Ciencia

Geólogos descubren que el calor del Sol puede provocar terremotos en la Tierra, según estudio

Un estudio realizado por la Universidad de Tsukuba revela que la actividad solar influye en la sismología terrestre, afectando la temperatura superficial y la presión tectónica.

El calor del Sol afectaría aspectos como las propiedades de las rocas y el movimiento del agua subterránea de la Tierra. Foto: IStock
El calor del Sol afectaría aspectos como las propiedades de las rocas y el movimiento del agua subterránea de la Tierra. Foto: IStock

Los científicos han identificado un vínculo inesperado entre el Sol y los terremotos en la Tierra. Investigaciones recientes dirigidas por Matheus Junqueira, de la Universidad de Tsukuba, Japón, sugieren que la radiación solar puede alterar las condiciones geológicas de la corteza terrestre, incrementando la probabilidad de movimientos telúricos.

El estudio reveló que la actividad solar, específicamente los ciclos de manchas solares, afecta la temperatura superficial del planeta. Este fenómeno influye en la fragilidad de las rocas, la distribución del agua subterránea y la presión tectónica, factores que pueden facilitar la liberación de energía en las fallas sísmicas.

¿Cómo el calor del Sol provocaría actividad sísmica en la Tierra?

Los investigadores han determinado que la radiación emitida por el Sol provoca ligeras variaciones térmicas en la superficie terrestre, con aumentos de entre 0.1 y 0.2 grados Celsius durante los periodos de mayor actividad solar. Aunque estos cambios pueden parecer insignificantes, tienen un impacto directo en la estructura de la corteza terrestre.

 Los ciclos de manchas solares influencia la fragilidad de las rocas y la presión tectónica de la Tierra. Foto: NASA

Los ciclos de manchas solares influencia la fragilidad de las rocas y la presión tectónica de la Tierra. Foto: NASA

El aumento de la temperatura genera modificaciones en las propiedades mecánicas de las rocas, volviéndolas más frágiles y propensas a fracturarse. Además, afecta la distribución del agua subterránea, lo que puede provocar cambios en la presión tectónica. Estos factores, combinados, pueden actuar como desencadenantes de sismos, especialmente en zonas de alta actividad geológica.

Este hallazgo es relevante porque los modelos sísmicos tradicionales se enfocan en procesos internos de la Tierra, pero esta investigación demuestra que también hay influencias externas, como el clima espacial, que pueden desempeñar un papel importante en la actividad sísmica.

La actividad de las manchas solares

Las manchas solares, regiones de intensa actividad magnética en la superficie del Sol, siguen ciclos de aproximadamente 11 años, alternando entre fases de mínima y máxima actividad solar. Durante los períodos de máximo solar, aumenta la emisión de radiación y se producen fenómenos como tormentas solares y eyecciones de masa coronal, que impactan la magnetosfera terrestre y pueden alterar su equilibrio térmico.

Según el estudio, los terremotos superficiales, aquellos que ocurren en la corteza terrestre a profundidades menores a 70 km, muestran una mayor correlación con la actividad de las manchas solares. Este patrón sugiere que el incremento en la radiación solar y su impacto en la temperatura superficial pueden influir en la dinámica de las placas tectónicas.

La sismología aún no puede predecir con exactitud cuándo y dónde ocurrirá un terremoto, pero entender la influencia solar en la actividad sísmica proporciona una nueva perspectiva sobre los factores que podrían contribuir a su desarrollo.

¿Puede este hallazgo mejorar la predicción de terremotos?

La incorporación de la actividad solar como variable en los modelos sísmicos podría mejorar la precisión en la predicción sísmica. En la actualidad, los sistemas de monitoreo sísmico dependen de datos geológicos y geofísicos, pero la adición de indicadores externos, como la temperatura y los ciclos solares, podría fortalecer los sistemas de alerta temprana.

El estudio liderado por Junqueira ha demostrado que incluir la radiación solar y la temperatura superficial en los modelos predictivos mejora la identificación de patrones sísmicos. Si bien estos factores no son los principales detonantes de los terremotos, su influencia podría ayudar a comprender mejor la actividad sísmica global y reducir el impacto de los desastres naturales en poblaciones vulnerables.