del cine contemporáneo. Han pasado 17 años desde el estreno de Vals con Bashir, película documental y de animación del cineasta israelí Ari Folman, con la que obtuvo no solo críticas entusiastas, sino del mismo modo el Globo de Oro en lengua no inglesa de 2008.

Una película que sería interesante volver a visitar, con mayor razón cuando vivimos en un mundo amenazado y, en parte inmerso, en conflictos bélicos. Además, haberla visto después de tiempo, nos hace pensar que la calidad en animación no solo le corresponde al anime, como algunos lamentablemente creen.

Antes de ser el cineasta reconocido que llegó a ser, Ari Forman, a los 19 años, estuvo en el ejército de su país y participó en la guerra del Líbano de 1982. Esta referencia no es gratuita en esta nota, es así como se presenta Ari Forman en las escenas iniciales de Vals con Bashir. Ari Forman es un director conocido que recibe la visita de su amigo Booz Rein-Buskila, con quien estuvo en el referido conflicto y quien le cuenta que sufre de pesadillas a razón de la masacre de Sabra y Chatila en Beirut. Ari Forman, literalmente, no recuerda nada de aquel evento. Ese episodio oscuro ha sido borrado de su memoria. El director decide averiguar qué sucedió.

Ari Forman busca a sus amigos que estuvieron con él en el Líbano y establece una red de conexiones emocionales que lo llevan del 15 al 18 de septiembre de 1982, días en los que ocurrió la matanza de cientos de miles de refugiados palestinos en, precisamente, Sabra y Chatila. Ari Folman conduce su relato mediante la mezcla de registros narrativos, como el relato documental, la dimensión onírica y la entrevista. Hay horror, pero también dimensión humana ligada a las inquietudes juveniles de soldados israelíes que, a saber, debían salir a patrullar y disparar sin objetivo fijo todos los días. La historia que nos presenta Ari Folman logra un efecto verosímil, lo cual es meritorio tratándose de un medio artificial como la animación. Ari Folman descubre el rol que tuvo en el marco de esa masacre. Las últimas escenas, reales y que no son de animación, que nos muestran las consecuencias inmediatas de la masacre ante el llanto de decenas de mujeres palestinas, valen más que cualquier defensa y condena que se tenga de ese conflicto.

La actualidad de Vals con Bashir es muy clara. Este es un trabajo que exhibe mucho espíritu crítico y autocrítico. Dejando de lado sus aportes estéticos, ese par de factores mencionados es lo que más está faltando a la hora de pensar en el horror del mundo en estos años. Otra de las señas de las obras maestras y no solo del cine: te dejan pensando.