Trabajo que empodera: mujeres bodegueras desafían el machismo, la explotación y la criminalidad
A pesar del machismo, el acoso laboral y las extorsiones, Giselle, Isabel y Denisse lograron crear negocios exitosos que son el sustento de sus familias.
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"En el mercado, en un puesto de 3x3, mi hijo hacía sus tareas al lado mío y en un táper yo calentaba su comida en las señoras que vendían menú, comíamos allí. Después de 10 años, dije 'no' y decido poner un negocio en mi casa", cuenta Giselle, una madre de familia, quien inició vendiendo en las calles y terminó emprendiendo su propio negocio a fin de salir adelante junto con su menor hijo, decisión que reivindica el empoderamiento femenino en el Día Internacional de la Mujer.
Al igual que Giselle, Isabel y Denisse son otras dos mujeres que a lo largo de su vida han tenido que luchar y resistir para enfrentarse al machismo, la explotación laboral y a la criminalidad que no cesa y que las vuelve vulnerables. Tres mujeres de Villa María del Triunfo, Ate y San Juan de Lurigancho, sin distinción de edades ni condiciones, cuentan sus historias de lucha y superación.
"Mi esposo no quería que salga a trabajar"
Con un niño de siete años, Giselle tuvo que enfrentar la separación de su esposo y criar a un pequeño sola. Las actitudes y comentarios machistas que recibía de su pareja se convirtieron en una prohibición para trabajar. "Yo estaba muy atada y dependía mucho de él", cuenta la madre, quien cociendo lentejuelas en polos durante madrugadas lograba juntar a la semana 80 soles para su manutención.
Con el apoyo de una amiga, Giselle pudo ocupar un espacio en el exterior de una casa e instalar una vitrina y colocar su mercadería. Durante dos años laboró así, cuando, desde el mercado, le ofrecieron alquilar un puesto por S/100 al mes. "Con el puesto alquilado, me hice un préstamo en el banco y pude comprar otro que me remató una colega", narra.
Sin embargo, los años pasaban y su hijo se volvía adolescente, por lo que Giselle decidió dejar el mercado y, con las ganancias obtenidas, equipar una bodega en su casa, en donde viene trabajando desde hace nueve años. El negocio de Giselle están en planes de expansión y a lo largo de 15 años en el rubro de las ventas, recuerda con nostalgia sus inicios en el mercado Pachacútec de Villa María del Triunfo.

Giselle es parte de la Asociación de Bodegueros y afirma que su integración le ha abierto muchas puertas dentro y fuera del país. Foto: La República
"Era demasiado abuso (laboral)"
Hace 25 años, la señora Isabel inició como vendedora ambulante luego de renunciar a su trabajo en donde el acoso y hostigamiento era intenso. "Explotaban demasiado, nos maltrataban, teníamos horario de ingreso, más no de salida. Tomé la decisión de retirarme de esa empresa a pesar de que era mi único trabajo", expresa la mujer de 59 años, quien, joven, quedó a cargo de sus hermanos.
Cinco años después, Isabel pudo conseguir un local para ofrecer su mercadería. "Empecé con abarrotes, pero ahora tenemos medicinas, ferretería, juguetería, licorería. No me falta ni una aguja", cuenta la emprendedora. Sin embargo, narra también que entre los momentos más difíciles de su vida fue el enterarse, a los 35 años, que no podía tener hijos: "Mi matrimonio fracasó, pero continué para adelante".
En mayo se cumplirán 20 años desde que Isabel inició vendiendo matamoscas, ganchos de ropa y plásticos en las calles junto con sus hermanos. Ella destaca que fue su fortaleza la que la ayudó a conseguir un local, formalizar y continuar en el rubro, que ha atravesado la pandemia, el desempleo de sus hermanos, la caída del techo de su tiendita y, lo más fuerte: la muerte de su madre.

Isabel cumplirá 20 años como líder de la tienda que implementó en Ate. Foto: La República

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"No hay apoyo de la Policía y del Estado ante la extorsión"
Desde San Juan de Lurigancho, Denisse visiona la ampliación de su tienda que planea convertir en una cadena de bodegas al nivel de Tambo. Sin embargo, la ola de extorsiones y la criminalidad en la capital es un obstáculo muy grande para una emprendedora como ella. "Los clientes quieren venir a tomar una gaseosa, pero vienen delincuentes en moto a robarles", expresa con preocupación.
Ella, al igual que cientos de negociantes, pide ayuda de la Policía y del Estado para endurecer leyes que frenen la ola delincuencial: "Queremos crecer, pero tenemos temor por la delincuencia". Como sustento de su familia, Denisse trabaja en la ampliación de su negocio, enfrentándose a un 'cambio de chip' con nuevas ideas y la competencia en el mercado de un negocio que inició su madre ya fallecida.
La comerciante cuenta que la pandemia de COVID-19 fue el periodo más difícil que tuvieron que pasar, pero la empatía por sus clientes hizo que recurrieran a servicios de delivery, que ahora ve como parte de un modelo de negocio. Desde el 2010, viene luchando por el negocio familiar ubicado a la altura del Mall de San Juan de Lurigancho, que se ha convertido en su principal fuente de ingreso para ella y su familia.

Denisse apunta a convertir su tienda en un market. Foto: La República
Más del 60 % son mujeres
Según datos de la Asociación de Bodegueros del Perú (ABP), de un total de 22.500 socios, el 65% son mujeres. La organización bajo la presidencia de Andrés Choy abarca distritos de Lima Metropolitana y Callao, como las jurisdicciones de Bellavista, Callao, Carmen de La Legua Reynoso, La Perla, La Punta, Ventanilla.
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