Derrapar con el coche por las dunas del desierto, una pasión saudita

Con un casco en la cabeza, Abdelilah Al Rabea hace un derrape controlado al volante de un potente coche 4x4, levantando una nube de arena en presencia de centenares de personas en unas dunas del desierto de Arabia Saudita.
En cada invierno local, cuando el desierto se pone practicable, los amantes de esta práctica de aventura ponen rumbo hacia Az Zulfi, a más de 200 kilómetros al noroeste de la capital Riad, donde se dan cita pilotos más o menos 'amateurs' con vehículos superpotentes en una zona de dunas abruptas.
"Este deporte es popular en Arabia Saudita y en los países del Golfo porque tenemos estas dunas", explica Rabea, directivo en el sector privado.
"Es un deporte que procura un auténtico subidón de adrenalina", añade antes de precisar que "hace falta un esfuerzo considerable" para alcanzar la cresta de las dunas, con un serio riesgo para los debutantes o más inexpertos de volcar o perder el control del coche.
En Arabia Saudita, primer país exportador de petróleo del mundo, el litro de gasolina cuesta apenas 2,33 riales el litro (0,57 euros o 0,62 dólares), menos que un paquete de pan de molde.
- Práctica extrema -
"Los vehículos que se ven aquí están especialmente equipados" para estas pruebas extremas, explica Rabea mientras los bólidos se lanzan desde una duna de un centenar de metros de alto.
Cerca de los cientos de 4x4 que se alinean hasta que se pierde la vista, un público casi exclusivamente masculino asiste al espectáculo, sentado sobre alfombras y bebiendo té y café.
El ambiente es eléctrico: los motores rugen en mitad del mar de dunas y los aficionados aclaman a los pilotos. Cada coche deja tras de sí un rastro en forma de nube de polvo ocre en suspensión, que se levanta con cada aceleración.
"Esperamos este momento todo el año. Preparamos el motor, el coche, cada detalle... para este momento del año en el que se reúnen las condiciones para ello", dice Rabea.
Al pie de las dunas, vehículos modificados con neumáticos sobredimensionados y motores superpotentes esperan su turno, mientras que sus pilotos, con gesto de concentración, realizan los últimos ajustes antes de desafiar a la gravedad.
Para muchos pilotos, la pasión por el desierto y conducir por las dunas comienza en la infancia.
- Adrenalina disparada -
"Comencé con 15 o 16 años", cuenta Badr Al Ghamas, de 33 años y originario de Al Qassim. "Para algunos, el deporte es el fútbol o la natación. Para nosotros son las dunas", sentencia.
La práctica de estos derrapes no está exenta de peligros. "Una vez hubo un accidente porque el coche no estaba enteramente equipado de dispositivos de protección", cuenta Ahmed Al Roumi, un piloto experimentado. "Afortunadamente, todo terminó bien", apunta.
En su libro "Joyriding in Riyadh" de 2014, el investigador francés Pascal Menoret veía la potencia y la velocidad al volante como una forma de reflejar los valores considerados masculinos en el país.
Tras el paso de los coches, la arena guarda las huellas de las ruedas pero también restos de combustible y aceite.
Pero ante todo prima para los apasionados de estas pruebas el amor por el automovilismo, que pasa de generación en generación.
"He crecido en una granja y siempre he amado las dunas. Ahora traigo aquí a mi hijo y él comparte esta misma pasión", se enorgullece Abdalá al-Amar, mientras los espectadores comienzan a enrollar sus alfombras con la llegada del atardecer.
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